01
ENE
2026

La fe y el tiempo



La fe y el tiempo

Vivir el hoy con mirada eterna

El tiempo es uno de los dones más misteriosos y frágiles de la vida humana. Se nos escapa entre las manos, no se puede detener ni recuperar, y sin embargo en él se juega todo lo que somos. Muchos viven atrapados entre la nostalgia del pasado y la ansiedad por el futuro, olvidando el único tiempo real que tenemos: el presente. La fe cristiana ofrece una manera nueva de habitar el tiempo, no como una carrera contra el reloj, sino como un espacio donde Dios actúa y donde la vida adquiere sentido.

La fe no desprecia el tiempo ni lo absolutiza. Lo reconoce como un don confiado a nuestra responsabilidad. Cada día, con sus rutinas y desafíos, se convierte en lugar de encuentro con Dios. El cristiano aprende a vivir el hoy con atención, sin dispersión, sabiendo que Dios se deja encontrar en el momento presente. No espera solo en un futuro lejano ni se queda anclado en lo que ya fue; vive el ahora con profundidad y gratitud.

Mirar el tiempo con fe también libera de la prisa vacía. No todo es urgente ni todo es igualmente importante. La fe ayuda a discernir, a priorizar, a no dejarse dominar por la presión constante. Enseña a respetar los ritmos humanos: el trabajo y el descanso, la acción y el silencio, la siembra paciente y la espera. Vivir con fe no significa hacer más cosas, sino vivir mejor lo que se hace.

Al mismo tiempo, la fe abre el tiempo a la eternidad. El hoy no se cierra en sí mismo: se orienta hacia un destino. Cada acto vivido con amor, cada decisión justa, cada fidelidad cotidiana tiene un valor que trasciende el instante. Esta mirada eterna no nos aleja del presente; lo engrandece. Saber que la vida no se pierde en el olvido da peso y dignidad a cada día.

La fe también reconcilia con el pasado. Permite agradecer lo vivido, aprender de los errores y sanar heridas. Nada queda fuera del alcance de la misericordia de Dios. El tiempo pasado, incluso el doloroso, puede ser redimido cuando se entrega a Dios. Así, el creyente no vive prisionero de lo que fue, sino reconciliado y libre para seguir caminando.

Frente al futuro, la fe no promete control, sino confianza. El mañana no se posee; se recibe. La fe enseña a planificar con responsabilidad, pero a vivir sin angustia, sabiendo que Dios sigue conduciendo la historia personal. Vivir el hoy con mirada eterna es aprender a decir, cada día, con serenidad: en tus manos está mi tiempo.

Pensar

El tiempo no es un enemigo, sino un don. La fe enseña a vivir el presente con sentido y a abrirlo a la eternidad.

Sentir

Experimenta la paz que nace cuando dejas de correr contra el tiempo y comienzas a habitarlo con Dios.

Actuar

Vive el hoy con atención y gratitud. Ordena tus prioridades, respeta los ritmos y ofrece cada día a Dios como un acto de amor.


Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial


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