21
OCT
2025

La Revelación: Dios que se deja encontrar



La Revelación: Dios que se deja encontrar

De la razón que busca al Dios que se revela por amor

El ser humano puede llegar a conocer que Dios existe usando solo su razón, contemplando la creación, el orden del universo o la voz interior de la conciencia. Pero el cristianismo enseña algo mucho más grande: Dios mismo ha salido a nuestro encuentro. No se queda oculto ni lejano. Se ha dado a conocer, ha hablado, ha mostrado su rostro. A eso llamamos Revelación.

1. Un Dios que se comunica

Dios no es una idea, ni una fuerza anónima, ni una energía cósmica. Es un Ser personal que habla, ama y entra en relación con nosotros. Como afirma la Dei Verbum del Concilio Vaticano II:

“Quiso Dios revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por Cristo, Verbo hecho carne, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y son hechos partícipes de la naturaleza divina” (DV, 2).

Esto significa que Dios no solo revela cosas sobre Él, sino que se revela a sí mismo. Su Palabra no es un discurso teórico, sino una historia de amor que recorre la Biblia entera.

2. La historia de una alianza

Desde los comienzos, Dios se ha manifestado en la historia: habló a Abraham, liberó a su pueblo por medio de Moisés, envió a los profetas, y finalmente nos habló por su Hijo (cf. Heb 1,1-2).
Cada paso de esa historia revela un mismo deseo: Dios quiere ser encontrado, amado y escuchado. Él no se impone, se propone. Se acerca con delicadeza, respetando la libertad del hombre.

La Revelación es un diálogo: Dios llama, el hombre responde. Y cuando esa respuesta es libre y confiada, se convierte en fe. Por eso decimos que la fe es la respuesta del hombre a un Dios que se le ha manifestado.

3. Jesucristo, plenitud de la Revelación

Toda la historia del Antiguo Testamento apunta a un momento culminante: la Encarnación. En Jesús, Dios no solo habla por medio de profetas o signos; Él mismo se hace hombre, se deja ver, tocar y escuchar.

“Quien me ve a mí, ve al Padre” (Jn 14,9).

Cristo es la Revelación definitiva del amor de Dios. En Él, el misterio se hace rostro, la Palabra se hace carne, y la verdad se hace vida. Por eso, el cristianismo no es simplemente una doctrina: es un encuentro con una Persona viva.
El Papa León XIV ha recordado en sus primeras enseñanzas que “la fe no es una idea heredada, sino una relación que se renueva cada día con Aquel que no deja de hablar al corazón del hombre”.

4. La Iglesia, custodio y testigo de la Revelación

La Revelación no terminó con los apóstoles, pero sí se cumplió en Cristo. La Iglesia conserva, interpreta y transmite esa Revelación a lo largo de los siglos a través de la Sagrada Escritura y la Tradición. Ambas, bajo la guía del Espíritu Santo, son los dos ríos que fluyen de la misma fuente.
Por eso, quien escucha a la Iglesia escucha a Cristo, y quien se aleja de la Palabra y de la Tradición se desconecta del Dios que habla a su pueblo.

El Catecismo enseña (CIC 74):

“Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, es decir, de Cristo Jesús.”
Por eso la Iglesia no se cansa de anunciar la Buena Nueva: Dios no está oculto; se ha revelado y está presente.

Pensar

Dios no se oculta al hombre: se manifiesta a través de su Palabra y de su Hijo. La fe no es adivinación, sino acogida del Dios que se comunica.

Sentir

Deja que la certeza del amor de Dios te consuele. Él te ha hablado desde siempre, y hoy vuelve a hacerlo en su Palabra y en la Eucaristía.

Actuar

Lee un pasaje del Evangelio y medítalo como un mensaje personal de Dios para ti. Haz de la Biblia un espacio de encuentro y diálogo con tu Creador.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.


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