10
FEB
2026

Santa Escolástica: cuando Dios habita en el corazón que ora



Martes 10 de febrero de 2026
Santa Escolástica, virgen
Quinta semana del Tiempo Ordinario

Santa Escolástica: cuando Dios habita en el corazón que ora

En este martes de la quinta semana del Tiempo Ordinario, la Iglesia nos concede la gracia de celebrar la memoria de Santa Escolástica, mujer de fe profunda, hermana espiritual de San Benito, y testigo luminoso de una vida centrada totalmente en Dios. Su memoria ilumina de modo especial la Palabra que hoy escuchamos y nos invita a mirar el futuro con esperanza, desde una fe auténtica que brota del corazón y se traduce en vida.

Las lecturas de hoy nos colocan ante una pregunta decisiva: ¿dónde habita verdaderamente Dios y cómo nos acercamos a Él? La respuesta no es teórica ni ritualista, sino profundamente existencial y espiritual.

El Primer Libro de los Reyes nos presenta la oración de Salomón en la dedicación del Templo. El rey, con admirable humildad teológica, reconoce que “los cielos y los cielos de los cielos no pueden contener a Dios”. Sin embargo, confía en que el Señor incline su oído hacia la oración de su pueblo. Esta página bíblica es una verdadera catequesis sobre la trascendencia y la cercanía de Dios: Él no se deja encerrar en muros, pero libremente se hace presente para escuchar, perdonar y acompañar. La oración sincera abre el espacio donde Dios quiere habitar.

El Salmo responsorial retoma esta experiencia con un canto lleno de ternura y deseo: “¡Qué agradable, Señor, es tu morada!”. No se trata solo del templo material, sino del anhelo del corazón humano por vivir en comunión con Dios. El salmista expresa la alegría del que ha descubierto que la verdadera felicidad no está en la posesión ni en el poder, sino en permanecer cerca del Señor. Este salmo nos recuerda que la vida cristiana no es una carga, sino un camino de belleza, descanso interior y plenitud.

El Evangelio según san Marcos introduce una llamada exigente y liberadora. Jesús denuncia con claridad el peligro de una religiosidad reducida a tradiciones externas que olvidan el mandamiento de Dios. No rechaza la tradición auténtica, sino su deformación cuando se convierte en excusa para evitar la conversión del corazón. El Señor nos advierte: se puede cumplir externamente y, sin embargo, estar lejos de Dios. La fe verdadera nace del interior, de un corazón que escucha, ama y se deja transformar.

Aquí la figura de Santa Escolástica se vuelve especialmente elocuente. La tradición monástica la recuerda como una mujer profundamente orante, capaz de poner el amor por Dios y por los hermanos por encima de todo. El célebre episodio narrado por san Gregorio Magno, en el que su oración obtiene lo que la rigidez de su hermano no concedía, no es una anécdota piadosa, sino una enseñanza espiritual: Dios escucha con especial atención al corazón que ama. No fue desobediencia, sino una obediencia más profunda al amor de Dios.

Santa Escolástica nos muestra que la verdadera tradición es la que mantiene vivo el espíritu del Evangelio. Su vida fue una morada agradable para Dios, no por estructuras externas, sino por la humildad, la perseverancia en la oración y la caridad sincera. En ella se cumple lo que hoy proclama la Palabra: Dios habita donde se le abre el corazón.

Para nuestra comunidad parroquial, esta celebración es una invitación clara y esperanzadora. En un mundo marcado por la prisa, la superficialidad y el cansancio espiritual, el Señor nos llama a redescubrir el valor del silencio, de la oración fiel, de una fe coherente que una lo que creemos con lo que vivimos. El futuro de la Iglesia no se construye desde la apariencia, sino desde corazones convertidos, comunidades que oran y creyentes que viven con autenticidad.

Que Santa Escolástica interceda por nosotros para que nuestra parroquia sea verdaderamente casa de oración, escuela de fe sincera y espacio donde Dios se sienta acogido. Que aprendamos a custodiar la Tradición viva de la Iglesia, no como peso, sino como camino de vida. Y que, mirando hacia adelante, caminemos con esperanza, sabiendo que Dios sigue escuchando, sigue habitando entre nosotros y sigue haciendo nuevas todas las cosas.

Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.


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