30
DIC
2025

La gracia de Dios estaba con Él (Lc 2,40)



Martes 30 de diciembre de 2025

Día sexto de la Octava de Navidad
1 Jn 2, 12-17 | Sal 95 | Lc 2, 36-40
Memoria de San Fulgencio

La gracia de Dios estaba con Él (Lc 2,40)

La Iglesia continúa celebrando la Octava de Navidad, ese tiempo en el que el misterio del nacimiento del Señor no se deja atrás, sino que se contempla con mayor hondura. No se trata de prolongar una emoción, sino de dejar que la Encarnación transforme la vida. En este sexto día, la Palabra nos ofrece una pedagogía espiritual clara: crecer como hijos en la luz, aprender a no amar lo que pasa y descubrir que la esperanza cristiana se custodia con fidelidad, silencio y perseverancia.

“Les escribo a ustedes, hijos” (1 Jn 2, 12-17): identidad y discernimiento

San Juan escribe con ternura y firmeza. Llama a la comunidad “hijos”, “padres” y “jóvenes”, no para dividir, sino para recordar que en la Iglesia todos crecen. La fe no es estática. Es un camino. El apóstol afirma tres verdades que sostienen la esperanza: los pecados han sido perdonados, el Maligno ha sido vencido y la Palabra permanece en nosotros. La victoria cristiana no es ruidosa; es permanencia.

Cuando Juan advierte: “No amen al mundo ni lo que hay en el mundo”, no condena la creación, que es buena, sino la lógica del mundo cerrado a Dios: la autosuficiencia, la codicia, la soberbia de la vida. Los Padres de la Iglesia leyeron este pasaje como una invitación al discernimiento del corazón. San Agustín enseñaba que el problema no es amar, sino qué amamos y en qué orden. Amar lo que pasa como si fuera eterno termina robando la esperanza. Amar a Dios ordena todo lo demás.

“Alaben al Señor, todos los pueblos” (Sal 95): esperanza misionera

El salmo estalla en una alabanza universal. La Navidad no es un mensaje privado. El Niño nacido en Belén es luz para todas las naciones. La alabanza es el lenguaje de la esperanza porque reconoce que Dios sigue actuando en la historia. Cuando la Iglesia canta, incluso en medio de fragilidades, proclama que el futuro no está cerrado. Dios reina, no desde la imposición, sino desde la fidelidad.

Ana, la profetisa (Lc 2, 36-40): la esperanza que sabe esperar

El Evangelio nos presenta a Ana, mujer anciana, viuda, perseverante en la oración. No aparece haciendo discursos ni prodigios. Aparece esperando en el lugar correcto: el templo, signo de la presencia de Dios. Ana representa a la Iglesia que no se cansa de esperar. Su vejez no es decadencia, sino fecundidad espiritual. Su ayuno y oración no son evasión, sino apertura.

Cuando Ana reconoce al Niño, alaba a Dios y habla de Él a todos los que esperaban la liberación. La esperanza auténtica no se guarda; se comparte. La exégesis subraya que Lucas coloca a Ana junto a Simeón para mostrar que el Antiguo Testamento llega a su plenitud en Jesús. Lo antiguo no se destruye; se cumple. Aquí hay una clave pastoral importante: la fe cristiana no niega la historia, la redime.

San Fulgencio: la esperanza fundada en la verdad

En este día la Iglesia recuerda a San Fulgencio, obispo y doctor, defensor incansable de la fe en tiempos de confusión doctrinal. Para él, la esperanza cristiana no era optimismo ingenuo, sino confianza en la verdad revelada. Enseñó que la fe recta protege al pueblo de Dios y que sin verdad no hay auténtica caridad. Su testimonio nos recuerda que custodiar la doctrina es también un acto pastoral, porque orienta la vida hacia el bien verdadero.

Una Navidad que mira hacia adelante

En este sexto día de la Octava, la Palabra nos invita a vivir una Navidad adulta: hijos perdonados, jóvenes fuertes en la Palabra, padres firmes en la memoria de Dios. Ana nos enseña que nunca es tarde para dar fruto y San Juan nos recuerda que el mundo pasa, pero quien hace la voluntad de Dios permanece para siempre. Esa permanencia es la raíz de nuestra esperanza.

Que esta Navidad prolongada nos encuentre menos distraídos, más libres interiormente y más atentos a los signos de Dios en lo cotidiano. El Niño crecía y se fortalecía, dice el Evangelio. También nosotros estamos llamados a crecer. La gracia ya ha sido dada. El futuro, con Dios, sigue abierto.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.

 


1 comentario

Escrito por Francisco Espino G el 30/12/2025 a las 15:36

La Navidad nos renueva, y entra un año nuevo con todos los desafíos que trae, siempre con fe y esperanza, junto con acciones de bien, gracias por el mensaje.

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