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FEB
2026

Lourdes: un corazón que se deja sanar para vivir en esperanza



Miércoles 11 de febrero de 2026
Bienaventurada Virgen María de Lourdes
Quinta semana del Tiempo Ordinario

Lourdes: un corazón que se deja sanar para vivir en esperanza

En este día bendecido, la Iglesia nos invita a contemplar a la Bienaventurada Virgen María de Lourdes como signo de esperanza para los sencillos, los enfermos y los pobres de espíritu, y a dejarnos iluminar por la Palabra de Dios que nos conduce hacia una fe más auténtica, interior y fecunda. No es casual que esta memoria mariana esté unida a la Jornada Mundial del Enfermo, instituida por san Juan Pablo II en 1992 precisamente en esta fecha: Lourdes es, desde su origen, un lugar donde el cielo se inclina con ternura sobre las heridas humanas, recordándonos que el sufrimiento nunca tiene la última palabra.

1. La sabiduría que reconoce a Dios

La primera lectura (1 Re 10, 1-10) nos presenta a la reina de Saba, mujer extranjera que, movida por la fama de la sabiduría de Salomón, emprende un largo camino de búsqueda. Su peregrinación no es solo geográfica, sino espiritual. Al encontrarse con la verdad, reconoce que Dios es el origen de toda sabiduría auténtica, y bendice al Señor por haber puesto un rey justo al servicio del pueblo.

Este pasaje, leído a la luz de la fe, nos recuerda que el corazón humano está hecho para la verdad y que toda búsqueda sincera, incluso desde contextos culturales o religiosos distintos, puede conducir al encuentro con el Dios vivo. Los Padres de la Iglesia veían en la reina de Saba una figura de la humanidad que, cansada de respuestas superficiales, se pone en camino hacia la luz. San Gregorio Magno enseñaba que la verdadera sabiduría no consiste en saber mucho, sino en vivir rectamente según Dios, ordenando los deseos y las decisiones conforme a su voluntad. Allí nace la esperanza cristiana: cuando dejamos que Dios ilumine nuestras preguntas más profundas y oriente nuestro futuro.

2. “Rectas y sabias son las palabras del justo”

El Salmo 36 proclama con fuerza que las palabras del justo brotan de un corazón en el que habita la ley del Señor. No se trata de una justicia exterior ni de una corrección moral aparente, sino de una coherencia interior que se traduce en palabras verdaderas y acciones rectas. En un mundo marcado por la confusión moral, la agresividad verbal y la manipulación del lenguaje, el justo es quien habla con verdad porque vive en la verdad.

La tradición espiritual de la Iglesia es clara al respecto: el corazón configurado por la Palabra se convierte en fuente de paz, consuelo y orientación para los demás. La esperanza cristiana no es evasión ni ingenuidad; es una forma concreta de vivir, hablar y actuar desde Dios, incluso en medio de la fragilidad personal y social.

3. El corazón, lugar del combate y de la gracia

El Evangelio (Mc 7, 14-23) nos conduce al núcleo del mensaje de Jesús. Con palabras claras y exigentes, el Señor afirma que no es lo que entra por la boca lo que mancha al hombre, sino lo que sale del corazón. Con ello, Jesús desplaza el centro de la vida religiosa desde el cumplimiento meramente externo de normas hacia la conversión interior, donde se decide el bien o el mal.

La exégesis subraya que Cristo no elimina la ley, sino que la lleva a su plenitud, mostrando que el verdadero problema del ser humano no es ritual, sino espiritual. El mal que hiere a la persona, a la familia y a la sociedad nace de un corazón no reconciliado. Por eso, la verdadera sanación comienza dentro. Aquí se abre una clave profunda de esperanza: el corazón puede ser sanado, purificado y renovado por la gracia de Dios. Ninguna historia está definitivamente perdida cuando se deja tocar por el amor misericordioso de Cristo.

4. Lourdes: escuela de fe, humildad y sanación

En Lourdes, en el año 1858, la Virgen María se presentó como la Inmaculada Concepción a una joven pobre y enferma, Santa Bernardita Soubirous, confirmando una verdad profundamente evangélica: Dios actúa con predilección a través de lo pequeño, lo sencillo y lo despreciado por el mundo. Bernardita no fue elegida por su saber ni por su influencia, sino por su humildad y disponibilidad.

Lourdes no es magia ni superstición; la Iglesia ha sido siempre muy prudente y rigurosa en el reconocimiento de las curaciones allí acontecidas. De los miles de testimonios, solo un número reducido ha sido declarado oficialmente como milagro tras un exhaustivo proceso médico y teológico. Sin embargo, más allá de los milagros físicos, Lourdes es sobre todo un lugar de sanación interior, donde muchos recuperan la paz, el sentido de la vida y la confianza en Dios.

El Magisterio de la Iglesia enseña que María nunca se queda en el centro: ella conduce siempre a Cristo, médico de los cuerpos y de las almas. Su mensaje sigue siendo actual y profundamente pastoral: penitencia, oración, conversión y confianza.

5. Una esperanza orientada al futuro

En este miércoles, la Palabra de Dios y la memoria de la Virgen de Lourdes nos llaman a mirar el futuro con realismo y confianza. El cristiano no niega el dolor ni lo trivializa, pero tampoco se deja vencer por él. Como enseña el Concilio Vaticano II, la esperanza cristiana se apoya en la certeza de que Cristo ha vencido definitivamente al pecado y a la muerte, y que la historia camina hacia su plenitud en Dios.

Que María de Lourdes nos ayude a custodiar un corazón limpio, a buscar la sabiduría que viene de Dios y a ser testigos creíbles de esperanza para los enfermos, los cansados, los que sufren en silencio y los que han perdido el ánimo. Desde esa fe sencilla y firme, la Iglesia sigue caminando, anunciando con obras y palabras que Dios no abandona a su pueblo y que el mañana puede ser mejor cuando se construye desde el Evangelio.

Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial 


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