13
JUL
2024

Respondamos con Fe: La Vocación a la Santidad y el Cuidado Divino

Respondamos con Fe: La Vocación a la Santidad y el Cuidado Divino


En su boca había enseñanza verdadera y la maldad no se hallaba en sus labios. Caminaba en paz y rectitud y apartaba a muchos del mal. Ml 2,6


La Llamada y la Confianza en Dios


Reflexión sobre Isaías 6, 1-8 y Mateo 10, 24-33


El pasaje del libro del profeta Isaías 6, 1-8 nos presenta la visión del profeta Isaías y su llamada al ministerio profético. Isaías tiene una visión del Señor sentado en un trono alto y sublime, rodeado de serafines que proclaman: "Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria". Ante esta visión de la santidad y la majestad de Dios, Isaías se siente abrumado por su propia indignidad y exclama: "¡Ay de mí! Estoy perdido, porque soy un hombre de labios impuros y habito en medio de un pueblo de labios impuros, y mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos".


Sin embargo, uno de los serafines vuela hacia él con un carbón encendido, tomado del altar, y toca sus labios, purificándolos. Luego, Isaías escucha la voz del Señor diciendo: "¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?" A lo cual Isaías responde: "Aquí estoy, mándame a mí".


En el Evangelio según san Mateo 10, 24-33, Jesús enseña a sus discípulos sobre la realidad del discipulado. Les recuerda que no es suficiente con ser un seguidor de Jesús, sino que deben estar preparados para enfrentar la persecución y la oposición, tal como Él lo hizo. Jesús les dice: "El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo ser como su señor". Jesús les asegura que aunque enfrentarán dificultades, no deben temer, porque Dios cuida de ellos: "No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma... No tengáis miedo; vosotros valéis más que muchos gorriones".


La visión de Isaías y la enseñanza de Jesús subrayan la importancia de la pureza y la confianza en Dios. La visión de Isaías nos enseña sobre la santidad de Dios y la necesidad de purificación para poder servirle. La respuesta de Isaías, "Aquí estoy, mándame a mí", refleja una disposición a ser enviado por Dios, a pesar de su conciencia de su propia indignidad.


El Magisterio de la Iglesia nos recuerda que todos los bautizados estamos llamados a ser profetas, sacerdotes y reyes en Cristo. El Concilio Vaticano II, en *Lumen Gentium*, enseña que "todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad" (LG 40). La llamada de Isaías es un recordatorio de nuestra propia vocación a la santidad y al servicio.


En el Evangelio, Jesús nos llama a la confianza en la providencia divina, recordándonos que Dios cuida de nosotros en medio de las pruebas. El Catecismo de la Iglesia Católica (CEC) nos enseña que "el valor de la esperanza cristiana, especialmente en tiempos de tribulación, nos invita a confiar plenamente en la promesa de Cristo, quien ha vencido al mundo" (CEC 1817).


"Dios nos llama a la santidad y nos purifica para su servicio; en Él encontramos la fuerza para enfrentar todas las dificultades."


Siéntete llamado y confiado en la providencia de Dios, quien te conoce y cuida de ti en todo momento.


Reconoce tu propia vocación y responde con disposición y confianza en Dios. Dedica tiempo diario a la oración y a la meditación de la Palabra de Dios, pidiendo ser purificado y fortalecido para cumplir con tu llamado.


Que el ejemplo de Isaías y las enseñanzas de Jesús nos inspiren a vivir nuestra fe con valentía y confianza, sabiendo que estamos en las manos amorosas de Dios.


Dichosos ustedes, si los injurian por ser cristianos, porque el Espíritu de Dios descansa en ustedes 1Pe 4,14.


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