12
AGO
2024

La Gloria de Dios: Un Llamado a la Alabanza y a la Obediencia en Cristo

La Gloria de Dios: Un Llamado a la Alabanza y a la Obediencia en Cristo


Alégrese el corazón de los que buscan al Señor y serán fortalecidos, busquen siempre su rostro. Sal. 104, 3-4 



La Visión de la Gloria de Dios y la Obediencia a Su Voluntad


Lecturas:

- Primer Libro del profeta Ezequiel 1, 2-5.24-28

- Salmo 148

- Evangelio según San Mateo 17, 22-27


Enseñanza Central del Primer Libro del Profeta Ezequiel 1, 2-5.24-28:


El profeta Ezequiel, en una visión extraordinaria, es testigo de la gloria de Dios manifestada en forma de una figura majestuosa rodeada de seres vivientes y una brillantez que asemeja a un arcoíris en medio de una nube. Esta visión no solo revela la santidad y majestad de Dios, sino también su misterio y trascendencia. Dios se muestra como el soberano de todo, cuyo poder y gloria están más allá de la comprensión humana. Esta manifestación de la gloria divina invita a una profunda reverencia y obediencia, recordándonos que Dios está presente y activo en medio de su pueblo, aún en tiempos de exilio y prueba.


Enseñanza Central del Salmo 148:


El Salmo 148 es un himno de alabanza que invita a toda la creación a glorificar al Señor. Desde los ángeles en los cielos hasta los seres humanos en la tierra, todos son llamados a alabar a Dios por su poder, su creación y su fidelidad. Este salmo subraya la universalidad del señorío de Dios y la necesidad de que cada criatura reconozca su grandeza y misericordia. Es un llamado a la humanidad para que se una a la creación en un canto de alabanza que reconozca la grandeza de Dios en todo lo que existe.


Enseñanza Central del Evangelio según San Mateo 17, 22-27:


En este pasaje del Evangelio, Jesús predice nuevamente su pasión, muerte y resurrección, y demuestra su poder y soberanía sobre las leyes humanas al proveer milagrosamente el tributo del templo. Jesús enseña que, aunque como Hijo de Dios no está sujeto a las leyes terrenales, elige cumplirlas para no escandalizar y para enseñar a sus discípulos la importancia de la humildad y la obediencia. Este acto refleja la encarnación de Cristo, quien, siendo Dios, se somete a la condición humana para salvarnos, mostrándonos el camino del amor y la obediencia a la voluntad del Padre.


El Magisterio de la Iglesia nos enseña que la gloria de Dios, como lo describe Ezequiel, es un llamado a la santidad y a la reverencia profunda. Dios, en su majestad, no es distante, sino cercano a su pueblo, guiándolo a través de los profetas y, en última instancia, a través de su Hijo Jesucristo. La obediencia de Jesús a las leyes humanas, a pesar de su condición divina, es un ejemplo perfecto de humildad y sumisión a la voluntad de Dios, que la Iglesia nos invita a imitar en nuestra vida diaria.


El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que toda la creación está destinada a alabar a Dios (CCC 293). Este llamado universal a la alabanza, reflejado en el Salmo 148, nos invita a reconocer la grandeza de Dios en todo lo que nos rodea y a vivir en armonía con su creación, respetándola y cuidándola como expresión de nuestra fe y devoción.


“La gloria de Dios resplandece en su creación y en la obediencia humilde de su Hijo. Contemplemos su grandeza y respondamos con alabanza y sumisión a su voluntad.”


Siente la maravilla y el asombro ante la majestad de Dios, quien, en su infinita gloria, se acerca a nosotros y nos guía con amor. Que este sentimiento inspire en ti una profunda reverencia y gratitud hacia el Señor.


Busca momentos de silencio y contemplación en tu día para reconocer y alabar la presencia de Dios en tu vida y en el mundo que te rodea. Practica la obediencia a su voluntad en lo pequeño y en lo grande, confiando en su plan y siguiendo el ejemplo de humildad y sumisión que Jesús nos enseñó.

Dios nos ha llamado, por medio del Evangelio, a participar de la gloria de nuestro Señor Jesucristo. 2Ts 2,14


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