miércoles
10 de diciembre de 2025 – Semana II de Adviento
Memoria de Nuestra Señora de Loreto
Año Jubilar – Peregrinos de Esperanza
Los
que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas (Is 40,31):
Caminar con María de Loreto hacia el descanso que ofrece Cristo
La liturgia de hoy nos regala una caricia de parte de Dios. No es exageración; basta escuchar la Palabra para descubrir cómo el Señor se inclina hacia el cansancio humano, lo recoge con ternura y lo transforma en fuerza nueva. En este camino de Adviento, donde cada día encendemos un poco más la luz de la esperanza, aparece también la figura maternal de Nuestra Señora de Loreto, que custodia con amor la Casa de Nazaret, la casa donde el Verbo se hizo pequeño y donde Dios abrazó nuestra historia.
Hoy, la Iglesia nos invita a mirar hacia el futuro con la serenidad de quienes confían en las promesas del Señor.
1. Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas (Is 40,25-31)
El profeta Isaías, como un poeta que conoce las heridas de su pueblo, presenta un mensaje que rompe la lógica del desánimo: Dios no se cansa, no se detiene, no se agota en su amor. El hombre, sí; se debilita, se fatiga, tropieza. Pero quienes ponen su confianza en el Señor “levantan alas como águilas”. Esta imagen es profundamente espiritual: el águila no huye del viento contrario; lo aprovecha para elevarse. Así actúa Dios en quienes se abandonan a Él. No elimina las pruebas, pero les da un sentido nuevo.
Adviento es este movimiento interior: dejar que Dios nos eleve por encima del miedo, la ansiedad, la prisa, la desesperanza… para que descubramos que la historia no termina en nuestras debilidades, sino en la fidelidad eterna de Dios.
2. Bendice al Señor, alma mía (Sal 102)
El salmista hace memoria agradecida: Dios es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. Esta profesión de fe nace de quien ha experimentado que el Señor cura, perdona, renueva y sostiene. En un tiempo en el que fácilmente nos acostumbramos a lamentarnos, el salmo nos educa en la gratitud. Quien bendice, recuerda; y quien recuerda, no desespera.
El Adviento no se vive solo mirando hacia adelante, sino también recuperando la memoria del camino recorrido: Dios nunca nos ha dejado solos. La bendición del alma es una llave que abre la puerta a la esperanza.
3. Vengan a mí… y yo los aliviaré (Mt 11,28-30)
El Evangelio de hoy es uno de los gestos más tiernos de Jesús. Allí no habla el maestro lejano, sino el Hijo que conoce el peso de la vida. Su voz no acusa; invita. No exige; acoge. “Vengan a mí…”, dice, como quien abre los brazos de par en par para que nadie quede afuera.
El descanso que Jesús promete no es una evasión, sino un descanso que devuelve dignidad, paz y claridad. Su yugo es suave porque lo lleva con nosotros. Su carga es ligera porque la transforma desde dentro.
En un mundo cansado de noticias duras, fracturas políticas, guerras declaradas y silencios que duelen, esta palabra es un bálsamo: Jesús no se ha ido; camina con su pueblo.
4. Nuestra Señora de Loreto: Guardiana de la Casa donde comenzó la Esperanza
Hoy celebramos a la Virgen de Loreto, memoria preciosa del hogar de Nazaret. La tradición nos recuerda que aquella pequeña casa donde vivió la Sagrada Familia se convirtió en santuario del encuentro entre Dios y la humanidad. Allí María dio su “sí”. Allí Jesús aprendió a hablar, a caminar, a trabajar, a amar con corazón humano. Allí José enseñó al Verbo a manejar la madera que un día sostendría nuestra salvación.
Loreto nos recuerda que la fe se construye en lo pequeño: en la casa, en la familia, en lo cotidiano. En Adviento, María de Loreto nos enseña a preparar el corazón como ella preparó su hogar: con silencio, humildad, obediencia y confianza. Desde esa casa nació la esperanza para el mundo.
5. Intención de Oración del Santo Padre para diciembre:
Por los cristianos en contextos de conflicto
La invitación del Papa nos vuelve el rostro hacia tantos hermanos que, como Jesús en su infancia, viven en fragilidad, persecución o desplazamiento. En este Año Jubilar de la Esperanza, la Iglesia entera suplica para que la fe sea fortaleza en medio del dolor, para que la paz vuelva a lugares castigados por la guerra y para que la valentía de los discípulos de Cristo ilumine las tinieblas del odio.
Que este Adviento despierte en nosotros una caridad más concreta y una oración más perseverante por quienes no tienen descanso ni protección.
6. Peregrinos de Esperanza: caminar hacia el futuro tomados de la mano de Dios
Como comunidad, seguimos “haciendo el camino”. El Jubileo nos recuerda que la vida cristiana es un viaje: no estamos detenidos, estamos avanzando. Y avanzamos no por nuestras fuerzas, sino por la promesa del Señor: “Yo los aliviaré… Yo renovaré sus fuerzas… Yo estaré con ustedes”.
El futuro no es un lugar incierto, sino un espacio donde Dios ya nos precede.
Pensamos reconociendo que nuestra fuerza nace de la confianza en un Dios que nunca se cansa de nosotros, sentimos el consuelo que brota de la voz de Jesús que invita al descanso y a la paz interior, y actuamos renovando la esperanza cotidiana con gestos de misericordia, oración por los que sufren y un compromiso concreto por la reconciliación, especialmente en favor de los cristianos que viven en contextos de conflicto, sabiendo que, como María de Loreto, también nosotros estamos llamados a construir en lo pequeño un hogar donde Cristo pueda nacer.
Adviento continúa. La esperanza sigue encendiéndose. Dios camina con su pueblo. Y eso basta para levantar el corazón y mirar hacia adelante con confianza firme.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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