03
DIC
2025

La experiencia moral del perdón



La experiencia moral del perdón

La lógica divina que la razón humana no puede inventar

El perdón es uno de los gestos humanos más desconcertantes y hermosos. Supera la lógica del cálculo, rompe la cadena del rencor, abre caminos donde todo parecía destruido. Perdonar no es olvidar ni justificar el mal, sino destruir su poder. El ser humano puede hacerlo porque lleva en su interior la huella del Dios que perdona. La experiencia moral del perdón no es solo una opción ética, sino una señal luminosa de la existencia de un Amor absoluto que nos precede y nos sostiene. El perdón auténtico tiene un origen que va más allá del corazón humano: viene de Dios.

1. El perdón rompe la lógica del mundo

La lógica humana suele responder al mal con mal, al daño con venganza, al insulto con violencia.
El perdón, en cambio, interrumpe esa dinámica.

Es un acto que no se explica desde el orgullo ni desde el instinto de supervivencia.
Perdonar libremente a quien ha herido es una victoria moral que revela la grandeza del alma, una grandeza que no viene solo del hombre, sino del Dios que lo creó.

2. Perdonar exige una fuerza que no nace de uno mismo

Quien ha perdonado de corazón sabe que no lo hizo solo.
Hay heridas tan profundas que serían imposibles de sanar por fuerza humana.
Sin embargo, cuando la gracia toca el alma, surge:
– paz donde había resentimiento,
– libertad donde había esclavitud interior,
– luz donde había oscuridad,
– compasión donde había rabia.
Esta transformación es un signo de que Dios actúa desde dentro con una fuerza que supera nuestras capacidades.

3. El perdón revela la verdad sobre el ser humano

Perdonar no es señal de debilidad, sino de grandeza.
Quien perdona reconoce que el mal no tiene la última palabra y que la dignidad humana vale más que cualquier ofensa.
El perdón revela que el hombre está hecho para la comunión y no para el odio; para la paz y no para la venganza.
Esta experiencia moral muestra que nuestra naturaleza está orientada hacia el Dios que es amor misericordioso.

4. Cristo, el perdón hecho carne

La mayor prueba de que el perdón viene de Dios es Jesucristo.
En la cruz, cuando humanamente todo invitaba al rencor, Él pronunció palabras que cambiaron la historia:

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34).
Desde ese momento, el perdón dejó de ser solo una aspiración humana para convertirse en una realidad divina ofrecida a todos.
Cristo enseña que perdonar es participar en su corazón y en su misión, y que la misericordia es más fuerte que el pecado.

5. El perdón cristiano transforma el mundo

El perdón no es una idea abstracta: es un camino.
Reconcilia familias, reconstruye comunidades, sana heridas históricas.
Donde hay perdón, hay futuro.
La Iglesia, siguiendo a su Maestro, es sacramento de reconciliación: anuncia el perdón, lo celebra en la misericordia sacramental y lo vive en la caridad cotidiana.
Cuando un cristiano perdona, da testimonio de la presencia de Dios.

Pensar

El perdón auténtico no nace solo del corazón humano. Rompe toda lógica natural y revela la presencia del Dios misericordioso que actúa en lo profundo del alma.

Sentir

Reconoce las veces en que has recibido o dado perdón. En esa experiencia de paz y libertad has tocado la ternura de Dios.

Actuar

Da un paso hacia la reconciliación: perdona, pide perdón, o acércate al sacramento de la confesión. Deja que Cristo sane lo que tú no puedes sanar solo.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario Parroquial.


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