Domingo
XXIX del Tiempo Ordinario – 99ª Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND)
La oración sostiene la misión: ¡No nos cansemos de rezar y de anunciar a
Cristo!
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Hoy celebramos el Domingo Mundial de las Misiones, la gran fiesta de la Iglesia universal que nos recuerda que todos somos misioneros. Cada bautizado participa en la misión de Cristo: anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra. En esta 99ª Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND), el Papa León XIV nos invita a renovar nuestra fe activa, a no callar lo que hemos visto y oído, a ser testigos del amor de Dios en la vida cotidiana. La misión comienza con la oración, crece con el testimonio y se sostiene con la comunión fraterna.
1. La oración perseverante, fuerza del misionero
La primera lectura del Libro del Éxodo (17, 8-13) presenta a Moisés orando con los brazos levantados mientras el pueblo combate contra Amalec. Mientras Moisés intercede, Israel vence; cuando se cansa, Aarón y Jur le sostienen las manos. Es una imagen profunda de la Iglesia en misión: unos oran, otros luchan, pero todos colaboran en la misma obra de Dios. En la vida cristiana y misionera, la oración no es un acto pasivo: es el corazón que mantiene viva la fe del pueblo y la fuerza de los que anuncian el Evangelio. Sin oración, la misión se agota; con ella, florece.
El Salmo 120 nos hace responder con confianza: “El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.” El misionero, el catequista, el sacerdote, la religiosa o el laico comprometido no se apoyan en su talento, sino en la fidelidad de Dios que nunca duerme y siempre cuida.
2. Permanecer firmes en la Palabra
San Pablo exhorta a Timoteo en la segunda lectura (2 Tim 3,14–4,2): “Permanece en lo que has aprendido.” En tiempos en que muchos dudan o se dejan llevar por modas pasajeras, el Apóstol invita a mantenernos fieles a la Palabra de Dios, que “es inspirada y útil para enseñar, corregir y formar en la justicia”. La misión no se improvisa: se alimenta del Evangelio. Quien medita la Palabra se fortalece en la fe y aprende a anunciar a Cristo con convicción. En este Mes del Santo Rosario, María es nuestra maestra en la escuela del Evangelio: ella meditaba cada palabra en su corazón y la encarnaba en su vida.
3. La fe que no se rinde
El Evangelio según san Lucas (18,1-8) nos presenta la parábola de la viuda insistente, que pide justicia a un juez indiferente hasta que este, vencido por su perseverancia, accede a su petición. Jesús enseña con esta parábola que debemos orar siempre sin desanimarnos. La viuda representa la fe de los pequeños, de los que confían sin ver, de los que se mantienen firmes cuando todo parece perdido. Esa es también la fe del misionero: sencilla, constante, confiada. La misión no se detiene ante las dificultades, porque el que confía en Dios sabe que la justicia y la misericordia del Señor prevalecen.
4. María, modelo de la Iglesia misionera
En este mes dedicado al Santo Rosario, miramos a María, la primera discípula y la primera misionera. Ella no predicó con grandes discursos, sino con su presencia llena de fe. En la Visitación llevó a Jesús en su seno y lo comunicó con alegría. María enseña que evangelizar es dejar que Cristo viva en nosotros y llegue a los demás a través de nuestro amor, nuestras palabras y nuestras obras. Cada vez que rezamos el Rosario, acompañamos espiritualmente a quienes anuncian el Evangelio en tierras lejanas y reavivamos en nosotros el deseo de servir a Dios donde nos ha colocado.
5. Pensar, sentir y actuar
Pensemos que la oración es la fuente de toda misión, el alma de la evangelización; sintamos en el corazón el llamado del Señor a sostener con nuestra oración, afecto y generosidad a los misioneros que entregan su vida por el Evangelio; y actuemos concretamente rezando un misterio del Rosario por las misiones y colaborando con nuestra ofrenda al DOMUND, para que la esperanza del Evangelio siga llegando a los pueblos más olvidados.
El Domingo Mundial de las Misiones nos recuerda que la fe crece cuando se comparte. Todos, desde nuestras familias, escuelas y comunidades, podemos ser misioneros de esperanza. La oración constante, la fidelidad a la Palabra y la perseverancia en la fe nos convierten en instrumentos de Dios para transformar el mundo.
Pidamos al Señor que no falte nunca la fe sobre la tierra, que fortalezca a los misioneros y que nos haga testigos alegres de su amor. Que María, Reina del Rosario y Estrella de la Evangelización, nos enseñe a orar con perseverancia, a servir con humildad y a anunciar con alegría.
“La oración sostiene la misión: cuando el corazón reza, el Evangelio camina.”
Oración
final:
Señor Jesús, en este Domingo Mundial de las Misiones, reaviva en tu Iglesia el
fuego del Espíritu Santo. Haznos orantes, generosos y fieles en el anuncio del
Evangelio. Bendice a los misioneros que siembran tu Palabra con amor y
fortaleza. Que nuestras manos y corazones se unan en la oración y en la misión.
Amén.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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