La fe y el uso responsable de la tecnología
Discernimiento cristiano en la era digital
La tecnología forma parte inseparable de la vida cotidiana. Comunicamos, trabajamos, aprendemos y nos relacionamos a través de pantallas. Este desarrollo ofrece oportunidades enormes, pero también plantea desafíos profundos para la interioridad, la verdad y las relaciones humanas. En este contexto, la fe cristiana no rechaza la tecnología, pero invita a discernir su uso, recordando que no todo lo técnicamente posible es humanamente bueno. La tecnología es un medio; nunca puede convertirse en fin.
La fe ayuda a poner la tecnología en su lugar. Cuando el uso de dispositivos invade todo el tiempo, debilita el silencio interior, dispersa la atención y empobrece la capacidad de encuentro real. El cristiano está llamado a custodiar espacios de interioridad, porque sin silencio no hay escucha, y sin escucha no hay relación con Dios ni con los demás. La fe recuerda que el ser humano no es solo consumidor de información, sino persona llamada a la verdad y a la comunión.
Uno de los grandes retos del mundo digital es la relación con la verdad. La velocidad, las redes sociales y la sobreabundancia de información facilitan la difusión de rumores, noticias falsas y discursos de odio. La fe cristiana exige una ética de la comunicación: verificar antes de compartir, respetar la dignidad del otro, no manipular ni humillar. El cristiano no puede separar su fe de su comportamiento en línea; también allí está llamado a dar testimonio de verdad y caridad.
La tecnología influye también en la forma de relacionarnos. Puede acercar a quienes están lejos, pero también aislar a quienes están cerca. La fe recuerda que ninguna interacción virtual puede sustituir plenamente el encuentro personal. El cuidado de la familia, la amistad y la comunidad exige presencia real, escucha paciente y tiempo compartido. La tecnología debe servir a las relaciones, no reemplazarlas.
La era digital plantea además preguntas éticas nuevas: inteligencia artificial, uso de datos, manipulación de imágenes, control de la información. Frente a estos desafíos, la fe no ofrece respuestas técnicas, pero sí principios claros: respeto a la dignidad humana, centralidad de la persona, responsabilidad moral y orientación al bien común. El progreso tecnológico sin ética termina deshumanizando.
Vivir la fe en la era digital implica aprender a usar la tecnología con libertad interior. No se trata de demonizarla ni de idealizarla, sino de integrarla con sabiduría. Cuando la fe ilumina el uso de la tecnología, esta se convierte en herramienta de servicio, evangelización y encuentro. Cuando se usa sin discernimiento, puede vaciar la vida interior y fragmentar las relaciones.
El cristiano está llamado a ser testigo también en el mundo digital: con sobriedad, respeto, verdad y coherencia. Así, incluso en medio de pantallas y algoritmos, la fe sigue mostrando que el ser humano no vive solo de conexión, sino de sentido.
Pensar
La tecnología es un medio valioso, pero necesita ser iluminada por criterios éticos y espirituales para no dominar la vida humana.
Sentir
Reconoce la necesidad de silencio, interioridad y presencia real en tu vida. Allí Dios sigue hablando.
Actuar
Revisa tu uso de la tecnología: establece tiempos de desconexión, cuida lo que compartes y usa los medios digitales para construir verdad, comunión y bien.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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