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DIC
2025

¿La ciencia ha reemplazado a Dios?



¿La ciencia ha reemplazado a Dios?

El alcance y los límites del conocimiento científico

En la cultura contemporánea se repite con frecuencia que la ciencia ha hecho innecesaria la idea de Dios. A medida que avanzan la física, la biología o la tecnología, algunos concluyen que Dios sería una explicación antigua, hoy superada. Sin embargo, esta afirmación nace de una confusión profunda: la ciencia explica el “cómo” de la realidad, pero no el “por qué último”. Lejos de reemplazar a Dios, la ciencia auténtica abre nuevos caminos de asombro, humildad y preguntas fundamentales que remiten al Misterio.

1. La ciencia responde a preguntas distintas

La ciencia se ocupa de estudiar los fenómenos observables, sus leyes, causas inmediatas y mecanismos.
Pregunta cómo funciona el universo, cómo se desarrollan los seres vivos, cómo se comporta la materia.
Pero la ciencia no puede responder preguntas como:
– ¿por qué existe algo y no la nada?,
– ¿cuál es el sentido último de la vida?,
– ¿qué es el bien?,
– ¿por qué el universo es inteligible?,
– ¿por qué el ser humano busca la verdad y el amor?
Estas preguntas pertenecen al ámbito de la filosofía y de la teología. Confundir los niveles conduce a errores.

2. Dios no compite con la ciencia

Dios no es una explicación científica más, ni un “relleno” para lo que aún no comprendemos.
No está en competencia con las causas naturales.
Dios es la causa primera, el fundamento del ser, aquello que hace posible que existan causas segundas y leyes naturales.
Descubrir una explicación científica no elimina a Dios; simplemente describe cómo Dios sostiene la creación.

3. El progreso científico no elimina el misterio

Cuanto más avanza la ciencia, más consciente se vuelve de sus propios límites.
El origen del universo, la conciencia humana, la libertad, el orden matemático del cosmos, la afinación precisa de las leyes físicas… lejos de cerrar la pregunta por Dios, la profundizan.
Muchos científicos reconocen que el universo es sorprendentemente racional y abierto al conocimiento, algo que la ciencia describe, pero no explica en su raíz.

4. Grandes científicos creyentes

La historia demuestra que ciencia y fe no son enemigas.
Copérnico, Galileo, Newton, Mendel, Pasteur, Lemaître (padre de la teoría del Big Bang), entre muchos otros, fueron creyentes.
Para ellos, investigar la naturaleza era leer el libro de la creación.
La fe no les impidió hacer ciencia; al contrario, los motivó a buscar la verdad con mayor pasión.

5. El cientificismo: un error moderno

Una cosa es la ciencia, otra el cientificismo.
El cientificismo afirma que solo es verdadero lo que puede medirse o experimentarse.
Pero esta afirmación no es científica: es una postura filosófica, y además contradictoria.
Valores como el amor, la justicia, la dignidad humana o la libertad no se miden en un laboratorio, y sin embargo son reales y fundamentales.
Reducir la verdad a lo experimental empobrece al ser humano.

6. La fe ilumina el sentido de la ciencia

La fe no dice cómo funcionan las células ni cómo se forman las galaxias.
Pero ofrece el marco último donde la ciencia encuentra sentido:
la creación como don,
el conocimiento como servicio,
la técnica como responsabilidad moral.
Sin una referencia ética y trascendente, el progreso científico puede volverse peligroso.
La fe protege a la ciencia de convertirse en poder sin conciencia.

Pensar

La ciencia no reemplaza a Dios porque no responde a las preguntas últimas del sentido y del ser. Ambas se mueven en planos distintos y complementarios.

Sentir

Deja que el asombro ante la grandeza del universo despierte en ti gratitud y humildad. La ciencia bien entendida conduce a la admiración, no al orgullo.

Actuar

Valora la ciencia como don de Dios y vive tu fe sin miedo al conocimiento. Busca siempre la verdad con razón abierta y corazón creyente.

Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.


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