La religiosidad natural
La tendencia del hombre a elevarse hacia Dios
En todo ser humano existe una inclinación profunda que lo impulsa a dirigirse hacia lo alto, a elevar su espíritu, a buscar un contacto con lo divino. Esta religiosidad natural no es producto de la imaginación ni un simple fenómeno cultural: es una disposición interior que nace de haber sido creados a imagen de Dios. El hombre se descubre a sí mismo como ser religioso porque su existencia no se explica sin una referencia al Creador. La fe no es un adorno opcional, sino la respuesta más profunda a una llamada que brota del propio corazón.
1. La inclinación religiosa: un rasgo universal
En
todas las culturas, el ser humano se ha preguntado por Dios.
Ha construido templos, creado ritos, levantado altares, escrito oraciones y
desarrollado símbolos.
Esta universalidad revela que la religión no es un invento ni una moda, sino
una necesidad espiritual profundamente arraigada.
La inclinación a elevar la mirada hacia el cielo, a reconocer lo divino, está
presente incluso en sociedades que se declaran seculares, donde el alma no deja
de buscar trascendencia.
2. La sed de Dios grabada en la naturaleza humana
La
Iglesia enseña que el deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre
porque ha sido creado por Él y para Él.
Esta sed se manifiesta en las preguntas fundamentales:
– ¿Quién soy?
– ¿De dónde vengo?
– ¿A dónde voy?
– ¿Por qué existe el mal?
– ¿Qué ocurre después de la muerte?
Ningún avance técnico o científico elimina estas preguntas; al contrario, a
menudo las profundiza.
El corazón, incluso cuando se aleja, sigue inquieto ante el misterio de Dios.
3. La religiosidad como apertura al Misterio
La
religiosidad natural es la capacidad del hombre para abrirse al Misterio que lo
trasciende.
No es miedo ni superstición, sino una intuición profunda: la vida tiene un
sentido que no se agota en lo visible.
El alma percibe que existe un fundamento último, un origen, una meta, una
presencia que la sostiene.
Esta apertura es un puente: Dios habla a través de las preguntas humanas, y el
corazón que se pregunta ya está en camino hacia Él.
4. La plenitud de la religiosidad en Cristo
Dios
no dejó este deseo humano a oscuras.
En Jesucristo se revela plenamente Aquel que el hombre intuye al elevar su
espíritu.
Cristo no solo responde a la sed religiosa: la colma.
Él muestra el verdadero rostro del Dios vivo y abre un camino seguro hacia el
Padre.
Toda religiosidad auténtica encuentra en Cristo su plenitud, su luz, su verdad.
Por eso, la fe cristiana no destruye la religiosidad natural, sino que la purifica,
la eleva y la lleva a su cumplimiento.
5. La Iglesia, hogar del corazón religioso
La
religiosidad natural encuentra en la Iglesia el espacio donde puede crecer,
profundizarse y convertirse en vida plena.
En la oración, los sacramentos, la caridad y la comunidad, el hombre
experimenta que su deseo de Dios encuentra un hogar.
La Iglesia acompaña, orienta, educa y alimenta la búsqueda religiosa del alma,
y la conduce hacia el encuentro personal con Cristo.
Pensar
La religiosidad natural muestra que el deseo de Dios está inscrito en el corazón humano. No es una idea aprendida: es una inclinación profunda hacia el Creador.
Sentir
Reconoce en tu interior la necesidad de elevar el espíritu, de buscar a Dios, de orar. Esa inclinación es un signo vivo de tu origen y de tu destino eterno.
Actuar
Alimenta tu vida espiritual: ora cada día, participa en la Eucaristía, acércate a los sacramentos y deja que la Iglesia te acompañe en tu camino hacia Dios.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
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