La fe en tiempos de secularización
Ser creyente sin complejos
Vivimos en una cultura donde Dios parece haber sido desplazado al margen de la vida pública. La fe es tolerada mientras permanezca en lo privado, pero cuestionada cuando se expresa con claridad. En este contexto, muchos creyentes sienten la tentación de ocultar su fe, diluirla o vivirla con vergüenza. Sin embargo, la secularización no elimina la fe; la desafía a madurar. Ser creyente hoy no es fácil, pero es profundamente significativo.
La secularización no consiste solo en la ausencia de Dios, sino en la idea de que Dios no es necesario. Se vive “como si Dios no existiera”, aunque el corazón siga lleno de preguntas, miedos y búsquedas de sentido. En medio de este escenario, la fe cristiana no se presenta como una nostalgia del pasado, sino como una propuesta actual, capaz de dialogar con la razón, de iluminar la conciencia y de ofrecer esperanza donde otras certezas se han agotado.
Ser creyente sin complejos no significa imponerse ni polemizar, sino vivir la fe con serenidad y coherencia. La fe no necesita gritar para ser auténtica. Se vuelve creíble cuando se expresa con respeto, con inteligencia y con una vida coherente. En un mundo que sospecha de los discursos religiosos, el testimonio silencioso de una vida bien vivida tiene una fuerza enorme. La fe vivida con humildad desarma prejuicios.
La secularización también purifica la fe. Obliga a distinguir entre lo esencial y lo accesorio, entre la costumbre social y la convicción personal. En muchos casos, ha quedado una fe más consciente, menos heredada y más elegida. Esta fe no se apoya en la presión del entorno, sino en una decisión interior. Creer hoy es un acto libre y responsable, no una inercia cultural.
Jesús nunca prometió un seguimiento cómodo. Dijo claramente que sus discípulos no serían siempre comprendidos. Pero también aseguró que la verdad libera y que el Evangelio tiene una fuerza propia. El cristiano no está llamado a adaptarse acríticamente a la cultura, ni a enfrentarse a ella con hostilidad, sino a habitarla con discernimiento, aportando una visión humana, abierta a la trascendencia y comprometida con el bien.
En tiempos de secularización, la fe se vuelve signo. No de superioridad, sino de esperanza. Cuando alguien vive con sentido, perdona, sirve, se compromete y no pierde la alegría, despierta preguntas. Allí comienza el verdadero anuncio. Ser creyente sin complejos es vivir con paz interior, sabiendo que la fe no empobrece la vida, sino que la ensancha.
Pensar
La secularización no invalida la fe; la desafía a ser más consciente, libre y auténtica.
Sentir
Experimenta la serenidad de vivir tu fe sin miedo ni vergüenza. Dios no se esconde de quien lo vive con verdad.
Actuar
Vive tu fe con naturalidad en tus ambientes. No la impongas ni la ocultes: deja que tu vida hable con coherencia y respeto.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
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