Bendita eres tú, Virgen María, por obra de Dios altísimo, sobre todas las mujeres de la tierra; porque tu nombre ha sido engrandecido para que la boca de los hombres no cese de alabarte Jdt 13,18-19
San Roque y el Poder Transformador de la Conversión: Un Corazón Puro para Heredar el Reino de Dios
En la memoria de San Roque, un santo reconocido por su dedicación a los enfermos y a los pobres, reflexionamos sobre las lecturas del día: Ezequiel 18, 1-10.13b.30-32 y el Evangelio de Mateo 19, 13-15. A través de estas Escrituras, se nos invita a profundizar en la justicia y la misericordia de Dios, así como en la importancia de acoger a los más pequeños en la comunidad de fe.
Ezequiel 18, 1-10.13b.30-32: Responsabilidad Personal y Conversión
En este pasaje del libro del Profeta Ezequiel, Dios dirige su palabra al pueblo de Israel para corregir un malentendido prevalente: la creencia de que los hijos pagarían por los pecados de sus padres. El Señor deja claro que cada persona es responsable de sus propios actos. "El que peque, ese morirá" (Ez 18,4). Dios llama a cada individuo a la conversión personal, a dejar atrás el pecado y a vivir según sus mandamientos. La centralidad de este mensaje radica en la justicia divina, que no se basa en la herencia de la culpa, sino en la responsabilidad personal y en la oportunidad siempre presente de la conversión. "Conviértanse y vivirán" (Ez 18,32), es la promesa de Dios, que no se deleita en la muerte del pecador, sino que desea que todos se salven.
Mateo 19, 13-15: La Importancia de los Niños en el Reino de los Cielos
En el Evangelio según San Mateo, Jesús muestra un ejemplo contundente de su amor y preocupación por los más pequeños. Mientras los discípulos intentan alejar a los niños, Jesús los reprende y dice: "Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos" (Mt 19,14). Aquí, Jesús no solo valora a los niños, sino que los pone como modelo de aquellos que heredarán el Reino de Dios. Su inocencia, humildad y dependencia son cualidades que deben imitarse para entrar en el Reino de los Cielos.
La Iglesia Católica, a través de su Magisterio, nos enseña que cada persona, creada a imagen y semejanza de Dios, tiene una dignidad inherente y es llamada a una relación personal con Él. Esta relación se fortalece mediante la conversión continua, tal como lo expone Ezequiel. La **Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 1431)** nos recuerda que la conversión es "una vuelta total y sincera a Dios, que implica el dolor por el pecado cometido, el propósito firme de no volver a pecar, la confianza en la misericordia divina y la colaboración con la gracia de Dios".
Asimismo, el respeto y la valoración de los niños, como lo enseña Jesús en el Evangelio de Mateo, son fundamentales en la doctrina de la Iglesia. Los niños no solo son miembros plenos de la Iglesia, sino que su pureza y sencillez nos enseñan cómo debemos acercarnos a Dios. La **CIC 1251** señala que los padres son los primeros responsables de la educación de la fe de sus hijos y deben buscar introducirlos desde una edad temprana en los misterios de la fe cristiana.
"Dios nos llama a cada uno de nosotros a la conversión personal y nos invita a vivir con un corazón puro y dispuesto, como el de los niños, para poder heredar el Reino de los Cielos."
Siente la misericordia infinita de Dios que, a pesar de nuestras faltas, siempre nos ofrece una nueva oportunidad para volver a Él y vivir según su justicia.
Acoge a los más pequeños con amor y respétalos como miembros del Cuerpo de Cristo. Reflexiona sobre tu propia vida y haz un examen de conciencia para identificar aquellas áreas donde necesitas conversión. Recurre a los sacramentos, especialmente la Confesión, para recibir la gracia que necesitas para caminar hacia la santidad.
En esta memoria de San Roque, pidamos su intercesión para que nos ayude a vivir con compasión hacia los necesitados y con un corazón abierto a la conversión diaria. Que San Roque, que dedicó su vida a servir a los enfermos, nos inspire a ser instrumentos de la misericordia divina en nuestro mundo.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. Mt 11,25



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