Serie:
Concilio Vaticano II: Luz para la Iglesia de hoy
Artículo N.º 32
Dei Verbum – Capítulo III
La inspiración divina y la interpretación de la Sagrada Escritura
«La Biblia es Palabra de Dios expresada con palabras humanas»
«Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para corregir, para educar en la justicia.» (2 Timoteo 3,16)
Millones de personas poseen una Biblia en sus hogares. Sin embargo, no basta con tenerla; es necesario comprender qué es realmente la Sagrada Escritura y cómo debe ser leída.
Algunos consideran la Biblia únicamente como un libro histórico; otros la interpretan según opiniones personales; otros más creen que cada lector puede darle el significado que desee. Frente a estas posturas, la Iglesia enseña que la Sagrada Escritura es verdaderamente Palabra de Dios, escrita por autores humanos inspirados por el Espíritu Santo y confiada a la Iglesia para ser leída, interpretada y vivida correctamente.
El tercer capítulo de Dei Verbum constituye uno de los textos más importantes del Magisterio sobre la naturaleza de la Biblia. Nos recuerda que Dios habla mediante palabras humanas y que la Iglesia, iluminada por el mismo Espíritu Santo que inspiró los libros sagrados, posee la misión de interpretarlos fielmente.
Desde los primeros siglos surgieron interpretaciones contradictorias de la Biblia. Algunas corrientes negaban su inspiración divina; otras la reducían a un conjunto de relatos simbólicos sin valor histórico; otras proponían interpretaciones completamente subjetivas.
Durante los siglos XIX y XX aparecieron nuevos métodos de estudio bíblico que aportaron valiosos instrumentos para comprender el contexto histórico de los textos, pero en ocasiones fueron utilizados para negar su dimensión sobrenatural.
El Concilio Vaticano II asumió lo verdadero de la investigación científica y, al mismo tiempo, reafirmó con claridad la doctrina constante de la Iglesia: la Sagrada Escritura es inspirada por Dios y debe interpretarse dentro de la fe de la Iglesia.
¿Qué significa que la Biblia está inspirada?
La inspiración bíblica significa que Dios es el verdadero autor de la Sagrada Escritura.
Sin embargo, Dios no anuló la personalidad de los escritores sagrados.
Cada autor escribió:
Pero todo ello ocurrió bajo la acción del Espíritu Santo.
Por eso afirma Dei Verbum:
«Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo.»
La inspiración garantiza que cuanto Dios quiso comunicar para nuestra salvación fue transmitido fielmente.
Dios habla con palabras humanas
Una de las enseñanzas más bellas de este capítulo es que Dios quiso adaptarse al modo humano de comunicarse.
Así como el Hijo eterno asumió nuestra naturaleza humana en la Encarnación, también la Palabra de Dios asumió el lenguaje humano para llegar a todos los pueblos.
Por eso encontramos en la Biblia:
Cada género debe interpretarse respetando su naturaleza.
No todo texto pretende comunicar la verdad del mismo modo.
Comprender esto evita interpretaciones equivocadas.
La verdad de la Sagrada Escritura
La Iglesia enseña que los libros inspirados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios quiso consignar para nuestra salvación.
Esta afirmación no significa que la Biblia sea un tratado científico o un manual de historia moderna.
Su finalidad principal es conducir al hombre al conocimiento de Dios y al camino de la salvación.
Toda la Escritura está orientada hacia Cristo.
¿Cómo debe interpretarse la Biblia?
Dei Verbum ofrece tres grandes criterios para interpretar correctamente la Sagrada Escritura.
1. Leerla con el mismo Espíritu con que fue escrita
La Biblia no puede entenderse plenamente sin la fe.
Quien inspiró las Escrituras continúa iluminando hoy a quienes las leen con corazón creyente.
2. Considerar la unidad de toda la Escritura
Aunque fue escrita durante muchos siglos por numerosos autores, toda la Biblia forma un único plan de salvación.
El Antiguo Testamento prepara la venida de Cristo.
El Nuevo Testamento manifiesta su pleno cumplimiento.
Toda la Escritura converge en Jesucristo.
3. Interpretarla dentro de la Tradición viva de la Iglesia
Cristo no dejó la interpretación auténtica de su Palabra al criterio individual.
Confió esa misión a la Iglesia asistida por el Espíritu Santo.
Por eso la interpretación católica siempre tiene presente:
Cristo, centro de toda la Escritura
Toda la Biblia conduce hacia Jesucristo.
Él es:
Leer la Biblia sin descubrir a Cristo es quedarse únicamente en la superficie del texto.
Como enseñó el mismo Señor a los discípulos de Emaús, todas las Escrituras hablan de Él.
La Biblia en la vida del cristiano
El Concilio desea que la Sagrada Escritura vuelva a ocupar un lugar central en la vida de todos los fieles.
La Biblia debe alimentar:
Quien escucha con fidelidad la Palabra de Dios aprende a pensar, juzgar y vivir según el corazón de Cristo.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:
«Dios es el autor de la Sagrada Escritura porque inspira a sus autores humanos; actúa en ellos y por ellos.» (CEC 105-106)
San Jerónimo afirmaba:
«Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo.»
Benedicto XVI recordó que la Palabra de Dios nunca puede separarse de la vida de la Iglesia, porque nació en ella, es proclamada en ella y conduce siempre a la comunión con Cristo.
Este capítulo nos invita a preguntarnos:
La Biblia no fue escrita solamente para ser estudiada.
Fue escrita para ser vivida.
Defensa de la fe
Error frecuente
«Cada persona puede interpretar la Biblia según su propio criterio.»
Respuesta católica
La Iglesia reconoce que todos los fieles están llamados a leer la Sagrada Escritura. Sin embargo, su interpretación auténtica debe realizarse dentro de la fe de la Iglesia, respetando la unidad de toda la Revelación, la Tradición apostólica y el Magisterio. Así se evita convertir la Palabra de Dios en objeto de interpretaciones contradictorias o subjetivas.
Propósito para hoy
Antes de leer un pasaje del Evangelio, invocaré al Espíritu Santo con una breve oración y dedicaré unos minutos a meditar lo que el Señor quiere decirme hoy, procurando comprender su Palabra en comunión con la enseñanza de la Iglesia.
Oración final
Espíritu Santo, autor e inspirador de la Sagrada Escritura, abre mi inteligencia y mi corazón para comprender la Palabra de Dios con fe, humildad y obediencia. Haz que nunca busque en la Biblia mis propias ideas, sino la verdad que Dios ha querido revelarme para mi salvación. Que cada página de la Escritura me conduzca a un encuentro más profundo con Jesucristo, Palabra eterna del Padre, y transforme toda mi vida en un testimonio fiel del Evangelio. Amén.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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