08
DIC
2025

Llena de gracia: el comienzo de una historia nueva



Lunes 8 de diciembre de 2025
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María
Semana II de Adviento – Día de la Madre en Panamá

 

Llena de gracia: el comienzo de una historia nueva

La liturgia de hoy nos invita a contemplar un misterio que ilumina todo el Adviento: la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. En medio de un mundo herido por el pecado, Dios hace brotar una historia nueva, una vida nueva, una mujer nueva. Y esa mujer es María, la Madre del Señor y Madre nuestra, concebida sin mancha para ser aurora de la redención. La solemnidad coincide en Panamá con la celebración del Día de la Madre, un hermoso signo de cómo la vida de María inspira la misión y la grandeza de cada madre en nuestra patria.

La primera lectura, tomada del Génesis, nos lleva al origen del drama humano. El diálogo entre Dios y Adán revela una herida que atraviesa la historia: la ruptura de la confianza. El pecado es siempre un acto de desconfianza hacia Dios, un alejamiento de su amor. Pero allí donde el ser humano tropieza, Dios inicia un camino de esperanza. Surge la primera promesa: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya”. Los Padres de la Iglesia vieron en esta mujer a María, la llena de gracia, destinada a participar de modo único en la victoria de su Hijo. La historia no queda atrapada en la caída; desde el comienzo Dios prepara una respuesta que supera el mal con un bien mayor. María es esa respuesta, la primera victoria silenciosa de Dios en la humanidad.

El salmo 97 nos invita a cantar un canto nuevo porque el Señor ha hecho maravillas. La mayor de esas maravillas, antes incluso de la Encarnación, es la creación de María en la pureza original, preservada por anticipación de todo pecado para que su libertad estuviera totalmente disponible para Dios. Ella es la obra maestra de la gracia, la criatura que refleja de manera más transparente la fidelidad del Creador. En María, el salmista encuentra cumplimiento: Dios actúa en nuestra historia y su amor no conoce imposibles.

En la Carta a los Efesios, san Pablo nos recuerda que también nosotros hemos sido pensados, amados y elegidos “antes de la creación del mundo”. No en la misma manera singular que María, pero sí dentro del proyecto eterno de Dios. Cada persona tiene un lugar en el corazón del Padre, un propósito, una misión. Adviento se convierte entonces en una escuela de identidad: reconocer que no somos fruto del azar, sino de una elección amorosa que nos llama a la santidad. María es el icono perfecto de esta verdad. Ella es la elegida “desde siempre” para ser Madre del Salvador, y su vida entera es un sí confiado a ese plan.

El Evangelio de Lucas nos lleva al instante sagrado de la Anunciación. El ángel Gabriel entra en la vida de María no como un intruso, sino como mensajero de un sueño divino que necesitaba la libertad de una mujer para hacerse real. El diálogo entre ambos es una de las conversaciones más hermosas de toda la historia: Dios que propone, la mujer que discierne, y la libertad que responde. “Hágase en mí según tu palabra”. Ese hágase no es una frase pasiva, es la expresión de una fe valiente, madura, activa. Es la fe que inaugura la nueva creación. A partir de ese instante, el cielo y la tierra se tocan y Dios se hace cercano, vulnerable, uno de nosotros.

En este tiempo de Adviento, la figura de María nos recuerda que Dios no actúa por imposición, sino pidiendo permiso. Y donde encuentra un corazón disponible, allí renueva el mundo. Esta verdad cobra un brillo especial hoy que celebramos el Día de la Madre en Panamá. Cada madre es, de algún modo, reflejo del sí de María. En cada hogar donde una madre protege, guía, consuela, corrige, alimenta o sostiene, vuelve a resonar aquel hágase. Las madres son santuario de vida, rostro concreto de la ternura de Dios. Su misión, tantas veces silenciosa y sacrificada, es un pilar de esperanza para nuestra sociedad.

En este día, elevamos nuestra oración uniéndonos a la intención del Santo Padre: por los cristianos en contextos de conflicto. María, que conoció la angustia, la incertidumbre y la amenaza, comprende profundamente a quienes viven en medio de la violencia y el miedo. Ella acompaña a las familias que sufren, protege a quienes han perdido sus hogares, sostiene la fe de los que siguen creyendo aun cuando la oscuridad parece avanzar. Su Inmaculado Corazón es refugio seguro para quienes buscan consuelo y luz. Rogamos por las madres que hoy, en tantas partes del mundo, sufren por sus hijos y luchan por mantener la esperanza viva. María está con ellas, y desde su pureza y fortaleza intercede por la paz que solo Cristo puede traer.

Adviento es tiempo para mirar a María y aprender a caminar como ella: con confianza, con docilidad, con corazón abierto. Dios sigue pronunciando palabras nuevas sobre nosotros. Sigue invitando. Sigue soñando. Y cada vez que repetimos desde lo hondo del alma “hágase”, algo del Reino empieza a germinar en nuestra vida.

Hoy la Iglesia canta con alegría porque donde abundó la gracia, comienza una historia nueva. María es la primera flor del jardín que Dios quiso plantar en la humanidad. En ella encontramos el anticipo de nuestro destino: ser plenamente libres para amar, plenamente transparentes ante Dios, plenamente disponibles para su voluntad. Con María aprendemos que la santidad es posible, que el pecado no tiene la última palabra, que el futuro de Dios siempre es más grande que nuestros miedos.

Que nuestra parroquia, bajo su amparo maternal, viva este Adviento con esperanza luminosa. Que todas las madres de Panamá reciban hoy la bendición y la fortaleza que brotan del Corazón Inmaculado. Que cada hogar sea un pequeño Nazaret donde Dios encuentre corazones dispuestos. Y que, en medio de los conflictos del mundo, nuestra oración sostenga a todos aquellos que necesitan paz, refugio y consuelo.

María Inmaculada, Madre nuestra y Madre de la Iglesia, enséñanos a esperar, a escuchar y a decir cada día con confianza: “Hágase en mí según tu Palabra”. Desde esa respuesta, el futuro se abre como una promesa de luz.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial

 


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