La fe como luz para el discernimiento
Decidir con Dios
Tomar decisiones es una de las tareas más exigentes de la vida. Elegimos constantemente: en lo pequeño y en lo grande, en lo visible y en lo silencioso. Algunas decisiones parecen simples; otras marcan el rumbo entero de la existencia. En un mundo lleno de opciones, presiones y voces contradictorias, la fe cristiana se ofrece como luz para el discernimiento, no para eliminar la responsabilidad personal, sino para orientarla hacia el bien verdadero.
Discernir no es solo calcular ventajas y desventajas. Tampoco es dejarse llevar por el impulso del momento. Discernir es buscar la verdad de una decisión a la luz de Dios, preguntarse no solo qué me conviene, sino qué construye, qué me hace más humano, qué responde mejor al amor recibido. La fe no decide por la persona, pero le da criterios para decidir con libertad y responsabilidad.
La fe introduce una pregunta decisiva en todo discernimiento: ¿qué quiere Dios para mí en esta situación concreta? Esta pregunta no anula los deseos personales ni la inteligencia, sino que los ordena. Dios no compite con la libertad humana; la acompaña. Discernir con fe es escuchar con atención la propia conciencia, confrontarla con la Palabra de Dios, con la enseñanza de la Iglesia y con la realidad concreta de la vida. Es un proceso paciente, no una respuesta instantánea.
Uno de los grandes enemigos del discernimiento es la prisa. La fe enseña a dar tiempo al tiempo, a no decidir desde el miedo, la presión externa o la ansiedad. Muchas decisiones equivocadas nacen de no haber escuchado en profundidad. La fe invita al silencio interior, a la oración sincera y a la apertura al consejo prudente. Decidir con Dios no es encerrarse, sino dejarse acompañar.
La fe también ayuda a reconocer las mociones interiores: la paz que confirma una elección, la inquietud que advierte un peligro, la claridad que se va asentando con el tiempo. Estas señales no sustituyen el análisis racional, pero lo complementan. El discernimiento cristiano no es emocionalismo; es escucha integral del corazón y de la razón iluminados por Dios.
Decidir con fe no garantiza ausencia de dificultades. A veces, la opción correcta no es la más fácil ni la más cómoda. Sin embargo, suele traer una paz profunda, incluso en medio del esfuerzo. La fe no promete éxito inmediato, pero sí coherencia interior. Y esa coherencia es uno de los mayores bienes de la vida.
En un mundo que invita a decidir según la conveniencia o la presión social, la fe ofrece algo contracultural y necesario: la posibilidad de decidir desde la verdad y el amor. Cuando las decisiones se toman con Dios, la vida se ordena, aunque no todo sea perfecto. El creyente aprende que equivocarse no es el final y que siempre es posible corregir el rumbo cuando se camina con humildad.
Pensar
La fe no sustituye las decisiones personales; las ilumina. Discernir con Dios es buscar el bien verdadero en cada situación.
Sentir
Reconoce la paz interior que acompaña a las decisiones tomadas con honestidad y apertura a Dios.
Actuar
Antes de decidir algo importante, ora, reflexiona, consulta y da tiempo. Invita a Dios a tu proceso de discernimiento y decide con responsabilidad y confianza.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
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