16
MAY
2026

San Ubaldo: discípulos que anuncian con esperanza y confianza en Cristo



San Ubaldo: discípulos que anuncian con esperanza y confianza en Cristo

Sábado 16 de mayo de 2026

La Iglesia continúa avanzando en el tiempo pascual sostenida por la fuerza del Espíritu Santo. Cada día de Pascua es una invitación a mirar hacia adelante con esperanza, a renovar la fe y a comprender que Jesucristo resucitado sigue guiando a su pueblo. En este sábado 16 de mayo de 2026, la liturgia nos regala la memoria de San Ubaldo, pastor humilde y valiente, cuya vida estuvo marcada por la caridad, la paz y la firmeza en medio de las dificultades.

Las lecturas de hoy nos presentan una Iglesia en camino, una comunidad que evangeliza, corrige con paciencia, enseña con amor y aprende a confiar plenamente en el Señor. En un mundo marcado muchas veces por la incertidumbre, el miedo y la confusión, la Palabra de Dios nos recuerda que Cristo nunca abandona a quienes permanecen unidos a Él.

San Ubaldo: un pastor de paz y firmeza

San Ubaldo nació en Italia, en el siglo XI, y fue obispo de Gubbio. Vivió en tiempos difíciles para la Iglesia y para la sociedad, marcados por conflictos políticos y divisiones. Sin embargo, respondió con la mansedumbre del Evangelio, la austeridad de vida y una profunda confianza en Dios.

Fue un hombre de oración, cercano a los pobres y defensor de la unidad de la Iglesia. Su autoridad no nacía del poder humano, sino de la coherencia de su vida. San Ubaldo comprendió que el verdadero pastor no domina, sino que sirve; no divide, sino que une; no se busca a sí mismo, sino que conduce a todos hacia Cristo.

Hoy su testimonio sigue hablando a nuestra realidad. También nosotros necesitamos hombres y mujeres capaces de sembrar paz, de escuchar, de reconciliar y de vivir con esperanza aun en medio de las pruebas.

Apolo: un corazón dispuesto a aprender

La primera lectura, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta la figura de Apolo. Era un hombre elocuente, conocedor de las Escrituras y lleno de fervor espiritual. Sin embargo, todavía necesitaba profundizar más en la fe cristiana. Entonces aparecen Priscila y Aquila, quienes con humildad y paciencia le explican con mayor claridad el camino del Señor.

Este pasaje revela una gran enseñanza para la Iglesia de todos los tiempos: nadie termina de aprender en la vida espiritual. El verdadero discípulo nunca se encierra en el orgullo intelectual ni en la autosuficiencia. La fe madura cuando existe apertura para dejarse formar.

Apolo tenía talento, conocimiento y entusiasmo, pero necesitaba comunión eclesial. Y cuando permitió que Dios actuara a través de otros, se convirtió en un gran evangelizador.

Cuántas veces el Espíritu Santo desea llevarnos más lejos, pero el orgullo impide crecer. La humildad abre caminos nuevos. La Iglesia necesita cristianos preparados, sí, pero también dóciles al Espíritu Santo, capaces de escuchar y caminar juntos.

“Pidan y recibirán”

En el Evangelio según san Juan, Jesús pronuncia palabras llenas de consuelo y esperanza:

“Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa”.

Cristo revela la confianza filial que debe existir entre el creyente y el Padre. Jesús no presenta a Dios como alguien lejano o indiferente, sino como un Padre que escucha, ama y acompaña.

El Señor invita a la oración perseverante. No a una oración mágica o egoísta, sino a una relación viva y confiada con Dios. Quien reza con fe descubre que nunca está solo.

Vivimos tiempos donde muchas personas sienten ansiedad por el futuro, miedo por las crisis económicas, preocupación por la familia, la salud o la violencia. Frente a todo ello, Jesús nos recuerda hoy: “Pidan”. La oración no elimina automáticamente las dificultades, pero transforma el corazón y fortalece la esperanza.

La alegría completa de la que habla Cristo nace de saberse amado por el Padre.

Dios sigue conduciendo la historia

El Salmo responsorial proclama con fuerza:

“Dios es el Rey del universo. Aleluya”.

Esta afirmación tiene una enorme actualidad. Muchas veces pareciera que el mal tiene la última palabra, que la mentira domina o que la fe pierde espacio en el mundo moderno. Sin embargo, la liturgia nos recuerda que la historia sigue en manos de Dios.

Cristo resucitado continúa guiando a su Iglesia. El Espíritu Santo sigue suscitando evangelizadores. La verdad del Evangelio continúa transformando corazones. La esperanza cristiana no es ingenuidad; es la certeza de que Dios nunca abandona a su pueblo.

Por eso la Iglesia no puede encerrarse en el pesimismo. Estamos llamados a anunciar esperanza, especialmente a los jóvenes, a las familias heridas, a los enfermos, a los migrantes, a quienes se sienten cansados espiritualmente y a quienes han perdido el sentido de la vida.

La misión de evangelizar hoy

Las lecturas de hoy nos recuerdan que evangelizar no consiste solamente en transmitir ideas religiosas. Evangelizar es ayudar a las personas a encontrarse verdaderamente con Jesucristo.

Apolo evangelizaba con fervor. San Ubaldo evangelizaba con su testimonio de vida. Jesús evangeliza revelándonos el amor del Padre.

Hoy la Iglesia necesita discípulos misioneros que sepan anunciar el Evangelio en las redes sociales, en las escuelas, en las familias, en los ambientes de trabajo y en las comunidades. Personas capaces de hablar de Cristo con claridad, pero también con caridad.

No basta lamentarse por la pérdida de valores. Es necesario formar, acompañar, escuchar y testimoniar. El mundo tiene sed de Dios, aunque muchas veces no lo exprese abiertamente.

Tres mensajes de hoy

  1. La humildad permite crecer espiritualmente y dejarnos formar por Dios.
  2. La oración confiada abre el corazón a la alegría verdadera que viene del Padre.
  3. Cristo resucitado sigue guiando a su Iglesia y nunca abandona a quienes esperan en Él.

Propósito para hoy

Dedicar un momento concreto del día para hacer una oración confiada al Padre, presentándole una preocupación personal o familiar, y pedir la gracia de crecer en humildad y disponibilidad al Espíritu Santo.

 

Hoy la Palabra de Dios nos invita a pensar que nadie puede caminar solo en la vida cristiana, a sentir confianza profunda en el amor providente del Padre y a actuar convirtiéndonos en discípulos humildes, alegres y esperanzadores que anuncien a Cristo con la palabra y con la vida.

“Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.” (Jn 16, 24)


Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.

 


Escribir un comentario

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas.

Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared

Aviso legal | Política de privacidad | Política de cookies