08
DIC
2025

¿Por qué Dios no se manifiesta de manera más evidente?



¿Por qué Dios no se manifiesta de manera más evidente?

La libertad humana y la pedagogía divina

Muchos se preguntan: Si Dios existe, ¿por qué no se muestra con absoluta claridad?
¿Por qué no aparece en el cielo con señales prodigiosas? ¿Por qué no elimina toda duda? ¿Por qué permite que algunos vivan como si Él no existiera? A primera vista, esta aparente “ocultación” de Dios parece un obstáculo para la fe. Sin embargo, la tradición cristiana y la experiencia espiritual revelan lo contrario: Dios se manifiesta precisamente de la manera que hace posible la libertad, el amor y el crecimiento interior. Si Dios se impusiera con evidencia absoluta, el hombre no podría elegir; solo obedecería por necesidad. Dios quiere hijos libres, no esclavos del asombro.

1. Una manifestación absoluta anularía la libertad

Si Dios se mostrara de forma irresistible, como un fenómeno indiscutible, el ser humano quedaría abrumado.
La libertad interior desaparecería y la fe sería sustituida por una simple reacción instintiva.
Dios no quiere adhesión forzada; quiere una respuesta libre de amor.
Por eso se revela de manera suficiente, pero no aplastante:
lo bastante clara para quien busca,
lo bastante discreta para no violentar a quien se resiste.

2. Dios habla, pero no grita

La revelación divina no es un espectáculo, sino un diálogo.
Dios se manifiesta en la creación, en la conciencia, en la historia, en las Escrituras, en Cristo y en la Iglesia.
Pero lo hace con un estilo propio:
humilde, sencillo, respetuoso del ritmo humano.
A menudo, su presencia se percibe mejor en el silencio, en la oración, en la belleza, en la caridad, en las pequeñas luces cotidianas.
Dios no se esconde por ausencia, sino por delicadeza.

3. La pedagogía divina: Dios educa el corazón

Dios se revela de manera gradual, como un maestro paciente.
Primero despierta las preguntas, luego abre caminos, y finalmente se da a conocer.
Esta pedagogía forma el corazón, purifica la búsqueda, fortalece la libertad y madura la fe.
Si Dios se mostrara de golpe, el alma quedaría sin posibilidad de crecer;
pero al revelarse progresivamente, el creyente se convierte en discípulo.

4. Cristo es la manifestación plena de Dios

Dios sí se manifestó con rostro y voz:
Jesucristo es la manifestación visible del Dios invisible (cf. Col 1,15).
En Él, Dios habló, caminó, sanó, perdonó, amó.
La encarnación es la respuesta definitiva a la aparente ausencia de Dios.
Quien quiere ver a Dios solo debe mirar a Cristo.
No hay revelación mayor que un Dios que se hace hombre y entrega su vida por amor.

5. La fe es un encuentro, no un experimento

Dios no se deja reducir a objeto de laboratorio.
No responde a pruebas humanas ni se somete a condiciones.
La fe no es un experimento científico, sino un encuentro personal.
Por eso, Dios se acerca a la libertad, a la confianza y al amor, no a la imposición.
La fe nace cuando un corazón sincero responde a la presencia discreta pero real del Dios vivo.

6. El que busca con sinceridad, encuentra

La Escritura lo asegura:

“El que busca, encuentra; al que llama, se le abre” (Mt 7,8).
Dios nunca se oculta a quien lo busca con verdad.
Su presencia se revela a los humildes, a los limpios de corazón, a los que perseveran.
No se trata de ver más, sino de abrir el alma.
La fe no es oscuridad: es una luz suave que ilumina desde dentro.

Pensar

Dios no se impone con evidencia porque respeta profundamente la libertad humana. Se revela lo suficiente para quien quiere creer y con discreción para no obligar a nadie.

Sentir

Percibe a Dios en lo sencillo: en la oración, en la paz interior, en la belleza, en el bien. Su presencia es real, aunque no siempre espectacular.

Actuar

Abre tu corazón a la búsqueda: ora, medita la Palabra, dialoga con Dios. Quien se dispone sinceramente a encontrarlo, lo encontrará.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.


Escribir un comentario

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas.

Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared

Aviso legal | Política de privacidad | Política de cookies