26
JUN
2025

¿Quién es un ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión y qué no debe hacer?



¿Quién es un ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión y qué no debe hacer?

“El que sirve, hágalo con la fuerza que Dios le da” (1 Pe 4,11)

En muchas parroquias del mundo, hombres y mujeres generosos sirven como ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión. Su misión es ayudar, en momentos específicos y con reverencia, en la distribución del Cuerpo de Cristo, especialmente cuando no hay suficientes ministros ordenados o cuando hay que llevar la Comunión a los enfermos. Pero… ¿sabemos exactamente quiénes son, cuál es su función y cuáles son los límites de su servicio?

¿Quién es un ministro Extraordinario de la Comunión?

Es un fiel laico, hombre o mujer, que ha sido debidamente preparado, vive en gracia de Dios, profesa la fe católica y ha sido designado por el párroco o por el obispo para ayudar en la distribución de la Sagrada Comunión cuando es necesario.

El ministro ordinario de la Comunión es el obispo, sacerdote o diácono (cf. Código de Derecho Canónico, can. 910 §1).
El ministro extraordinario colabora de forma subsidiaria (can. 910 §2), nunca por propia iniciativa ni en sustitución del sacerdote si este puede hacerlo.

La Iglesia llama a este servicio “extraordinario”, no porque sea menos digno, sino porque no es la forma habitual ni primera para distribuir la Comunión.

¿Qué funciones realiza?

  • Ayuda al sacerdote en la distribución de la Comunión durante la Misa, especialmente cuando hay una gran concurrencia de fieles.
  • Lleva la Comunión a los enfermos o ancianos, que no pueden asistir a la Misa, en nombre de la comunidad eclesial.
  • Lo hace con recogimiento, respeto, puntualidad y siguiendo siempre las indicaciones pastorales.

Este servicio es un ministerio de presencia y caridad, que exige espiritualidad eucarística profunda, vida de oración y una actitud humilde y obediente.

¿Qué NO debe hacer un Ministro Extraordinario de la Comunión?

Para conservar el respeto por la liturgia y la santidad del Sacramento, el Magisterio de la Iglesia indica claramente qué acciones no están permitidas al ministro extraordinario:

No sustituye al sacerdote o al diácono

No puede asumir funciones que son propias del clero, como consagrar, bendecir, predicar la homilía o exponer solemnemente el Santísimo Sacramento.

No abre ni cierra el Sagrario (sin permiso expreso)

El Sagrario es lugar sagrado de custodia del Cuerpo de Cristo. Su apertura corresponde al ministro ordenado. El ministro extraordinario no debe abrirlo ni cerrarlo salvo en caso excepcional y autorizado.

“No se debe recurrir a ministros extraordinarios cuando hay sacerdotes o diáconos presentes, ya que su uso no debe convertirse en algo habitual” (cf. Redemptionis Sacramentum, n. 158-160).

No actúa por cuenta propia

Debe actuar siempre bajo el envío y la supervisión del párroco. No puede llevar la Comunión por decisión personal, ni tomar la píxide sin autorización.

No realiza gestos litúrgicos reservados

No imparte bendiciones eucarísticas, ni da la Comunión en momentos no indicados, ni realiza rituales propios de los ministros ordenados.

Una llamada a la santidad en el servicio

El servicio del ministro Extraordinario de la Comunión no es un privilegio, sino una responsabilidad santa. Por eso, se requiere:

  • Una fe firme y amor profundo a Jesús en la Eucaristía.
  • Formación litúrgica y teológica continua.
  • Vida moral coherente con el Evangelio.
  • Disponibilidad, obediencia y humildad.

Conclusión

Ser ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión es un llamado al corazón del misterio eucarístico, que debe vivirse con reverencia, obediencia a la Iglesia y espíritu de servicio. Que quienes reciben este ministerio lo hagan con gratitud, conscientes de que están tocando al mismo Cristo vivo, presente en el Pan de Vida.

“No se puede tocar con las manos lo que no se ha abrazado con el corazón” – San Agustín


1 comentario

Escrito por Analeyda Escudero el 06/12/2025 a las 1:43

Muy importante este servicio. Es un honor , tener a Jesús Eucaristía tan cerca de uno, y así transmitirselo a nuestro prójimo

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