La fe como encuentro personal
No una idea, sino una relación viva con Dios
Creer en Dios no es, ante todo, aceptar una teoría ni adherirse a un conjunto de ideas religiosas. La fe cristiana es un encuentro personal con el Dios vivo, que sale al paso del ser humano, lo llama por su nombre y le ofrece una relación real. En el centro del cristianismo no hay un concepto, sino una Persona: Jesucristo. La fe nace cuando alguien se deja encontrar por Él y descubre que su vida no es un accidente, sino una historia amada, conocida y acompañada por Dios.
Creer no es solo decir “Dios existe”, sino reconocer: Dios está conmigo. Es experimentar que Él habla a la conciencia, ilumina las decisiones, consuela en el dolor y da fuerza para amar cuando las fuerzas humanas no alcanzan. Por eso la fe no se reduce a ritos externos ni a costumbres heredadas, aunque estas tengan su valor; la fe auténtica transforma la vida porque introduce al creyente en una relación viva, dinámica y personal con el Señor.
Este encuentro no elimina las preguntas ni las dificultades. La fe no es una certeza matemática, sino una confianza razonable. Como en toda relación de amor, hay momentos de luz y momentos de silencio, pero siempre hay presencia. Dios no se impone ni se demuestra como un objeto: se ofrece como Alguien que quiere ser acogido libremente. La fe crece en el diálogo, en la oración, en la escucha de la Palabra y en la experiencia de la comunidad cristiana.
Jesucristo muestra que Dios no es una idea lejana, sino un Padre cercano. Él caminó con los hombres, compartió su historia, lloró, se alegró, sufrió y murió por amor. En su resurrección, revela que la relación con Dios no termina con la muerte, sino que alcanza su plenitud. Creer es entrar en esta relación que atraviesa toda la vida y la orienta hacia la eternidad.
La Iglesia existe precisamente para custodiar y alimentar este encuentro. A través de los sacramentos, especialmente la Eucaristía, la fe se vuelve experiencia concreta: Dios se da, se hace alimento, permanece. En la comunidad, el creyente descubre que no camina solo y que su fe personal se fortalece en la fe compartida.
Pensar
La fe cristiana no es solo adhesión intelectual, sino encuentro personal con Dios vivo que llama y transforma la vida.
Sentir
Reconoce los momentos en que Dios ha salido a tu encuentro: en una palabra, una persona, una experiencia de paz o de luz interior.
Actuar
Cuida tu relación con Dios: ora cada día, escucha su Palabra, participa en la Eucaristía y vive tu fe como una amistad viva y fiel.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
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