11
ENE
2026

La fe que se cultiva en el hogar — Bautismo del Señor



La fe que se cultiva en el hogar — Bautismo del Señor

Hoy la Iglesia celebra el Bautismo del Señor, y con esta fiesta se cierra solemnemente el tiempo de Navidad. Jesús, ya adulto, se presenta en el Jordán y entra en la fila de los pecadores. No lo hace por necesidad propia, sino por amor: para solidarizarse con nuestra condición y abrirnos el camino de la vida nueva. En ese gesto humilde se revela el corazón del Padre y comienza públicamente la misión del Hijo.

Este misterio ilumina también nuestra vida cotidiana y, de modo especial, la vida del hogar. Porque el Bautismo no es un recuerdo del pasado, sino una gracia viva que nos acompaña cada día. Por él fuimos injertados en Cristo, hechos hijos en el Hijo, incorporados a una familia más grande que toda frontera: la Iglesia. Y esa identidad bautismal se aprende, se cuida y se hace visible primero en casa.

La fe no se conserva sola. Como una lámpara encendida, necesita cuidado, atención y un espacio donde pueda permanecer sin apagarse. El hogar —no por ser perfecto, sino por ser real— es el primer lugar donde el Bautismo se traduce en vida. Allí se aprende a rezar, a pedir perdón, a servir, a levantarse después de caer. Allí se descubre que ser cristiano no es un título, sino un modo de vivir.

Jesús, después de ser bautizado, vuelve a la vida ordinaria. No comienza con gestos espectaculares, sino con fidelidad. Así también nosotros: el Bautismo del Señor nos recuerda que la gracia se despliega en lo cotidiano, no solo en los momentos intensos. Una oración breve compartida, una palabra de paciencia, una mesa donde se escucha, un perdón ofrecido a tiempo: ahí se cultiva la fe bautismal.

El hogar creyente no es el que nunca falla, sino el que vuelve a empezar desde la gracia recibida. Donde se reconoce que Dios no se escandaliza de nuestras fragilidades, sino que las habita y las transforma. La fe que nace del Bautismo es una fe encarnada, capaz de sostener cuando la vida se vuelve exigente.

Que este Bautismo del Señor nos ayude a renovar la conciencia de quiénes somos y a mirar nuestra casa con otros ojos: no como un espacio cualquiera, sino como tierra sagrada, donde Dios ya está obrando. Porque cuando la fe bautismal se cultiva en el hogar, no necesita ruido para crecer: basta la fidelidad de cada día.

Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial. 


Escribir un comentario

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas.

Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared

Aviso legal | Política de privacidad | Política de cookies