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MAY
2026

Santa María Bernarda Butler: una mujer que dejó que Cristo guiara su corazón misionero



Santa María Bernarda Butler: una mujer que dejó que Cristo guiara su corazón misionero

Martes 19 de mayo de 2026

La Iglesia celebra hoy con alegría la memoria de Santa María Bernarda Butler, virgen y misionera, una mujer llena de fe, valentía y amor por Jesucristo. Nacida en Suiza en el año 1848, fue fundadora de las Hermanas Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora y dedicó gran parte de su vida al anuncio del Evangelio en América Latina, especialmente en Ecuador y Colombia. Su vida fue un verdadero canto de confianza en Dios, de entrega a los más pobres y de pasión por la misión.

En este tiempo pascual, la figura luminosa de Santa María Bernarda se une providencialmente a la Palabra de Dios que hoy escuchamos. Las lecturas nos hablan de fidelidad, de entrega, de oración y de esperanza. Nos recuerdan que la Iglesia sigue caminando sostenida por Cristo Resucitado y guiada por el Espíritu Santo hacia el futuro.

“No considero mi vida digna de estima con tal de terminar mi carrera”

En la primera lectura, tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles (20, 17-27), escuchamos las emotivas palabras de despedida de san Pablo a los presbíteros de Éfeso. El apóstol abre su corazón y les recuerda cómo ha vivido su ministerio: con humildad, lágrimas, pruebas y total fidelidad al Evangelio.

San Pablo sabe que le esperan dificultades, pero no retrocede. Afirma con firmeza:

“Lo único que me importa es terminar mi carrera y cumplir el ministerio que recibí del Señor Jesús”.

Estas palabras encuentran un eco precioso en la vida de Santa María Bernarda Butler. Ella también dejó su tierra, su comodidad y sus seguridades para anunciar a Cristo en tierras lejanas. Vivió enfermedades, incomprensiones y dificultades, pero jamás perdió la paz ni la confianza en Dios.

La Iglesia necesita hoy hombres y mujeres así: discípulos que no vivan encerrados en el miedo, sino abiertos a la misión. Cristianos capaces de mirar el futuro con esperanza, aun cuando el mundo atraviese incertidumbres.

San Juan Crisóstomo enseñaba que el verdadero discípulo no busca una vida cómoda, sino una vida fecunda para el Reino de Dios. Precisamente eso vivió Santa María Bernarda: una existencia fecunda porque estuvo totalmente unida a Cristo.

“Padre, glorifica a tu Hijo”

El Evangelio de hoy (Juan 17, 1-11a) nos introduce en uno de los momentos más profundos y conmovedores del Evangelio: la oración sacerdotal de Jesús.

Cristo eleva sus ojos al cielo y habla con el Padre. No ora desde la derrota, sino desde la confianza. Está a las puertas de la Pasión, pero sabe que el amor vencerá. Jesús pide por sus discípulos, por la unidad, por la fidelidad y por la perseverancia.

Qué hermoso es contemplar a Jesús orando por nosotros.

En medio de un mundo marcado muchas veces por divisiones, superficialidad y cansancio espiritual, el Señor sigue intercediendo por su Iglesia. Él continúa sosteniendo a quienes anuncian el Evangelio, educan en la fe, sirven a los pobres y trabajan silenciosamente por el Reino de Dios.

Santa María Bernarda entendió profundamente esta dimensión espiritual. Su misión nacía de la oración. No fue simplemente una organizadora o una fundadora eficiente; fue una mujer enamorada de Cristo. Desde la Eucaristía encontraba fuerza para servir, perdonar y comenzar nuevamente.

El Papa León XIV ha recordado recientemente que la Iglesia necesita “discípulos con alma contemplativa y corazón misionero”. Esa combinación fue precisamente una de las grandes riquezas espirituales de Santa María Bernarda Butler.

Una santidad sencilla y cercana

Muchas veces pensamos que la santidad está reservada para personas extraordinarias o lejanas. Sin embargo, los santos nos muestran que la verdadera santidad comienza en las pequeñas fidelidades de cada día.

Santa María Bernarda fue una mujer cercana, sencilla y profundamente humana. Supo escuchar, acompañar, enseñar y consolar. Tenía una especial sensibilidad hacia los niños, los enfermos y las familias más necesitadas.

En una época marcada por tantos desafíos sociales y culturales, ella apostó por la educación, la evangelización y la promoción humana. Comprendió que anunciar el Evangelio también significa sanar heridas, formar corazones y devolver esperanza.

Hoy el mundo necesita nuevamente testigos así. Personas capaces de construir puentes, sembrar paz y recordar que Cristo Resucitado sigue vivo en medio de su pueblo.

 

La misión continúa

Las palabras del Salmo Responsorial resuenan hoy con fuerza:

“Reyes de la tierra, canten al Señor. Aleluya”.

Toda la creación está llamada a reconocer la gloria de Dios. La Pascua no es solamente un recuerdo del pasado; es una fuerza viva que transforma el presente y abre caminos de futuro.

Por eso, el cristiano no puede vivir paralizado por el pesimismo. El Señor sigue actuando. El Espíritu Santo continúa levantando santos, misioneros, familias creyentes, jóvenes generosos y comunidades llenas de vida.

Cada bautizado tiene una misión.

Tal vez no todos iremos a tierras lejanas como Santa María Bernarda Butler, pero todos estamos llamados a evangelizar allí donde vivimos: en la familia, en el trabajo, en la escuela, en los medios de comunicación y en la vida cotidiana.

La santidad comienza cuando dejamos que Cristo ilumine nuestros pensamientos, transforme nuestros sentimientos y guíe nuestras acciones.

Tres mensajes de hoy

  1. La verdadera misión nace de una profunda unión con Jesucristo en la oración y la Eucaristía.
  2. El cristiano no vive dominado por el miedo al futuro, porque Cristo Resucitado sigue guiando a su Iglesia.
  3. La santidad se construye en la fidelidad diaria, en el servicio humilde y en el amor concreto hacia los demás.

Propósito para hoy

Dedicar un momento especial de oración por los misioneros, las religiosas y todos aquellos que anuncian el Evangelio en medio de dificultades, y realizar un gesto concreto de caridad o cercanía hacia una persona necesitada.

Que la intercesión de Santa María Bernarda Butler nos ayude a vivir con alegría nuestra vocación cristiana, a confiar plenamente en la providencia de Dios y a caminar siempre con esperanza hacia el futuro, sostenidos por Cristo Resucitado.


Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.

 


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