Escúchanos, Señor, porque grande es tu misericordia; por tu ternura, Señor, vuelve a nosotros tus ojos. Sal 68,17
Cuaresma: Un Camino de Esperanza y Misericordia en el Año Santo Jubilar
Memoria de San Juan de Dios
La Cuaresma es un tiempo de gracia en el que Dios nos llama a la conversión, a renovar nuestra vida en su amor y a caminar con esperanza hacia la Pascua. En este Año Santo Jubilar, en el que somos Peregrinos de Esperanza, la liturgia de hoy nos invita a mirar el futuro con confianza, dejando atrás todo lo que nos aparta de Dios y del prójimo.
Hoy, además, celebramos la memoria de San Juan de Dios, un testigo extraordinario de la caridad cristiana, cuya vida encarna el llamado del Evangelio a la misericordia. Su testimonio nos recuerda que la fe se traduce en obras concretas de amor, especialmente hacia los más vulnerables.
Un Camino de Luz en Medio de las Tinieblas
El profeta Isaías nos deja una promesa llena de esperanza:
“Si apartas de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia; si compartes tu pan con el hambriento y sacias al afligido, brillará tu luz en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía” (Is 58, 9b-10).
El verdadero ayuno y la verdadera conversión no consisten solo en renuncias externas, sino en un cambio profundo del corazón, manifestado en obras concretas de misericordia. Dios nos llama a dejar de lado la crítica destructiva, la indiferencia y la dureza de corazón, para convertirnos en instrumentos de su amor.
En este tiempo cuaresmal y en este Año Jubilar, estamos invitados a ser luz para los demás, especialmente para los que sufren, los olvidados y los marginados. Nuestra fe no es estática; es un camino que nos impulsa a actuar, a transformar la realidad con la fuerza del Evangelio.
La Misericordia de Jesús y la Llamada a Seguirlo
El Evangelio de hoy nos presenta a Leví, un recaudador de impuestos, alguien despreciado por su pueblo. Sin embargo, Jesús lo mira con amor y le dice: “Sígueme” (Lc 5, 27).
Aquí vemos que el Señor no se fija en el pasado de las personas, sino en el futuro que les ofrece. No llama a los perfectos, sino a quienes están dispuestos a dejarse transformar. Y la respuesta de Leví es inmediata: deja todo y lo sigue.
Este pasaje nos recuerda que Dios nunca se cansa de llamarnos a una vida nueva. No importa cuántas veces hayamos caído; siempre hay un nuevo comienzo en Cristo. La Cuaresma es ese tiempo de gracia en el que Jesús nos dice nuevamente: “Sígueme”. ¿Responderemos con generosidad?
San Juan de Dios: Un Testigo de la Misericordia
La memoria de San Juan de Dios en este día nos ofrece un modelo concreto de lo que significa responder al llamado de Jesús. Su vida estuvo marcada por una profunda conversión y por una entrega total a los enfermos y necesitados.
Nació en 1495 en Portugal y, tras una juventud errante como soldado y comerciante, experimentó una conversión radical después de escuchar una predicación de San Juan de Ávila. A partir de ese momento, dedicó su vida al servicio de los enfermos y marginados, fundando hospitales donde no solo se atendía el cuerpo, sino también el alma.
Con profunda compasión, acogía a los más pobres, curaba sus heridas y les transmitía la ternura de Dios. Su lema era: “Haced el bien, hermanos, por amor a Dios”.
San Juan de Dios y la Hospitalidad Cristiana
Uno de los aspectos más bellos de la vida de San Juan de Dios fue su dedicación a los enfermos y marginados. Su hospital en Granada no era solo un lugar de atención médica, sino un hogar donde los enfermos eran tratados con dignidad y amor. No se limitaba a sanar cuerpos, sino que también cuidaba las almas, recordando a cada persona su valor ante los ojos de Dios.
Este espíritu de hospitalidad cristiana sigue siendo una llamada urgente hoy. En nuestras comunidades, hay muchas personas que necesitan ser acogidas:
Siguiendo su ejemplo, hagamos de nuestras familias y parroquias lugares de acogida, donde la esperanza y la misericordia sean el lenguaje cotidiano.
Un Ejemplo para la Cuaresma y el Año Jubilar
San Juan de Dios encarna el espíritu de la Cuaresma y del Año Santo Jubilar: Peregrinos de Esperanza. Su vida nos enseña que la fe no es solo un sentimiento, sino una acción concreta de amor y servicio. En este tiempo de gracia, podemos imitar su ejemplo:
Cuaresma y el Año Santo: Un Tiempo para Volver a Dios
En este Año Santo Jubilar, como Peregrinos de Esperanza, la Iglesia nos invita a hacer de la Cuaresma un verdadero itinerario de conversión. ¿Cómo podemos vivir este tiempo con mayor profundidad?
El Salmo 85 de hoy nos da la clave para este camino:
“Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos, para que mi corazón se mantenga en tu verdad” (Sal 85, 11).
Que este sea nuestro propósito en la Cuaresma y en este Año Jubilar: seguir los caminos del Señor con fidelidad y alegría, sabiendo que Él camina con nosotros.
María, Modelo de Esperanza y Fidelidad
Nuestra Madre, la Virgen María, nos acompaña en este tiempo de conversión. Ella, que supo escuchar la voz de Dios y responder con un “sí” total, nos enseña a confiar plenamente en el Señor.
Que, bajo su protección, avancemos en este camino cuaresmal con un corazón abierto a la gracia, para llegar a la Pascua con renovada alegría.
¡Ánimo! Somos Peregrinos de Esperanza. Dios nos llama y nos espera con los brazos abiertos.
Oración Final
Señor, en este tiempo santo de Cuaresma, danos un corazón nuevo. Enséñanos a ser luz para los demás, a vivir la misericordia y a responder con alegría a tu llamado. Que, siguiendo el ejemplo de San Juan de Dios, nos entreguemos con amor a quienes más nos necesitan. Amén.
No quiero la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva, dice el Señor. Ez 33,11
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