Sábado después de Ceniza – 21 de febrero de 2026
Tiempo
de Cuaresma
Noveno día de la Novena en honor a Jesús Nazareno de Atalaya
Memoria de San Pedro Damián
Levántate y sígueme: conversión que reconstruye el corazón y renueva el futuro
Quiero misericordia y no sacrificios
En este sábado después de Ceniza, la Palabra de Dios continúa abriendo nuestro corazón al verdadero espíritu cuaresmal. No se trata de un tiempo triste, sino de un camino luminoso de conversión. Hoy el Señor nos invita a mirar hacia adelante con esperanza, a reconstruir lo que estaba caído y a dejarnos transformar por su misericordia.
El profeta Isaías (58, 9-14) nos presenta una de las páginas más hermosas sobre el ayuno auténtico. Dios no quiere gestos vacíos ni prácticas externas desligadas de la caridad. El ayuno que Él desea consiste en “romper las cadenas injustas”, en compartir el pan con el hambriento, en no cerrar el corazón ante el hermano. La verdadera penitencia no es encierro, sino apertura; no es dureza, sino compasión.
El Salmo 85 responde con humildad: “Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos”. La Cuaresma es precisamente eso: dejar que Dios nos enseñe nuevamente a caminar. No somos autosuficientes. Necesitamos que Él enderece nuestras sendas, purifique nuestras intenciones y unifique nuestro corazón.
En el Evangelio (Lucas 5, 27-32), Jesús llama a Leví, el publicano. Lo llama en su lugar de pecado, en su mesa de impuestos, en medio de una vida considerada indigna por muchos. Y Leví se levanta, lo deja todo y lo sigue. Este gesto resume la esencia de la conversión: levantarse. No importa cuán lejos hayamos estado; lo decisivo es responder hoy.
Jesús declara con claridad: “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a la conversión”. La Iglesia no es un club de perfectos, sino un hospital de almas. Y la Cuaresma es el tiempo privilegiado para escuchar esa voz que nos dice: “Levántate y sígueme”.
San Pedro Damián: Reforma del corazón
Hoy la Iglesia recuerda a San Pedro Damián, gran reformador del siglo XI y Doctor de la Iglesia. Vivió en un tiempo de crisis eclesial y moral. No se desanimó ante la corrupción o la tibieza; por el contrario, entendió que la verdadera reforma comienza en el corazón.
Fue hombre de oración, penitencia y profunda vida interior. Desde el silencio monástico supo iluminar a la Iglesia con claridad doctrinal y firmeza evangélica. Su ejemplo nos enseña que no hay renovación auténtica sin santidad personal.
En este tiempo cuaresmal, su testimonio nos recuerda que no basta señalar los problemas del mundo o de la Iglesia; debemos permitir que el Señor nos purifique primero a nosotros. La esperanza cristiana no es ingenua: es activa, exigente y profundamente confiada en la gracia.
Noveno día de la Novena a Jesús Nazareno de Atalaya
En este noveno día de la Novena en honor a Jesús Nazareno de Atalaya, contemplamos al Señor que carga la cruz con amor redentor. Su mirada no condena; llama. No humilla; levanta. No excluye; integra.
La figura del Nazareno nos invita a unir nuestra conversión personal con el compromiso concreto de caridad. Isaías y el Evangelio se unen hoy en un mismo mensaje: el encuentro con Cristo nos transforma y nos envía.
La verdadera devoción no se reduce a emociones pasajeras ni a promesas superficiales. Es decisión firme de vida nueva. Es coherencia. Es misericordia activa.
Cuaresma: tiempo de reconstrucción
Isaías promete: “Serás como huerto bien regado… reconstruirás las ruinas antiguas”. Estas palabras son profundamente actuales. En nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestra patria, hay heridas que necesitan sanación. La Cuaresma no es solo introspección espiritual; es reconstrucción concreta.
Cuando el corazón se convierte, la sociedad se transforma. Cuando un cristiano decide vivir en verdad, se abren caminos nuevos.
La esperanza cristiana siempre mira al futuro. No vivimos anclados en errores pasados. Cristo llama hoy. Y cada respuesta generosa inaugura una historia distinta.
Pensar, Sentir y Actuar
Hoy estamos llamados a pensar que la conversión no es castigo, sino oportunidad; a sentir gratitud porque el Señor nos busca incluso en nuestras fragilidades; y a actuar levantándonos, como Leví, dejando aquello que nos ata para seguir a Cristo con decisión, viviendo una fe concreta que se traduzca en obras de misericordia y en coherencia diaria.
Que este sábado después de Ceniza fortalezca nuestro camino cuaresmal. Que bajo la mirada de Jesús Nazareno y con la intercesión de San Pedro Damián, aprendamos que la verdadera reforma comienza en el corazón y se convierte en esperanza para el mundo.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez
Vicario parroquial
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