Alegrémonos toso en el Señor, en la festividad de Santa Rosa de Lima, nuestra patrona y protectora que, en premio a su fidelidad a Dios, mereció hoy entrar al cielo para reinar con Cristo eternamente.
Fiesta de Santa Rosa de Lima
Fecha: 30 de agosto
Santa Rosa de Lima, nacida como Isabel Flores de Oliva el 20 de abril de 1586 en Lima, Perú, es la primera santa canonizada del continente americano. Desde una edad temprana, Rosa mostró una profunda devoción por Dios, optando por una vida de oración, sacrificio y penitencia en honor a Cristo. Aunque provenía de una familia noble, decidió vivir en humildad y simplicidad, inspirada por la espiritualidad de Santa Catalina de Siena. Rosa consagró su vida a Dios, se unió a la Tercera Orden de Santo Domingo, y vivió como laica consagrada, sirviendo a los pobres y enfermos. Falleció el 24 de agosto de 1617 y fue canonizada por el Papa Clemente X en 1671.
De la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios 10, 17-11,2
San Pablo nos recuerda que “el que se gloría, que se gloríe en el Señor” (2 Corintios 10,17). En este pasaje, Pablo subraya que la verdadera gloria no reside en nuestras habilidades o logros, sino en el Señor, que obra a través de nosotros. También, Pablo expresa su celo por la pureza de la fe de los Corintios, comparando su labor a la de un padre que prepara a su hija para unirse en matrimonio con Cristo. Esta enseñanza resuena con la vida de Santa Rosa, quien hizo de su vida un testimonio de humildad y devoción a Cristo, glorificando a Dios en todo lo que hacía.
Salmo 148:
El Salmo 148 es un himno de alabanza universal, donde todas las criaturas son convocadas a glorificar a Dios. Este salmo nos recuerda que toda la creación, desde los ángeles hasta los elementos de la naturaleza, proclaman la grandeza de Dios. Santa Rosa vivió esta alabanza a través de su vida de oración y sacrificio, viendo en cada momento una oportunidad para elevar su alma a Dios y rendirle homenaje.
Evangelio según San Mateo 13,44-46
En el Evangelio de Mateo, Jesús narra las parábolas del tesoro escondido y la perla de gran valor, subrayando el valor supremo del Reino de los Cielos. Santa Rosa entendió que el Reino de Dios era el tesoro más valioso, por el cual vale la pena renunciar a todo lo demás. Su vida fue un constante acto de entrega y renuncia, viendo en su sacrificio un medio para poseer el mayor de los tesoros: la unión con Dios.
A la Luz del Magisterio de la Iglesia
La Iglesia nos enseña, a través del Magisterio, que la santidad no es solo para unos pocos elegidos, sino un llamado universal (Lumen Gentium 40). Santa Rosa de Lima es un ejemplo vivo de esta enseñanza, mostrando cómo en la vida ordinaria, a través de actos extraordinarios de amor y sacrificio, todos estamos llamados a alcanzar la santidad. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que “el sacrificio es un acto de virtud” (CIC 2099), y Santa Rosa lo vivió plenamente, ofreciendo su vida como un sacrificio agradable a Dios.
“La verdadera riqueza se encuentra en la entrega total a Dios; como Santa Rosa, busquemos ese tesoro que nada en este mundo puede igualar.”
Que el ejemplo de Santa Rosa nos inspire a vivir con humildad y devoción, encontrando en cada sacrificio una oportunidad para estar más cerca de Dios.
Hoy, toma un momento para reflexionar sobre lo que valoras en tu vida. ¿Qué estarías dispuesto a dejar para ganar el Reino de los Cielos? Ofrece un acto de sacrificio o servicio a alguien necesitado, siguiendo el ejemplo de Santa Rosa, quien en su vida cotidiana encontró maneras de glorificar a Dios a través de pequeños y grandes actos de amor.
Una de las anécdotas más conmovedoras de la vida de Santa Rosa de Lima es su profundo amor por Jesús en la Eucaristía y su relación íntima con Él a través de la oración.
Se cuenta que, un día, mientras Rosa estaba rezando en su humilde habitación, cayó en un profundo estado de contemplación. En medio de su oración, sintió una presencia especial y escuchó una voz suave que le decía: "Rosa de mi corazón, quiero que seas toda mía." Sorprendida y llena de gozo, Rosa comprendió que era Jesús quien le hablaba.
En ese instante, Rosa respondió con todo el amor de su corazón: "Señor, mío, toda tuya soy. Te ofrezco mi vida, mi alma, mi corazón. No quiero nada más que a Ti." Jesús, complacido por su total entrega, le aseguró que su sacrificio y su amor no serían en vano y que Él siempre estaría con ella, fortaleciendo su espíritu y llenándola de su paz.
Desde ese día, Santa Rosa vivió con aún mayor fervor su vida de oración y sacrificio, consciente de que su Amado Jesús estaba siempre a su lado, guiándola y confortándola en cada momento. Esta anécdota no solo muestra la profunda espiritualidad de Santa Rosa, sino también su extraordinaria relación con Cristo, basada en una fe inquebrantable y un amor sin límites.
Permanezcan en mi amor, dice el Señor. El que permanece en mí y yo el él, ese da fruto abundante. Jnn 15, 9.5




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