San Bernardino de Siena: custodios del rebaño, consagrados en la verdad y enviados con esperanza
Miércoles 20 de mayo de 2026
La Iglesia continúa caminando en la alegría del Tiempo Pascual, avanzando hacia Pentecostés con el corazón abierto a la acción del Espíritu Santo. En este miércoles 20 de mayo celebramos la memoria de San Bernardino de Siena, gran predicador popular, hombre de paz, evangelizador de las ciudades y anunciador incansable del santo nombre de Jesús.
Su vida estuvo marcada por el ardor misionero, la cercanía con el pueblo, la búsqueda de reconciliación entre familias y comunidades enfrentadas, y una profunda pasión por anunciar a Cristo con claridad y amor. San Bernardino comprendió que el Evangelio no es una idea del pasado, sino una fuerza viva capaz de transformar el corazón humano y renovar la sociedad.
Las lecturas de hoy nos invitan precisamente a mirar el futuro con responsabilidad, fidelidad y esperanza. El Señor llama a su Iglesia a cuidar el rebaño, permanecer en la verdad y vivir en el mundo sin dejarse contaminar por el espíritu del mundo.
“Tengan cuidado de ustedes y de todo el rebaño”
La responsabilidad espiritual según los Hechos de los Apóstoles
En la primera lectura, tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 20, 28-38), san Pablo se despide de los presbíteros de Éfeso con palabras profundamente conmovedoras. Es un discurso lleno de amor pastoral, de entrega y de conciencia misionera.
Pablo sabe que vendrán dificultades. Advierte sobre “lobos feroces” que intentarán destruir la comunidad, pero no habla desde el miedo, sino desde la confianza en Dios. Él entrega a la Iglesia en las manos del Señor y recuerda que el verdadero pastor no busca aprovecharse del rebaño, sino servirlo con generosidad y sacrificio.
Aquí encontramos una enseñanza muy actual para nuestro tiempo. Hoy también la Iglesia necesita hombres y mujeres capaces de custodiar la fe, proteger la dignidad humana, defender la verdad y acompañar a los más débiles. No basta criticar el mundo; es necesario construir esperanza desde dentro de la sociedad.
San
Pablo recuerda algo esencial:
“Hay más alegría en dar que en recibir”.
Esa frase resume el corazón del Evangelio. La felicidad auténtica no nace del egoísmo ni de la acumulación, sino del amor entregado. Una familia crece cuando aprende a servir. Una parroquia florece cuando vive la comunión. Una nación se fortalece cuando sus ciudadanos buscan el bien común.
En medio de tantas heridas sociales, divisiones y cansancios, el Señor sigue levantando discípulos que no se rinden y que continúan sembrando el bien.
“Padre Santo, cuídalos en tu nombre”
La oración sacerdotal de Jesús
El Evangelio de san Juan (Jn 17, 11-19) nos introduce en uno de los momentos más profundos y conmovedores de toda la Sagrada Escritura: la oración sacerdotal de Jesús.
Cristo ora por sus discípulos antes de entrar en su pasión. No pide que sean retirados del mundo, sino que sean protegidos del mal. Jesús sabe que sus seguidores vivirán en medio de conflictos, tentaciones y persecuciones, pero también sabe que el Padre nunca abandona a quienes permanecen unidos a Él.
Qué importante es escuchar esto hoy. Muchas veces sentimos que la fe se vuelve difícil en una cultura marcada por la superficialidad, el relativismo y la indiferencia espiritual. Sin embargo, Jesús sigue intercediendo por nosotros.
Él
ruega:
“Conságralos en la verdad”.
La verdad no es una ideología ni una moda pasajera. La verdad tiene rostro: Jesucristo. Cuando una persona vive unida a Cristo, encuentra dirección para su vida, claridad para discernir y fortaleza para perseverar.
El
Señor también dice:
“Así como tú me enviaste al mundo, así yo los envío”.
La Iglesia no existe para encerrarse. Existe para evangelizar, sanar, iluminar y acompañar. Cada bautizado es enviado a ser testigo en su hogar, en su trabajo, en la escuela, en los medios de comunicación y en la vida pública.
La esperanza cristiana nunca es pasiva. Siempre impulsa hacia la misión.
San Bernardino de Siena: un predicador para tiempos difíciles
La figura de San Bernardino de Siena resplandece especialmente en momentos de crisis social y espiritual. Vivió en una época marcada por conflictos políticos, epidemias y divisiones, pero no respondió con desesperanza. Respondió anunciando el nombre de Jesús.
Promovía con fuerza el monograma “IHS”, recordando que el nombre de Jesús es fuente de salvación, paz y consuelo. Sus predicaciones lograban reconciliar familias enemistadas, transformar ciudades enteras y despertar conversiones profundas.
También defendió la honestidad en la vida económica y denunció la corrupción y la usura que destruían la dignidad de los pobres. Comprendía que la fe debe tocar todas las dimensiones de la vida humana.
Hoy la Iglesia necesita nuevamente cristianos valientes, serenos y llenos del Espíritu Santo, capaces de hablar con verdad sin odio, con firmeza sin violencia y con caridad sin miedo.
Una Iglesia que mira el futuro con esperanza
Las lecturas de hoy nos recuerdan que el futuro de la Iglesia no depende únicamente de estrategias humanas, sino de la fidelidad a Cristo.
Cuando una comunidad ora, se forma en la verdad, vive la caridad y permanece unida, el Espíritu Santo actúa poderosamente.
Por eso no debemos vivir atrapados por el pesimismo. El Señor sigue llamando vocaciones. Sigue levantando santos. Sigue tocando corazones jóvenes. Sigue renovando familias. Sigue actuando en medio de nuestras fragilidades.
La Pascua nos enseña que después de la cruz llega la vida nueva.
Y Pentecostés se acerca para recordarnos que la Iglesia nació del fuego del Espíritu y continúa sostenida por Él.
Pensar, sentir y actuar
Hoy estamos llamados a pensar en la responsabilidad que tenemos de cuidar nuestra fe y acompañar a quienes Dios pone en nuestro camino; a sentir la alegría de sabernos protegidos por la oración de Jesucristo que nunca abandona a su Iglesia; y a actuar siendo testigos valientes del Evangelio en medio del mundo, llevando paz, verdad y esperanza allí donde exista oscuridad o desánimo.
Tres mensajes de hoy
Propósito para hoy
Dedicar un momento de oración por los sacerdotes, los evangelizadores y las familias, pidiendo al Espíritu Santo la gracia de permanecer fieles a Cristo y ser instrumentos de unidad y esperanza en medio del mundo.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
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