La experiencia de lo sagrado
El asombro religioso como puerta hacia Dios
A lo largo de toda la historia humana, desde las culturas más antiguas hasta los pueblos modernos, aparece una experiencia común: el ser humano percibe lo sagrado. Siente que hay algo —o mejor, Alguien— más grande que él, un Misterio que lo trasciende y a la vez lo atrae. Esta experiencia no es superstición ni simple emoción: es la huella del Dios vivo que llama al corazón humano. El asombro religioso, ese estremecimiento interior ante la grandeza y la belleza, es una puerta abierta hacia Dios.
1. El sentido de lo sagrado: un fenómeno universal
Todos
los pueblos han tenido templos, ritos, símbolos, oraciones.
Incluso en culturas aisladas, el hombre ha buscado expresar su relación con lo
divino.
Esta universalidad indica que la experiencia de lo sagrado no es un invento
cultural: está inscrita en la estructura misma del ser humano.
Quien se maravilla ante el cielo estrellado, quien guarda silencio ante lo
sublime, quien siente reverencia ante la vida, está tocando un misterio más
grande que él.
2. El asombro que despierta la búsqueda
El
ser humano experimenta asombro ante lo que supera sus fuerzas: la belleza, la
vida, la muerte, el amor, la naturaleza desbordante.
Ese asombro no se queda en sentimientos vagos: provoca preguntas profundas.
“¿De dónde viene todo esto? ¿Qué sentido tiene? ¿Quién está detrás de tanta
grandeza?”
El asombro abre el alma y despierta la búsqueda religiosa.
Por eso, la experiencia de lo sagrado es muchas veces el primer paso hacia
el encuentro con Dios.
3. El Misterio que atrae y transforma
Lo
sagrado no solo causa respeto: atrae.
El hombre siente que pertenece a ese Misterio, que su vida no tiene explicación
completa sin Él.
Es la experiencia descrita en la Escritura cuando Dios llama a Moisés desde la
zarza ardiente:
“Quítate
las sandalias, porque el lugar que pisas es sagrado” (Ex 3,5).
Dios no se muestra para intimidar, sino para invitar.
El Misterio divino, cuando toca el alma, despierta reverencia, humildad y deseo
de entrega.
4. Cristo, la revelación del Misterio
Dios
no quiso quedarse en el anonimato del Misterio.
El mismo Dios que es Santo e inaccesible se hizo cercano en Jesucristo.
Lo sagrado se volvió rostro humano, voz, gesto, abrazo.
En Jesús, lo que era temblor se convierte en confianza; lo que era asombro se
vuelve intimidad; lo que era misterio lejano se transforma en amistad.
Cristo muestra que el corazón humano tiene razón al intuir lo sagrado, y que
ese Misterio tiene nombre: Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
5. La experiencia cristiana de lo sagrado
Para
el cristiano, lo sagrado no es miedo ni distancia, sino encuentro.
La liturgia, los sacramentos, la adoración eucarística, el silencio de la
oración… son espacios donde el alma percibe la presencia de Dios.
En la celebración, la Iglesia une cielo y tierra, y el corazón humano se ve
envuelto por lo sagrado que salva, sana y transforma.
No se trata de emociones pasajeras, sino de una certeza: Dios está aquí.
Pensar
La experiencia de lo sagrado revela que el ser humano está hecho para el Misterio de Dios. El asombro interior es una puerta natural hacia Él.
Sentir
Permite que el asombro despierte tu alma: la belleza, la vida, la naturaleza, la liturgia… todo puede ser signo de la presencia del Dios Santo.
Actuar
Cultiva espacios de silencio, contemplación y oración. Abre tu corazón a la presencia de Dios y deja que su Misterio transforme tu vida cotidiana.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
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