03
NOV
2025

San Martín de Porres: el santo de la escoba y del amor sin fronteras



San Martín de Porres: el santo de la escoba y del amor sin fronteras

San Martín de Porres, conocido cariñosamente como “Fray Escoba”, nació en Lima, Perú, el 9 de diciembre de 1579. Era hijo natural de don Juan de Porres, noble español oriundo de Burgos, caballero de la Orden de Alcántara, y de doña Ana Velázquez, una mujer afrodescendiente libre nacida en Panamá, que se había establecido en Lima. Su origen mestizo marcó su infancia con el dolor de la discriminación, pero también con una profunda sensibilidad hacia el sufrimiento de los más pobres y marginados. A pesar de las dificultades, San Martín aprendió desde pequeño que la verdadera grandeza no está en el color de la piel ni en los títulos, sino en el amor con que se sirve a Dios y al prójimo.

Desde joven ingresó como donado en el convento dominico del Rosario de Lima, donde fue barbero, enfermero, cocinero, sacristán y portero. Jamás pidió privilegios, y con una sonrisa servía a todos —ricos o pobres, enfermos o sanos— como si sirviera al mismo Cristo. Su fama de caridad se extendió rápidamente: cuidaba enfermos abandonados, curaba heridas con remedios naturales, fundó un refugio para huérfanos y no temía atender a los más contagiosos. Su amor no conocía fronteras: alimentaba a los animales, consolaba a los tristes y repartía lo poco que tenía con alegría. En todo veía reflejado el rostro de Jesús.

Su vida fue un canto a la misericordia. Oraba largamente, muchas veces en silencio, ante el Santísimo Sacramento. Su unión con Dios le dio dones extraordinarios: bilocaciones, curaciones milagrosas y discernimiento de los corazones. Pero su verdadera grandeza no estuvo en los milagros, sino en la manera en que vivió el Evangelio desde lo pequeño. Enseñó que la santidad no requiere grandes obras, sino amor grande en cada obra. Murió el 3 de noviembre de 1639, dejando un legado inmenso de humildad, caridad y reconciliación entre razas y clases sociales.

En Panamá, la memoria de San Martín de Porres se celebra de manera obligatoria porque su testimonio tiene un profundo significado en la historia y en la fe de nuestro pueblo. Su madre, panameña, representa un vínculo de sangre y de espíritu con nuestra tierra. Por eso, celebrar su memoria no es solo recordar su santidad, sino reconocer que una parte de Panamá está presente en su vida y en su ejemplo. San Martín encarna los valores que nos identifican como nación: la fraternidad entre culturas, la dignidad de cada persona y la solidaridad que vence toda exclusión. Su devoción se arraigó desde el siglo XIX, y hoy continúa viva en hospitales, escuelas, comunidades y parroquias que llevan su nombre, donde se le venera como patrono de la justicia social y de la unidad entre los pueblos.

San Martín de Porres nos deja tres grandes lecciones para la vida:

  1. Servir con alegría: ningún trabajo es insignificante cuando se hace por amor. La escoba que él sostenía se volvió símbolo de su santidad, recordándonos que lo ordinario puede ser extraordinario cuando se ofrece a Dios.
  2. Amar sin excluir: en un mundo donde todavía existen prejuicios y divisiones, su testimonio nos invita a mirar al otro como hermano, sin distinción de color, riqueza o cultura.
  3. Vivir en humildad: quien se hace pequeño ante Dios se vuelve grande ante los hombres. La humildad de San Martín fue su fuerza y su camino hacia la paz interior.

Aprender de San Martín de Porres significa educar el corazón para la vida. En la escuela, en la familia, en el trabajo o en la comunidad, podemos imitar su ejemplo siendo solidarios, pacientes, alegres y compasivos. Él nos enseña que el amor auténtico no se mide por palabras, sino por obras silenciosas de servicio.

Que su vida inspire a los jóvenes a ser generosos, a los adultos a servir con sencillez, y a todos nosotros a hacer del Evangelio una práctica cotidiana. San Martín de Porres nos recuerda que el cielo comienza aquí, cuando vivimos la caridad con alegría y vemos en cada persona un hijo amado de Dios


La misericordia de Dios no excluye a nadie; todos somos alcanzados por su amor que transforma y salva. Dejemos que el ejemplo de San Martín de Porres despierte en nuestro corazón un amor humilde, alegre y servicial, capaz de ver en cada persona el rostro de Cristo. Y hagamos hoy una obra de caridad sin esperar recompensa: escuchemos, ayudemos, compartamos o reconciliemos, para que la misericordia que hemos recibido se convierta en bendición para otros.

Oración breve:
Señor Jesús, que diste a San Martín de Porres un corazón humilde y generoso, haz que aprendamos de su ejemplo a servir con amor, a perdonar sin límites y a trabajar por la unidad de todos tus hijos. Amén.

 

Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario Parroquial.


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