La fe y el compromiso social
Creer no es evadirse
Existe la tentación de reducir la fe a un ámbito íntimo y privado, como si creer en Dios fuera refugiarse del mundo y desentenderse de sus problemas. Sin embargo, la fe cristiana afirma exactamente lo contrario: creer compromete. Quien se encuentra con Dios no huye de la realidad, sino que se implica más profundamente en ella, porque aprende a mirar al mundo con los ojos de la justicia, la misericordia y la dignidad humana.
La fe no anula la responsabilidad social; la ensancha. El cristiano sabe que la pobreza, la exclusión, la violencia, la corrupción y la injusticia no son solo problemas técnicos o políticos, sino heridas humanas que claman por una respuesta ética. Creer en Dios implica reconocer que cada persona es hija suya y que, por tanto, ninguna situación de sufrimiento puede dejarnos indiferentes. La fe no permite la comodidad del “no es asunto mío”.
Jesús nunca separó el amor a Dios del amor al prójimo. Su mensaje es claro: no se puede honrar a Dios mientras se ignora al hermano necesitado. La fe se verifica en la caridad concreta, en la defensa del débil, en la búsqueda del bien común. No se trata de ideologías ni de banderas, sino de personas reales. El compromiso social cristiano nace del Evangelio y se expresa en gestos sencillos y constantes: acompañar, servir, compartir, denunciar la injusticia con verdad y trabajar por una sociedad más humana.
La fe también ofrece criterios para el discernimiento social. En un mundo marcado por polarizaciones y discursos extremos, el cristiano está llamado a actuar con prudencia, justicia y responsabilidad. La fe no simplifica los problemas, pero evita soluciones deshumanizantes. Recuerda que el fin no justifica los medios y que el progreso auténtico debe respetar siempre la vida, la libertad y la dignidad de todos, especialmente de los más vulnerables.
Comprometerse socialmente desde la fe no significa perder identidad espiritual, sino vivirla con coherencia. La oración y la acción no se oponen: se necesitan. Una fe sin compromiso social se vuelve estéril; un compromiso social sin fe corre el riesgo de agotarse o desorientarse. Cuando ambas caminan juntas, la fe se convierte en fuerza transformadora y el compromiso encuentra un fundamento sólido.
En tiempos de cansancio y desencanto social, la fe cristiana ofrece algo indispensable: esperanza. No una esperanza ingenua, sino una esperanza activa, que sabe que el bien es posible y que cada gesto cuenta. Creer no es evadirse del mundo; es asumirlo con responsabilidad, sabiendo que Dios sigue actuando también a través de nuestras manos.
Pensar
La fe cristiana exige compromiso con la realidad social. Creer en Dios implica responsabilizarse del bien del prójimo y de la justicia.
Sentir
Deja que el sufrimiento de los demás toque tu corazón. La compasión es uno de los lenguajes más claros de la fe vivida.
Actuar
Comprométete con una causa concreta de servicio o justicia. Ofrece tu tiempo, tus capacidades o tus recursos para aliviar el sufrimiento de otros y construir el bien común.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared