¿Por qué en el tiempo de Pascua decimos: ¡Aleluya!?
La palabra "¡Aleluya!" resuena con fuerza y alegría en nuestras celebraciones pascuales. Pero, ¿qué significa exactamente? ¿Por qué la proclamamos con tanto entusiasmo especialmente en este tiempo litúrgico?
1. ¿Qué significa "Aleluya"?
"Aleluya" proviene del hebreo "Hallelû Yah", que significa "Alaben al Señor" o "Alaben a Yahvé". Es una exclamación de júbilo, de alabanza entusiasta dirigida a Dios. No es simplemente una palabra bonita; es un verdadero grito de amor, gratitud y adoración que brota del corazón creyente.
2. ¿Por qué decimos "Aleluya" especialmente en Pascua?
El tiempo de Pascua, que comienza con la Resurrección de Jesucristo y se prolonga durante cincuenta días hasta Pentecostés, es el momento más alegre del calendario cristiano. Cristo ha vencido la muerte, el pecado ha sido derrotado, y la vida eterna nos ha sido abierta. ¡No puede haber una noticia más grandiosa que esta! Y por eso, la Iglesia nos invita a expresar esta alegría con el "¡Aleluya!" constante.
Durante la Cuaresma, en cambio, omitimos el "Aleluya" en la liturgia, como signo de penitencia y preparación. Pero en Pascua, su reintroducción es un signo visible (y audible) de la explosión de la vida nueva que brota del sepulcro vacío.
El "Aleluya" pascual es entonces:
3. El "Aleluya" en la Misa y la vida diaria
Durante el tiempo de Pascua:
Decir "Aleluya" no es simplemente repetir una
palabra; es un acto de fe. Cada vez que lo pronunciamos, estamos
diciendo:
"Creo que Cristo vive. Creo que su amor me sostiene. Creo que la última
palabra en mi vida no será la muerte, sino la vida eterna."
4. ¿Qué podemos aprender de decir "Aleluya"?
Decir "Aleluya" nos enseña:
El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que "la Resurrección de Cristo es el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento y de las promesas mismas de Jesús durante su vida terrena" (CEC 651). Cada "Aleluya" es eco de esta fidelidad de Dios que jamás nos abandona.
Cada vez que en esta Pascua digamos "¡Aleluya!",
recordemos que es el canto de los redimidos, de los que han sido
salvados por la sangre de Cristo.
Que nuestro "¡Aleluya!" no sea solo de labios hacia afuera, sino que
brote de un corazón transformado por la luz del Resucitado.
¡Cantemos con todo nuestro ser: ¡Aleluya, porque Cristo ha
resucitado!
¡Verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya!
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