Sábado 20 de diciembre de 2025
Semana
III de Adviento – Sexto día de las Posadas
La esperanza toma carne: Dios cumple su promesa
En el umbral de la Navidad, cuando el Adviento entra en sus últimos días y el corazón aprende a esperar con más hondura, la Palabra de Dios nos coloca ante un misterio decisivo: la promesa que se hace historia. No se trata de una idea reconfortante ni de un símbolo amable; se trata de Dios que entra en nuestra vida con nombre, rostro y misión. Hoy, la Escritura nos enseña a esperar con confianza y obediencia, incluso cuando el camino parece incierto.
1. Isaías 7, 10–14: La señal de Dios para los tiempos difíciles
El profeta habla a un rey temeroso, acosado por conflictos y presiones políticas. Ajaz pide seguridades humanas; Dios, en cambio, ofrece una señal que supera los cálculos: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”. La esperanza bíblica no es evasión del conflicto; es presencia de Dios en medio del conflicto. “Emmanuel” significa “Dios con nosotros”: no lejos, no indiferente, no neutral, sino comprometido con la historia.
Los Padres de la Iglesia vieron en esta profecía el anuncio claro de la Encarnación. San Ireneo subrayaba que Dios no salva desde fuera, sino asumiendo nuestra carne. Adviento, entonces, no es anestesia espiritual; es aprendizaje de una confianza que sabe esperar sin negar la realidad, pero sin absolutizarla.
2. Salmo: “Ya llega el Señor, el rey de la gloria”
El salmo responsorial se convierte en clamor y certeza. No decimos “tal vez llegue”, sino “ya llega”. La fe cristiana vive de esa tensión luminosa: todavía esperamos, pero ya sabemos quién viene. El Señor no llega como dominador, sino como Rey de la gloria que libera, restaura y da sentido. Este canto educa el deseo: nos enseña a anhelar la visita de Dios, no solo la solución de problemas.
3. Lucas 1, 26–38: El sí que abre el futuro
El Evangelio nos lleva al corazón del misterio: la Anunciación. El ángel no irrumpe con estruendo; entra en la vida cotidiana de una joven de Nazaret. La Santísima Virgen María no controla el plan, no lo comprende del todo, pero confía. Su “hágase” no es resignación; es obediencia activa, cooperación libre con la gracia.
Aquí se revela la pedagogía de Dios: pide consentimiento, no impone; invita, no fuerza. María representa al Israel fiel y a la Iglesia de todos los tiempos. San Bernardo de Claraval imaginaba a la creación entera contenida en ese instante, esperando el “sí” que abriría la puerta de la salvación. En tiempos de conflicto, ese “sí” sigue siendo el acto más revolucionario: acoger a Dios para que Él haga nuevas todas las cosas.
4. Sexto día de las Posadas: Dios busca casa
Las posadas no son folclor vacío; son catequesis encarnada. En este sexto día, aprendemos que Dios sigue buscando alojamiento: en familias heridas, en comunidades cansadas, en sociedades marcadas por la violencia. La posada que se abre es el corazón que confía, la casa que reza, la parroquia que acompaña. Preparar la Navidad es ordenar la vida para que Cristo tenga lugar.
5. Orar con la Iglesia: por los cristianos en contextos de conflicto
La intención del Santo Padre para diciembre nos recuerda que la Encarnación no es neutral frente al dolor del mundo. Oramos por los cristianos que viven persecución, guerra o discriminación. Decir “Emmanuel” hoy es afirmar que Dios no abandona a su pueblo y que la Iglesia está llamada a la cercanía concreta: oración perseverante, caridad valiente, palabra veraz.
Para vivir hoy
Esperar como María: escuchar la Palabra, discernir con humildad y responder con fe. En la antesala de la Navidad, el futuro no se construye con prisa ni con miedo, sino con un “hágase” cotidiano. Dios cumple su promesa. La esperanza no defrauda porque ya llega el Señor, el Rey de la gloria.
Pbro. Alfredo Uzcátegui
Vicario parroquial
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