Jueves
26 de febrero de 2026
Semana I de Cuaresma
Pidan, y se les dará (Mt 7,7): la oración que transforma la historia
La primera semana de Cuaresma nos conduce al corazón mismo de la vida espiritual: la oración confiada que abre caminos donde parecía no haber salida. La liturgia de hoy nos regala tres textos profundamente esperanzadores: la súplica ardiente de la reina Ester, el salmo de acción de gracias y la enseñanza luminosa de Jesús sobre la confianza filial en el Padre.
No es casual que la Iglesia nos proponga estos textos en los primeros días del camino cuaresmal. Antes de grandes penitencias o propósitos exigentes, el Señor nos recuerda algo esencial: el cristiano no camina solo; camina sostenido por un Padre que escucha.
1. Ester: cuando la oración sostiene a un pueblo
En el libro de Ester (Est 14), contemplamos a una mujer que, ante la amenaza de exterminio de su pueblo, no se paraliza ni se desespera. Se reviste de humildad, se despoja de sus ornamentos reales y se postra ante Dios. Su oración no es un discurso político ni una estrategia humana; es un acto de abandono confiado.
La Tradición de la Iglesia ha visto en Ester una figura de intercesión. Los Padres subrayan que su valentía nace de la oración. Antes de hablar ante el rey, habla con Dios. Antes de actuar, se postra.
En tiempos donde las dificultades sociales, económicas o familiares pueden generar angustia, Ester nos enseña que la oración no es evasión, sino fortaleza interior. Dios actúa en la historia a través de corazones que confían.
La Cuaresma nos invita precisamente a esto: volver a la fuente. Despojarnos de autosuficiencias y reconocer que necesitamos a Dios.
2. “De todo corazón te damos gracias, Señor”
El Salmo 137 es un himno de gratitud confiada. El salmista no niega la dificultad, pero proclama: “Cuando te invoqué, me escuchaste”. La memoria agradecida es una fuerza espiritual inmensa.
La acción de gracias no es ingenuidad. Es fe. Es la certeza de que el Señor no abandona la obra de sus manos. El Magisterio nos recuerda que la esperanza cristiana no es optimismo humano, sino certeza teologal: Dios es fiel.
En un mundo marcado por la incertidumbre, la Iglesia proclama con firmeza: Dios sostiene el futuro. La historia no está en manos del azar; está en manos providentes.
La gratitud abre el alma a nuevas gracias. Quien aprende a agradecer aprende también a confiar.
3. “Pidan, busquen, llamen”: la pedagogía de la confianza
En el Evangelio según san Mateo (7,7-12), Jesús nos entrega una de las enseñanzas más consoladoras del Sermón de la Montaña. Tres verbos que marcan un camino dinámico: pedir, buscar, llamar.
No se trata de una oración mágica ni utilitarista. Jesús fundamenta esta invitación en la paternidad de Dios: “Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo!”
La clave es la confianza filial. La exégesis patrística insiste en que Dios concede siempre lo que es verdaderamente bueno para la salvación, aunque no coincida exactamente con lo que pedimos. La oración no cambia a Dios; nos transforma a nosotros.
Y culmina con la llamada “regla de oro”: “Todo cuanto quieran que les hagan los hombres, háganlo ustedes a ellos”. La verdadera oración desemboca en caridad concreta. No hay espiritualidad auténtica sin coherencia moral.
San Alejandro (†250): fidelidad hasta el final
Hoy recordamos a San Alejandro, mártir del siglo III, testigo de Cristo en tiempos de persecución. Su vida confirma que la confianza en Dios no es teoría. Es decisión concreta de fidelidad, incluso cuando cuesta.
Los mártires no fueron temerarios; fueron hombres y mujeres profundamente arraigados en la oración. La fortaleza nace de la comunión con Dios.
Tres mensajes para hoy
Propósito para hoy
Dedicar un tiempo concreto de oración confiada —al menos quince minutos en silencio— presentando al Señor una situación que nos preocupa, y realizar un gesto concreto de bien hacia alguien cercano, viviendo la regla de oro del Evangelio.
Queridos hermanos, la Cuaresma no es un tiempo de tristeza, sino de renovación. Dios escucha. Dios actúa. Dios acompaña. Si pedimos con fe, buscamos con sinceridad y llamamos con perseverancia, el Padre abrirá puertas nuevas.
El futuro no está cerrado. Está habitado por la Providencia. Y quien confía en el Señor, nunca queda defraudado.
Pbro.Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
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