Que Dios tenga piedad de nosotros y nos bendiga, vuelva sus ojos a nosotros, para que conozcamos en la tierra tus caminos y los pueblos tu obra salvadora. Sal 66, 2-3
En el mes de la devoción a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, nos sentimos llamados a profundizar en nuestra relación con Cristo a través de la Eucaristía y la gracia del sacramento de la confesión. Para ello, reflexionemos sobre las enseñanzas centrales del libro del profeta Oseas y del Evangelio según San Mateo, iluminadas por el magisterio y la doctrina de la Iglesia Católica.
Reflexión sobre Oseas 2, 16.17-18.21-22
El libro del profeta Oseas nos presenta una imagen conmovedora del amor de Dios hacia su pueblo. En Oseas 2, 16.17-18.21-22, el Señor promete renovar su relación con Israel, simbolizada como un matrimonio restaurado. Dios habla de atraer a su pueblo al desierto, un lugar de encuentro íntimo y purificación, para renovar sus votos de fidelidad y amor. Esta reconciliación es un anticipo de la alianza nueva y eterna que Cristo establecería con su Iglesia mediante su Sangre preciosa.
El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que la alianza de Dios con su pueblo es una preparación para la alianza definitiva en Cristo (CEC 762). En Cristo, encontramos la plenitud de esta reconciliación y renovación prometida por Oseas. El amor incondicional de Dios, demostrado a través del sacrificio de Cristo, es la base de nuestra esperanza y salvación.
Reflexión sobre Mateo 9, 18-26
En el Evangelio de Mateo, encontramos dos milagros que revelan el poder y la misericordia de Jesús: la resurrección de la hija de Jairo y la curación de la mujer con hemorragias. Ambos milagros subrayan la importancia de la fe en la salvación y la sanación. La mujer, con fe y humildad, toca el manto de Jesús y es sanada. Jairo, con fe desesperada, pide a Jesús que devuelva la vida a su hija. En ambos casos, la fe en Jesús como el Hijo de Dios es lo que trae la salvación y la vida.
El Catecismo de la Iglesia Católica destaca que Jesús es el médico divino que cura tanto el cuerpo como el alma (CEC 1503). Los milagros de sanación y resurrección en el Evangelio son signos de la venida del Reino de Dios y anticipan la victoria final sobre el pecado y la muerte.
La devoción a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo nos invita a reconocer el amor sacrificial de Cristo que nos redime y nos purifica. Cada Eucaristía es una renovación de esa alianza de amor, donde recibimos la gracia sanadora de Jesús.
Sientan la profunda gratitud y confianza en el amor incondicional de Dios. Así como la mujer con hemorragias y Jairo confiaron en el poder sanador de Jesús, también nosotros estamos llamados a confiar plenamente en la misericordia de Cristo.
Para vivir plenamente esta devoción, hagamos un esfuerzo consciente por participar frecuentemente en la Eucaristía y recibir la comunión con un corazón puro. Acompañemos este compromiso con la gracia del sacramento de la confesión, buscando la reconciliación con Dios y con nuestros hermanos. Así, fortalecidos por la Preciosísima Sangre de Cristo, seremos testigos de su amor y misericordia en el mundo.
Este lunes, en la Semana 14 del Tiempo Ordinario, abracemos la invitación a vivir cada Eucaristía con devoción y recibir la comunión frecuentemente, apoyándonos en la gracia del sacramento de la confesión. Recordemos que, así como el profeta Oseas nos habla de una relación renovada con Dios y el Evangelio de Mateo nos muestra el poder de la fe en Cristo, estamos llamados a experimentar la plenitud del amor y la sanación en la Sangre Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo.
Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio. 2Tim 1,10

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