La experiencia moral del perdón
La lógica divina que la razón humana no puede inventar
El perdón es uno de los gestos humanos más desconcertantes y hermosos. Supera la lógica del cálculo, rompe la cadena del rencor, abre caminos donde todo parecía destruido. Perdonar no es olvidar ni justificar el mal, sino destruir su poder. El ser humano puede hacerlo porque lleva en su interior la huella del Dios que perdona. La experiencia moral del perdón no es solo una opción ética, sino una señal luminosa de la existencia de un Amor absoluto que nos precede y nos sostiene. El perdón auténtico tiene un origen que va más allá del corazón humano: viene de Dios.
1. El perdón rompe la lógica del mundo
La
lógica humana suele responder al mal con mal, al daño con venganza, al insulto
con violencia.
El perdón, en cambio, interrumpe esa dinámica.
Es
un acto que no se explica desde el orgullo ni desde el instinto de
supervivencia.
Perdonar libremente a quien ha herido es una victoria moral que revela la
grandeza del alma, una grandeza que no viene solo del hombre, sino del Dios que
lo creó.
2. Perdonar exige una fuerza que no nace de uno mismo
Quien
ha perdonado de corazón sabe que no lo hizo solo.
Hay heridas tan profundas que serían imposibles de sanar por fuerza humana.
Sin embargo, cuando la gracia toca el alma, surge:
– paz donde había resentimiento,
– libertad donde había esclavitud interior,
– luz donde había oscuridad,
– compasión donde había rabia.
Esta transformación es un signo de que Dios actúa desde dentro con una fuerza
que supera nuestras capacidades.
3. El perdón revela la verdad sobre el ser humano
Perdonar
no es señal de debilidad, sino de grandeza.
Quien perdona reconoce que el mal no tiene la última palabra y que la dignidad
humana vale más que cualquier ofensa.
El perdón revela que el hombre está hecho para la comunión y no para el odio;
para la paz y no para la venganza.
Esta experiencia moral muestra que nuestra naturaleza está orientada hacia el
Dios que es amor misericordioso.
4. Cristo, el perdón hecho carne
La
mayor prueba de que el perdón viene de Dios es Jesucristo.
En la cruz, cuando humanamente todo invitaba al rencor, Él pronunció palabras
que cambiaron la historia:
“Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34).
Desde ese momento, el perdón dejó de ser solo una aspiración humana para
convertirse en una realidad divina ofrecida a todos.
Cristo enseña que perdonar es participar en su corazón y en su misión, y que la
misericordia es más fuerte que el pecado.
5. El perdón cristiano transforma el mundo
El
perdón no es una idea abstracta: es un camino.
Reconcilia familias, reconstruye comunidades, sana heridas históricas.
Donde hay perdón, hay futuro.
La Iglesia, siguiendo a su Maestro, es sacramento de reconciliación: anuncia el
perdón, lo celebra en la misericordia sacramental y lo vive en la caridad
cotidiana.
Cuando un cristiano perdona, da testimonio de la presencia de Dios.
Pensar
El perdón auténtico no nace solo del corazón humano. Rompe toda lógica natural y revela la presencia del Dios misericordioso que actúa en lo profundo del alma.
Sentir
Reconoce las veces en que has recibido o dado perdón. En esa experiencia de paz y libertad has tocado la ternura de Dios.
Actuar
Da un paso hacia la reconciliación: perdona, pide perdón, o acércate al sacramento de la confesión. Deja que Cristo sane lo que tú no puedes sanar solo.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
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