Sábado 22 de noviembre de 2025 – Santa Cecilia, Virgen y Mártir
Semana XXXIII del Tiempo Ordinario – Jubileo de los Coros y Corales
Santa Cecilia: La música que eleva el alma y la esperanza del Pueblo de Dios
La liturgia de este sábado nos invita a mirar la historia con realismo, pero también con la esperanza firme que nace del Evangelio. Hoy celebramos a Santa Cecilia, patrona de la música sagrada, y vivimos el Jubileo de los Coros y Corales, un día que resalta la belleza del canto como camino hacia Dios. La Palabra ilumina esta fiesta desde tres ángulos distintos: la humildad de un rey que reconoce su error, la alabanza como fuerza espiritual y la certeza de que Dios es Dios de vivos.
1. La caída de un rey y la verdad que libera
(Primer Libro de los Macabeos 6, 1-13)
El texto muestra a Antíoco IV, un rey poderoso que al final de su vida comprende demasiado tarde la fragilidad de sus decisiones. La enfermedad lo obliga a mirar atrás y a reconocer su soberbia, su injusticia y el daño causado al pueblo de Dios. No se trata de una escena de condena, sino de una enseñanza profunda: todo corazón humano, incluso el más endurecido, puede llegar a descubrir que sin Dios no hay verdadero poder ni verdadera paz.
La Tradición nos enseña que la conversión es, ante todo, gracia. Los Padres de la Iglesia señalaban que cuando un alma reconoce su error, ya empieza a caminar hacia la luz. Y aunque Antíoco no llega a la plenitud del arrepentimiento bíblico, su despertar interior nos recuerda que ningún camino está cerrado para quien abre los ojos a la verdad.
En tiempos donde la soberbia parece imponerse en tantos espacios —políticos, sociales, laborales e incluso espirituales—, este pasaje nos invita a cultivar un corazón humilde, capaz de reconocer límites y pedir luz. La Iglesia nos enseña que la humildad no es debilidad: es lucidez. Es saber quiénes somos ante Dios.
2. La alabanza que sostiene y levanta
(Salmo 9 – “Cantemos al Señor, nuestro salvador”)
El salmista nos invita a cantar. No es casual que este salmo aparezca hoy, precisamente en la memoria de Santa Cecilia y en el Jubileo de los Coros. La alabanza es más que música: es un acto de fe. Cuando cantamos, levantamos el corazón y afirmamos que el Señor reina incluso en medio de las pruebas.
El salmo proclama que Dios escucha al oprimido, sostiene al pobre y derrota a las fuerzas de la injusticia. Por eso “cantar” no es solo un gesto litúrgico: es un acto de resistencia espiritual. La música cristiana ha sido, a lo largo de los siglos, un refugio para el alma y un puente hacia Dios. Lo decía san Agustín: “El que canta, ora dos veces.” Y no solo ora: sana, consuela, fortalece.
En el contexto del Jubileo, el salmo nos recuerda algo importante: nuestros coros parroquiales no son “acompañamiento musical”, sino ministerios de consuelo, de evangelización y de belleza. Son manos que elevan al pueblo de Dios hacia la esperanza.
3. Dios no es de muertos, sino de vivos
(Evangelio según san Lucas 20, 27-40)
Los saduceos se acercan a Jesús con una pregunta en apariencia teológica, pero en el fondo burlona: la cuestión de la mujer con siete maridos en la resurrección. Jesús no se enreda en discusiones vacías. Responde desde el corazón del Evangelio: la vida futura no es una copia de la vida presente. Es vida plena, vida transformada, vida en Dios.
La afirmación final de Jesús es deslumbrante: “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven.” Esta frase resume la fuerza de nuestra fe. El cristiano no cree en un final oscuro, sino en un futuro lleno de luz. Cada persona está llamada a participar de la vida eterna, donde no hay dolores, miedos ni rupturas, sino comunión y plenitud.
Esta verdad ilumina el presente. Si Dios es Dios de vivos, entonces nuestra misión es trabajar por la vida: la vida física, espiritual, familiar, comunitaria. Defender la vida es defender a Dios mismo.
4. Santa Cecilia: música que vence el miedo y canta la esperanza
Cecilia vivió en un mundo donde confesar a Cristo podía costar la vida. Y, aun así, la tradición cuenta que cantaba a Dios en su corazón mientras era perseguida. Su música no era espectáculo; era fe. Su voz interior vencía el miedo porque estaba unida a la esperanza del Evangelio.
Ella nos enseña tres caminos:
•
El canto como testimonio: la música cristiana no entretiene, ilumina.
• La belleza como evangelización: lo bello abre el alma al misterio.
• La fidelidad como melodía: incluso en la prueba, se puede cantar.
El Jubileo de los Coros y Corales es una ocasión preciosa para agradecer a quienes cada semana prestan su voz, su tiempo y su arte para que la comunidad pueda rezar mejor. Su servicio es un acto pastoral que llega donde las palabras no alcanzan.
La Palabra de Dios nos conduce hoy a reconocer que la soberbia destruye y la humildad salva; que la alabanza fortalece el alma cuando todo parece difícil; y que la vida eterna no es teoría, sino promesa firme que sostiene nuestro presente. Santa Cecilia nos anima a vivir con un corazón que canta incluso en los días oscuros, porque el futuro pertenece a quienes confían en Dios.
Que esta jornada fortalezca nuestra fe. Que renueve el espíritu de nuestros coros y músicos. Que despierte en cada bautizado un canto nuevo, capaz de anunciar que Dios sigue haciendo maravillas. La esperanza se vuelve melodía cuando el corazón aprende a mirar hacia adelante.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial
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