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DIC
2025

Levántate y resplandece, porque llega tu luz (Isaías 60,1)



Sábado 13 de diciembre de 2025 – Semana II de Adviento
Año Jubilar: Peregrinos de Esperanza

 

Levántate y resplandece, porque llega tu luz (Isaías 60,1)

El Adviento avanza, y con él crece la luz. No una luz ruidosa ni espectacular, sino una claridad firme que atraviesa la noche sin pedir permiso. En este sábado de la segunda semana de Adviento, la Iglesia nos propone un encuentro luminoso entre la Palabra de Dios y el testimonio de Santa Lucía, virgen y mártir, mujer joven, valiente y profundamente libre en Cristo. Su memoria no es un adorno piadoso del calendario: es una llamada urgente a vivir con los ojos abiertos y el corazón encendido.

En el camino jubilar que recorremos como Peregrinos de Esperanza, Santa Lucía aparece como una antorcha humilde que orienta nuestros pasos hacia el futuro prometido por Dios, incluso cuando el presente parece oscuro.

1. El fuego del profeta: Dios que irrumpe en la historia

(Eclesiástico 48, 1-4.9-11)

El libro del Sirácide nos presenta la figura del profeta Elías con imágenes poderosas: “surgió como un fuego, y su palabra ardía como antorcha”. No se trata solo de un recuerdo histórico, sino de una afirmación teológica profunda: Dios no abandona a su pueblo, suscita testigos que encienden la esperanza cuando todo parece consumido.

La Tradición de la Iglesia ha visto en Elías una figura del profeta que prepara el camino, del hombre que vive de la Palabra y se deja consumir por ella. Los Padres de la Iglesia, como san Ambrosio y san Gregorio Magno, subrayan que este “fuego” no destruye, sino que purifica, ilumina y orienta.

En Adviento, este texto nos recuerda que la esperanza cristiana no es pasividad, sino disponibilidad para dejarnos incendiar por Dios. El mundo necesita hombres y mujeres que no apaguen el fuego interior de la fe, aun cuando soplan vientos contrarios.

2. “Ven, Señor, a salvarnos”: el grito que atraviesa los siglos

(Salmo 79)

El salmo responsorial es una súplica insistente: “Ven, Señor, a salvarnos”. No es el grito de quien se rinde, sino la oración confiada de quien sabe que la última palabra no la tiene la oscuridad.

Este salmo ha acompañado al pueblo de Dios en tiempos de crisis, exilio y persecución. Hoy resuena con fuerza especial cuando la Iglesia, unida al Santo Padre, eleva su oración por los cristianos que viven en contextos de conflicto, perseguidos por su fe, silenciados o marginados.

Rezar este salmo en Adviento es un acto profundamente eclesial: reconocemos que no nos salvamos solos y que la salvación siempre es un don que viene de lo alto. La esperanza cristiana nace de esta certeza: Dios viene, incluso cuando no lo vemos todavía.

3. La humildad que salva: servidores inútiles pero confiados

(San Lucas 17, 10-13)

El Evangelio nos presenta una enseñanza desconcertante de Jesús: “Cuando hayan hecho todo lo que se les mandó, digan: ‘Somos siervos inútiles’”. Leída superficialmente, podría parecer una palabra dura. Leída a la luz del Evangelio completo, es una escuela de libertad interior.

Jesús no humilla al discípulo; lo libera del orgullo, de la autojustificación y de la tentación de creerse dueño de la obra de Dios. El verdadero servidor no vive para ser reconocido, sino para amar.

En clave pastoral, este texto nos recuerda que la esperanza no se apoya en nuestros méritos, sino en la fidelidad de Dios. En un tiempo en que todo se mide por resultados, Jesús nos enseña el valor silencioso de la fidelidad cotidiana.

4. Santa Lucía: la luz que venció a la violencia

En este día, la Iglesia eleva su mirada a Santa Lucía, joven cristiana de Siracusa, mártir del siglo IV. Su nombre significa “luz”, y su vida fue coherente con ese nombre hasta el final.

Lucía no negoció su fe ni su consagración a Cristo, aun frente a la amenaza, la tortura y la muerte. Según la Tradición, fue una mujer de mirada limpia, interiormente libre, que prefirió perderlo todo antes que apagar la luz que había recibido en el Bautismo.

Los Padres de la Iglesia vieron en los mártires como Lucía la confirmación de que la gracia de Dios puede más que cualquier violencia. Su testimonio sigue siendo actual en un mundo donde muchos cristianos, especialmente jóvenes, son presionados para renunciar a su fe.

Santa Lucía nos enseña que la esperanza no es ingenuidad: es valentía sostenida por la gracia.

5. Adviento, esperanza y futuro

Este sábado de Adviento nos invita a una certeza serena: la luz no se apaga. Dios sigue actuando en la historia, sigue llamando, sigue salvando. El fuego del profeta, la súplica del salmo, la humildad del Evangelio y el martirio luminoso de Santa Lucía convergen en un mismo mensaje: el futuro pertenece a Dios.

En este Año Jubilar, caminar como Peregrinos de Esperanza significa no ceder al cansancio espiritual, no acostumbrarnos a la oscuridad, no resignarnos a un cristianismo tibio. La esperanza cristiana siempre mira hacia adelante, porque sabe que el Señor viene.

Que Santa Lucía interceda por nosotros, para que nuestros ojos vean la luz verdadera, nuestros corazones no se apaguen y nuestra vida cotidiana sea una lámpara encendida en medio del mundo.

“Ven, Señor, a salvarnos.”


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.

 


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