Martes
25 de noviembre de 2025
Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir. La sabiduría que permanece
cuando todo se derrumba
La liturgia de hoy nos conduce por un sendero donde la sabiduría, la fidelidad y la fortaleza interior se vuelven claves para caminar en un mundo lleno de incertidumbres. Y la figura luminosa de Santa Catalina de Alejandría —joven, brillante, valiente— nos acompaña como faro en esta jornada.
1. Un sueño que revela el verdadero poder (Daniel 2, 31-45)
El profeta Daniel interpreta para el rey Nabucodonosor un sueño que, en su lenguaje simbólico, describe el choque entre los poderes del mundo y el Reino eterno de Dios. La estatua gigantesca hecha de diversos materiales representa imperios que pasan, poderes que se desgastan, estructuras humanas que un día parecen invencibles y al siguiente se desmoronan.
Y, sin embargo, una piedra “no cortada por mano humana” —símbolo del Mesías, de la acción divina que no depende de cálculos ni estrategias humanas— derriba aquello que parecía definitivo. Aquí nace una certeza que sostiene toda la historia de la salvación: lo que viene de Dios permanece, lo que se edifica sin Él se agota.
La fe cristiana no nos invita a despreciar la historia ni la cultura, sino a leerlas con sabiduría. A descubrir que solo el amor, la justicia y la verdad —lo que Dios siembra— tienen destino eterno. Toda realidad que se sostiene únicamente en el poder, el prestigio o el miedo termina como polvo arrastrado por el viento.
2. Un canto que sostiene el alma (Daniel 3)
El cántico del horno encendido es uno de los himnos más hermosos de la Biblia. En él, los tres jóvenes —Ananías, Misael y Azarías— bendicen a Dios desde el fuego. No bendicen cuando todo va bien, sino cuando están dentro de la prueba.
Esa actitud revela un punto esencial de la espiritualidad bíblica: quien conoce al Señor no se deja aplastar por el fuego; descubre en él un lugar donde Dios se manifiesta. Bendecir a Dios “siempre” es un acto profundamente liberador: me recuerda que no estoy solo, que la fidelidad de Dios me precede, me sostiene y me acompaña incluso donde parecería imposible.
Este salmo es un entrenamiento del corazón para la esperanza. La verdadera fe no necesita que desaparezcan las dificultades para cantar; encuentra en ellas un modo nuevo de confiar.
3. Cuando todo parece tambalear (Lucas 21, 5-11)
En el Evangelio, Jesús contempla el templo de Jerusalén, admirado por sus contemporáneos, y anuncia su destrucción. Lo que parecía sólido, espléndido, eterno, terminaría derrumbándose. Es una advertencia que relativiza lo aparente y abre espacio a lo esencial.
Jesús no siembra miedo; educa la mirada. Habrá guerras, crisis, terremotos, confusiones… pero ninguna de estas cosas tiene la última palabra. El Hijo del Hombre no invita a la angustia, sino a la vigilancia segura: la historia está en manos de Dios, no en manos del caos.
Lo decisivo es permanecer firmes, con un corazón no turbado, confiando en que el Reino avanza incluso cuando parezca escondido.
4. Santa Catalina de Alejandría: la sabiduría que vence
En este marco aparece la figura extraordinaria de Santa Catalina. Hija de la escuela cristiana de Alejandría, mujer culta, apasionada por la verdad y la justicia. En tiempos donde el cristianismo era perseguido, Catalina no se escondió ni calló. Dialogó con sabios, defendió la fe frente a quienes la ridiculizaban, y entregó su vida con una libertad sorprendente.
Su martirio no es derrota; es victoria. Ella no venció por la fuerza, sino con la claridad de la razón iluminada por la fe. Su vida recuerda que la verdad no necesita violencia para afirmarse, porque la luz simplemente se impone por ser luz.
Santa Catalina es una patrona necesaria para nuestros tiempos: jóvenes rodeados de ideologías confusas, cristianos que buscan coherencia en medio de la presión cultural, familias que necesitan criterios sólidos… Ella nos enseña que pensar bien, creer bien y amar bien forman un único camino.
5. Permanecer firmes en lo que permanece
La Palabra de hoy entrega un mensaje sencillo y profundo:
Todo
lo que se apoya solo en la fuerza humana se derrumba.
Todo lo que se apoya en Dios permanece.
En un mundo donde las estructuras cambian, donde las seguridades tiemblan, donde la incertidumbre parece reinar, la fe nos invita a mantener la mirada en lo que no pasa. Cristo es la piedra viva que sostiene la historia. Su Reino no se impone con ruido, sino con verdad, misericordia y santidad de vida.
Santa Catalina nos lo recuerda con su ejemplo: una fe viva, inteligente, valiente, capaz de dialogar sin perder identidad, capaz de entregar la vida antes que traicionar la propia conciencia.
Pensar que solo el Reino de Dios es sólido nos libera de poner el corazón en lo frágil; sentir la serenidad de sabernos sostenidos incluso en tiempos inciertos nos abre a la esperanza; y actuar como testigos firmes —como Catalina— nos impulsa a vivir la fe con valentía, a bendecir a Dios en toda circunstancia y a construir, con gestos concretos, un futuro donde la luz vence a la oscuridad.
Hoy, como Daniel, como los jóvenes del horno, como Santa Catalina, nuestra parroquia está llamada a ser signo de esperanza: sólida, luminosa y confiada en el Dios que nunca pasa.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
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