Jueves
11 de diciembre de 2025
Semana II de Adviento – San Dámaso I
Año Jubilar Peregrinos de la Esperanza
No temas, Yo te sostengo: Caminando con esperanza en este Adviento
El Adviento avanza silencioso, como una brisa que purifica la mirada y devuelve al corazón su capacidad de confiar. Hoy, la liturgia nos regala tres textos que, guiados por el Espíritu, convergen en una misma verdad: Dios sostiene, Dios acompaña, Dios abre caminos donde antes solo había cansancio o miedo. En un mundo que oscila entre tensiones, guerras, crisis sociales y espirituales, la Palabra de este jueves nos invita a caminar hacia adelante con la serenidad de quien se sabe tomado de la mano por el Señor.
1. “Yo soy el Señor, tu Dios, que te sostiene de la mano derecha” (Is 41,13)
Isaías habla a un pueblo herido, disperso, inseguro. Es el lenguaje de quienes han atravesado noches largas y piensan que Dios ya no interviene. Sin embargo, el profeta —como una voz que despierta— proclama que Dios no solo ve el sufrimiento: lo toca. Lo toma de la mano. Lo levanta del polvo. Le da fuerza para el día que comienza.
Esta imagen es profundamente consoladora y teológica. No se trata de un Dios lejano que dicta órdenes desde lo alto, sino de un Dios que baja, camina entre los suyos y fortalece lo pequeño. Así fue en la historia de Israel, y así actúa hoy en nuestras historias personales, familiares y sociales. Es el mismo Dios que acompaña a quienes viven perseguidos por su fe, a quienes carecen de libertad religiosa, a quienes celebran la Eucaristía con miedo o en catacumbas modernas. La intención de oración del Santo Padre para este mes nos recuerda que la Iglesia vive con cuerpo sufriente en diversas partes del mundo, y que la mano de Dios también llega allí, silenciosa y fuerte.
El final del pasaje de Isaías es una promesa que Adviento graba en el corazón: “Para que vean y sepan que la mano del Señor lo ha hecho”. Las grandes obras de Dios empiezan siempre en lo pequeño, como una semilla sembrada en tierra seca. Dios hace brotar ríos donde nadie lo imagina.
2. “Bueno es el Señor para con todos” (Sal 144)
El salmista no habla desde la teoría, sino desde la experiencia. Quien ha sido sostenido por Dios, aprende a reconocer que su bondad no es selectiva ni caprichosa. Es desbordante, universal, paciente. Aviva, sostiene, renueva.
En Adviento, esta bondad se nos revela en forma de misericordia activa. Dios no se cansa de nosotros, incluso cuando nosotros sí nos cansamos de Él. Es un Padre que espera, que trata a cada hijo con ternura, que ofrece siempre un nuevo comienzo. Quien confía en la bondad de Dios ve su vida transformarse poco a poco en alabanza.
3. “El más pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él” (Mt 11,11)
Jesús habla hoy de Juan el Bautista, el hombre austero que preparó los caminos para la llegada del Mesías. Sin embargo, el Señor subraya algo sorprendente: en el Reino nuevo que Él inaugura, hasta el más pequeño tiene dignidad incomparable. Lo decisivo no es lo que uno hace, sino dejarse amar y transformar por Dios.
Esta frase es un tesoro para Adviento. El Reino se abre a quienes se reconocen pobres de espíritu, necesitados de salvación, deseosos de un futuro que no pueden fabricar por sí mismos. Es la misma lógica del pesebre: Dios nace donde hay humildad, apertura y deseo sincero de vida nueva.
También es una invitación pastoral para la Iglesia de hoy. Los cristianos que viven en contextos de conflicto —político, religioso, cultural o económico— no son los “pequeños olvidados”: son los preferidos del Señor. En ellos se renueva el misterio de la cruz y la esperanza. A ellos los abrazamos en este Año Jubilar, conscientes de que la peregrinación de la fe no se vive sin heridas, pero sí siempre con el horizonte de la resurrección.
San Dámaso I: Pastor en tiempos difíciles
Hoy recordamos a San Dámaso I, Papa en el siglo IV, quien defendió la unidad de la Iglesia y promovió la traducción latina de la Biblia —la Vulgata—, que marcó toda la tradición cristiana. Su vida recuerda que Dios levanta pastores fuertes cuando la Iglesia atraviesa momentos de prueba. Su espíritu confiado y firme resuena con el profeta Isaías: Dios no abandona a su pueblo, incluso cuando las circunstancias parecen opacas.
La Palabra de hoy nos invita a pensar que Dios sostiene nuestra historia incluso cuando no lo percibimos, a sentir la ternura de un Padre que acompaña nuestros cansancios y los sufrimientos de tantos hermanos en zonas de conflicto, y a actuar con una esperanza activa, caminando como peregrinos jubilares que construyen paz, ofrecen consuelo, tienden la mano y anuncian que el Reino ya está entre nosotros, comenzando en las pequeñas fidelidades de cada día.
4. Continuamos haciendo el camino como Peregrinos de la Esperanza
Este Año Jubilar es un llamado a no detener la marcha. Dios nos toma de la mano para que avancemos, no para que retrocedamos. Hoy, esta esperanza concreta se hace oración por todos los cristianos que viven su fe rodeados de violencia, injusticia o persecución. La Iglesia los abraza, los sostiene, los recuerda, y aprende de ellos la fidelidad que transforma el mundo.
Que este día de Adviento nos encuentre vigilantes y confiados. El Señor viene. Y cuando Él viene, siempre brota vida nueva.
“No temas, yo te sostengo”. Así comienza hoy nuestra jornada. Con esa certeza podemos mirar hacia adelante. En ella se apoya todo el camino de la fe. Y es precisamente en esa confianza donde nace la verdadera alegría del Adviento.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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