04
MAY
2026

Permanecer en el Amor que Transforma y Envía



Permanecer en el Amor que Transforma y Envía

Lunes 4 de mayo de 2026 – V Semana de Pascua

En este tiempo pascual, la Iglesia nos invita a caminar con mirada firme hacia el futuro, sostenidos por la certeza de que Cristo vive y actúa en medio de su pueblo. La Palabra de Dios de hoy nos presenta un dinamismo profundo: la fe que se anuncia con valentía, el corazón que reconoce al único Dios verdadero y la promesa del Espíritu Santo que guía nuestra vida.

1. Una fe que no se detiene ante la oposición (Hechos 14, 5-18)

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos muestra a Pablo y Bernabé enfrentando persecución, incomprensión y hasta idolatría. Por un lado, quieren apedrearlos; por otro, los confunden con dioses. Esta paradoja revela una verdad muy humana: el corazón, cuando no está bien orientado, oscila entre rechazar a Dios o sustituirlo.

Los apóstoles, lejos de buscar gloria personal, rasgan sus vestiduras y proclaman con firmeza: “Somos hombres como ustedes”. Este gesto es profundamente evangélico: toda auténtica evangelización conduce a Dios, nunca al protagonismo humano.

Aquí encontramos una enseñanza clave del Magisterio: la misión de la Iglesia no es imponerse, sino proponer con claridad la verdad que salva. Como recordaba la Evangelii Nuntiandi, la evangelización nace del testimonio coherente y humilde.

2. “Que todos te alaben solo a ti, Señor” (Salmo 113)

El salmo de hoy es una proclamación de pureza de fe. En un mundo lleno de “ídolos modernos” —el poder, el dinero, la autosuficiencia—, la Palabra nos llama a volver al centro: Dios es el único digno de alabanza.

Los Padres de la Iglesia insistían en esto. San Agustín enseñaba que el corazón humano está inquieto hasta que descansa en Dios. Toda idolatría, antigua o moderna, termina vaciando el alma. Solo Dios llena, sostiene y da sentido.

Este salmo no es solo oración, es una toma de postura: elegir a Dios por encima de todo.

3. El amor que abre la puerta a Dios (Juan 14, 21-26)

El Evangelio nos introduce en una intimidad extraordinaria: Jesús revela que quien lo ama y guarda sus mandamientos será amado por el Padre, y Dios mismo vendrá a habitar en él.

Aquí está el corazón del cristianismo: no se trata solo de cumplir normas, sino de vivir una relación real con Dios. El amor se concreta en la fidelidad.

Jesús promete además al Espíritu Santo, el Paráclito, que enseñará y recordará todo. Esta promesa es profundamente actual: no estamos solos. La Iglesia camina guiada por el Espíritu, y cada bautizado es acompañado interiormente por Él.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que el Espíritu Santo es el “maestro interior” que forma a Cristo en nosotros. Por eso, la vida cristiana no es un esfuerzo aislado, sino una obra de gracia.

Hoy más que nunca necesitamos una fe madura, que no se deje arrastrar por modas ni por presiones externas. El mundo necesita testigos, no protagonistas; creyentes firmes, no fluctuantes.

La Pascua nos recuerda que el futuro no está marcado por el miedo, sino por la victoria de Cristo.

Tres mensajes de hoy

  1. La fe auténtica no busca aplausos, sino fidelidad a Dios.
  2. Solo Dios merece el centro de nuestra vida: todo lo demás es pasajero.
  3. El amor verdadero a Cristo se demuestra en la obediencia y se fortalece con el Espíritu Santo.

Propósito para hoy

Examinar con sinceridad el corazón y renunciar a todo “ídolo” que esté ocupando el lugar de Dios. Dedicar un momento concreto a invocar al Espíritu Santo y pedirle que guíe cada decisión del día.

En este camino pascual, la Iglesia avanza con esperanza. Cristo vive, el Espíritu actúa y el Padre sigue llamando. No estamos solos. Caminamos hacia un futuro que ya ha sido vencido por el amor de Dios.


Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.

 


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