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DIC
2025

La Sagrada Familia de Jesús, María y José: hogar de Dios, escuela de esperanza



La Sagrada Familia de Jesús, María y José: hogar de Dios, escuela de esperanza

Domingo 28 de diciembre de 2025 – Fiesta de la Sagrada Familia | Día de los Santos Inocentes

En el corazón de la octava de Navidad, la Iglesia nos invita a entrar en el hogar de Nazaret para contemplar un misterio tan profundo como sencillo: Dios quiso hacerse hombre y crecer dentro de una familia. No eligió palacios ni seguridades, sino la vida ordinaria de Jesús, María y José, marcada por el trabajo, la fe, la obediencia y también por la prueba. La Sagrada Familia no es una imagen idealizada; es una historia real, vivida en un contexto concreto, y por eso mismo se convierte en fuente de esperanza para las familias de hoy.

1. Dios bendice la familia que vive en la fidelidad (Eclesiástico 3, 2-6.12-14)

La primera lectura, tomada del Eclesiástico, pertenece a la literatura sapiencial de Israel y refleja la experiencia acumulada de generaciones creyentes. Allí se afirma con claridad que honrar a los padres atrae la bendición de Dios. No se trata solo de una norma moral, sino de un principio profundamente humano y religioso: la familia es el primer lugar donde se aprende a amar, a obedecer, a agradecer y a cuidar, especialmente cuando llegan la fragilidad y la vejez.

En una cultura que a menudo margina a los ancianos y rompe los vínculos intergeneracionales, esta Palabra es una llamada a reconstruir la familia como espacio de memoria, reconciliación y futuro. La esperanza comienza cuando se cuida la raíz.

2. “Dichoso el que teme al Señor” (Salmo 127)

El salmo responsorial describe la alegría sobria y realista del hogar que vive en la presencia de Dios. El “temor del Señor” no es miedo, sino reconocimiento amoroso de Dios como centro de la vida. De ese centro brotan el trabajo fecundo, la bendición de los hijos y la paz compartida en la mesa.

La Sagrada Familia vivió esta bienaventuranza en condiciones humildes, sin seguridades externas, enseñándonos que la verdadera felicidad no depende de la abundancia, sino de la fidelidad.

3. Nazaret: pequeñez histórica, grandeza teológica

Históricamente, Nazaret era una aldea insignificante de Galilea, con una población muy reducida, dedicada a la agricultura y a los oficios manuales. No aparece en el Antiguo Testamento ni en las grandes crónicas de la época. Vivir allí significaba anonimato, esfuerzo diario y sencillez extrema.

Que el Hijo de Dios creciera en Nazaret revela un dato decisivo de la fe cristiana: Dios actúa desde lo pequeño, desde lo que no cuenta a los ojos del mundo. La Encarnación no ocurrió en los márgenes de la historia, sino en su realidad más humilde.

4. Virtudes que construyen hogar (Colosenses 3, 12-21)

La Carta a los Colosenses ofrece una verdadera espiritualidad familiar. San Pablo exhorta a “revestirse” de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. Estas virtudes no son abstractas; se viven en la convivencia diaria, en el perdón, en la corrección fraterna, en el respeto mutuo.

El apóstol recuerda que toda autoridad en la familia debe ejercerse como servicio y que el amor es siempre el criterio último. Así, el hogar se convierte en una Iglesia doméstica, donde Cristo es la paz que sostiene las relaciones.

5. San José: trabajador justo y custodio del misterio

San José, según el Evangelio, era un téktōn, es decir, un artesano constructor. No pertenecía a la élite religiosa ni al poder político. Vivía de su trabajo manual, honrado y exigente. Su justicia no es legalismo, sino obediencia confiada a la voluntad de Dios.

José encarna una figura profundamente actual: el padre que protege sin imponer, que escucha a Dios en el silencio y que asume la responsabilidad incluso cuando el camino es incierto. En él, la paternidad se revela como custodia del futuro.

6. La huida a Egipto: Dios acompaña en la prueba (Mateo 2, 13-15.19-23)

El Evangelio según San Mateo nos sitúa ante un episodio históricamente verosímil y teológicamente denso: la huida a Egipto. Egipto albergaba una numerosa comunidad judía y era un destino habitual para quienes huían de persecuciones.

El trasfondo es el reinado de Herodes el Grande, conocido por su crueldad y paranoia. La violencia del poder amenaza la vida del Niño, y la Sagrada Familia experimenta el exilio, la inseguridad y el desarraigo. Dios no evita el peligro, pero abre caminos de salvación en medio de la historia.

Este pasaje habla hoy a tantas familias migrantes y perseguidas: Dios camina con ellas.

7. Día de los Santos Inocentes: la vida es sagrada

La memoria de los Santos Inocentes nos confronta con el drama de la violencia contra los más pequeños. Desde los primeros siglos, la Iglesia los reconoce como mártires, testigos silenciosos de Cristo. Su sangre denuncia toda cultura de muerte y proclama que toda vida es sagrada desde su concepción.

La Sagrada Familia, amenazada desde el inicio, se convierte así en refugio y profecía, recordándonos que proteger la vida es custodiar el plan de Dios.

8. Nazaret hoy: una esperanza posible

Los Padres de la Iglesia vieron en Nazaret una escuela del Evangelio: silencio fecundo, trabajo fiel, oración perseverante. El Magisterio ha insistido en que la familia no es solo destinataria de la evangelización, sino protagonista de ella.

Celebrar la Sagrada Familia no es nostalgia del pasado, sino mirada confiada al futuro. Dios sigue eligiendo hogares reales, con luces y sombras, para habitar en ellos.

La Sagrada Familia de Jesús, María y José nos enseña que la esperanza se aprende en casa. Allí donde Cristo es el centro, donde se cuida la vida, se perdona y se trabaja con dignidad, Dios sigue naciendo. Que Nazaret inspire hoy a nuestras familias a ser hogares de fe, de amor y de futuro.

Oración final
Jesús, María y José, custodien nuestras familias. Enséñennos a vivir el amor fiel, a proteger la vida y a caminar con esperanza, incluso en la prueba. Amén.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.

 


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