Señor, tú tienes misericordia de todos y nunca odias a tus creaturas; borras los pecados de los hombres que se arrepienten, y los perdonas, porque tú, Señor, eres nuestro Dios. Sb 11, 23.24.26
Memoria del Profeta Zacarías
En la Memoria del Profeta Zacarías, meditamos en las lecturas de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 4, 1-5, el Salmo 36 y el Evangelio según San Lucas 5, 33-39. A la luz del Magisterio y la Doctrina de la Iglesia Católica, encontramos enseñanzas profundas sobre la confianza en Dios, la humildad en el servicio y la novedad del Reino de Dios.
Primera Carta de San Pablo a los Corintios 4, 1-5
San Pablo invita a los cristianos de Corinto a considerarse "servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios". La enseñanza central de este pasaje es la humildad del servicio. Como administradores de lo que Dios nos ha confiado, debemos ser fieles, sabiendo que solo Dios puede juzgar la autenticidad de nuestro servicio. Este llamado a la fidelidad se enmarca en una advertencia contra los juicios prematuros y humanos: solo Dios conoce las intenciones del corazón, y en Su tiempo, Él revelará lo que está oculto.
Magisterio de la Iglesia: El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 878) enseña que "Cristo es la fuente de todo ministerio en la Iglesia. Él lo instituyó, lo confirió y lo hace fructificar". Por tanto, nuestro servicio en la Iglesia debe estar siempre enraizado en la humildad y el reconocimiento de que somos meros instrumentos de Su obra.
Salmo 36
El Salmo 36 es un canto a la confianza en Dios. “La salvación de los justos viene del Señor” (v. 39), es un recordatorio de que nuestra esperanza y justicia no provienen de nosotros mismos, sino de la fidelidad de Dios. Este salmo nos invita a poner nuestra confianza plena en el Señor, incluso en tiempos de dificultades o injusticia, sabiendo que Él actuará a favor de los justos.
Evangelio según San Lucas 5, 33-39
En este pasaje del Evangelio, Jesús responde a la pregunta sobre el ayuno de manera simbólica, usando la imagen del vino nuevo y los odres nuevos. Cristo introduce la novedad de su Reino y advierte que las antiguas estructuras no pueden contener la plenitud de esta nueva vida. Es un llamado a la conversión y a una apertura constante al Espíritu Santo, que renueva todo desde dentro.
Magisterio de la Iglesia: El Concilio Vaticano II, en la Constitución Gaudium et Spes (n. 10), enseña que la renovación interior del hombre en Cristo es el comienzo de la renovación de todas las cosas. En esta renovación, el hombre es llamado a "abandonar lo viejo" y abrazar la vida nueva en Cristo, con todas sus exigencias de cambio interior.
"El Señor es el único juez que conoce lo más profundo de nuestros corazones; en Su infinita justicia y misericordia, Él recompensará a quienes permanecen fieles en su servicio."
Sentimos el llamado a la humildad y a confiar en la obra de Dios en nuestras vidas, sabiendo que Él actúa en nosotros y a través de nosotros, aunque a veces no podamos ver el fruto inmediato de nuestras acciones.
A la luz de estas lecturas, somos invitados a examinar nuestra vida de servicio. Para ponerlo en práctica:
1. Revisa tu vida de oración y servicio: Reflexiona sobre tu actitud hacia el servicio en tu comunidad. ¿Sirves buscando reconocimiento humano o confías en que Dios ve tu entrega en lo secreto?
2. Confianza plena en Dios: En momentos de dificultad, especialmente cuando enfrentamos injusticias, haz un acto de confianza diciendo: "Señor, en Ti confío, actúa según Tu voluntad".
3. Renueva tu vida en Cristo: Como el vino nuevo, nuestra vida cristiana debe ser renovada continuamente. ¿Qué áreas de tu vida necesitan ser abiertas al Espíritu Santo para ser transformadas?
La memoria del Profeta Zacarías nos llama hoy a ser administradores fieles, confiando en la justicia divina, y a abrazar la renovación constante que el Espíritu Santo quiere realizar en nosotros.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida. Jn 8,12
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