23
OCT
2025

San Juan de Capistrano: Predicador ardiente y defensor de la fe



San Juan de Capistrano: Predicador ardiente y defensor de la fe

Memoria litúrgica – 23 de octubre

San Juan de Capistrano (1386–1456) fue un hombre de fuego, de palabra encendida y de corazón misionero. Su vida es un testimonio de cómo la gracia de Dios puede transformar el talento humano en instrumento de evangelización y santidad. Nacido en Capistrano, Italia, fue abogado y juez antes de ingresar en la Orden Franciscana, donde halló el sentido profundo de su vida: anunciar a Cristo con pasión y fidelidad. En tiempos de confusión doctrinal y decadencia moral, San Juan fue un faro de claridad, un predicador incansable que llevó el Evangelio por toda Europa con el ardor de los profetas y la humildad de los santos.

San Juan de Capistrano comprendió que la verdadera reforma de la Iglesia comienza en el corazón del creyente. En sus predicaciones, llamaba a la conversión, a la pureza y al testimonio coherente de vida. “Quita de vuestras vidas la inmundicia y la impureza del vicio; vuestras vidas rectas deben haceros sal de la tierra para vosotros mismos y para los demás”, exhortaba. No se trataba solo de evitar el mal, sino de ser luz viva que ilumina a otros, transformando los ambientes con el testimonio cristiano.

Predicó en plazas, templos y campos abiertos, atrayendo multitudes con su elocuencia y santidad. Sus palabras, impregnadas de fe y caridad, buscaban formar discípulos auténticos, conscientes de su responsabilidad en la Iglesia. Decía también: “Los que han sido llamados a la mesa del Señor deben resplandecer con el brillo que brota del buen ejemplo de una vida loable e irreprochable. Deben aprender de vuestro eminentísimo Maestro, Jesucristo… Por el resplandor de su santidad hagan luz y serenidad a todos los que los miran.” Estas líneas revelan el corazón de su espiritualidad: el cristiano debe ser reflejo de Cristo, luz que disipa las tinieblas del egoísmo y la indiferencia.

Su amor a la verdad lo llevó a ser un firme defensor de la doctrina católica frente a herejías y divisiones. Con valentía, escribió: “Los presbíteros que nacen para liderar merecen doble honor, sobre todo aquellos que trabajan en predicar y enseñar… Han sido puestos aquí para cuidar de los otros. Sus propias vidas deben ser ejemplo para los demás, mostrando cómo deben vivir en la casa del Señor.” Estas palabras, tomadas de una de sus exhortaciones, revelan su profundo sentido de responsabilidad pastoral y su conciencia de la misión del sacerdote como guía, ejemplo y servidor.

San Juan de Capistrano murió en 1456, en Ilok (actual Croacia), después de una vida entregada a la misión. El Papa León XIII lo canonizó en 1690, y lo proclamó patrono de los capellanes militares, en reconocimiento a su papel como mediador de paz y defensor de la fe.

En este mes del Santo Rosario y de las Misiones, su figura nos recuerda que la fe no se vive en silencio ni se encierra en los templos: se proclama, se defiende y se comparte con alegría. Que su ejemplo nos impulse a vivir como auténticos misioneros del Evangelio, anunciando con la palabra y con la vida que Cristo es nuestra salvación.

Oración final: Señor, que diste a San Juan de Capistrano un espíritu ardiente para anunciar tu Evangelio y fortalecer la fe de tu Iglesia, concédenos ser testigos valientes de tu amor y constructores de unidad y esperanza en nuestro tiempo. Amén.

Fuentes bibliográficas consultadas:

 

Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.


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