La capacidad de amar
Huella indiscutible del Dios que es Amor
Entre todas las capacidades humanas, ninguna revela tanto la grandeza del alma como la capacidad de amar. El amor auténtico —que busca el bien del otro, que se entrega, que perdona, que permanece incluso en el dolor— supera de tal modo lo meramente biológico o instintivo que se convierte en un signo luminoso del origen divino del hombre. Si somos capaces de amar así es porque fuimos creados por un Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4,8). El amor humano, en sus formas más puras, no solo apunta hacia Dios: lo refleja.
1. Amar no es solo sentir: es elegir y entregarse
El
amor no se reduce a emoción o impulso.
La emoción pasa, pero el amor verdadero elige permanecer.
Es un acto de la voluntad movido por la libertad y la conciencia.
Es capaz de sacrificio, de renuncia, de constancia.
Esta capacidad de amar con profundidad y fidelidad solo puede explicarse porque
el ser humano posee un alma espiritual hecha a imagen del Dios que ama
eternamente.
2. El amor humano supera la lógica del egoísmo
En
el corazón del hombre existe un dinamismo sorprendente: la capacidad de salir
de sí mismo.
El egoísmo encierra, pero el amor despliega.
Este movimiento hacia el otro no se explica por la mera biología; revela una
dimensión espiritual que trasciende la materia.
Cuando alguien se entrega sin esperar nada, cuando perdona, cuando cuida a un
enfermo con paciencia, cuando se sacrifica por sus hijos… ahí se manifiesta
algo que supera las fuerzas humanas: la chispa del amor divino.
3. El amor como llamada universal
Todas
las culturas reconocen el valor del amor.
La literatura, el arte, la música y la historia humana están marcadas por
historias de amor, de sacrificio y de entrega.
Este reconocimiento universal revela que el amor es una vocación inscrita en
la naturaleza humana.
El hombre puede fallar en amar, pero no puede dejar de desear el amor.
Ese deseo permanente es la señal de que fuimos creados para la comunión con un
Dios que vive eternamente en el amor trinitario.
4. Cristo, plenitud del amor humano y divino
Jesucristo
es la revelación más clara de lo que significa amar.
Su vida entera es entrega:
acoge, sirve, perdona, sana, consuela, restaura.
Y en la cruz lleva el amor hasta el extremo:
“Habiendo
amado a los suyos… los amó hasta el fin” (Jn 13,1).
En Cristo, el amor humano se encuentra con el amor divino y descubre su
verdadera altura.
Él no solo nos muestra cómo amar: nos da la gracia para amar como Él.
5. Amar es participar en la vida misma de Dios
Cada
vez que un ser humano ama de verdad, participa —aunque no lo sepa— en la vida
divina.
El amor auténtico:
– ennoblece,
– purifica,
– libera,
– transforma.
La capacidad de amar es una de las pruebas más profundas de que Dios existe y
de que el hombre lleva su imagen dentro.
Cuando amamos, nuestra vida se eleva; y cuando ese amor se orienta hacia Dios y
el prójimo, el alma encuentra su verdadera plenitud.
Pensar
La capacidad de amar no es fruto del instinto, sino un reflejo de Dios. Amar de verdad es entrar en comunión con el Amor eterno que nos creó.
Sentir
Descubre en tus amores más sinceros la huella del Dios que te ama primero. Siente su presencia en cada gesto de entrega, perdón y compasión.
Actuar
Ama hoy con generosidad: perdona, sirve, escucha, acompaña. Deja que el amor de Cristo transforme tu corazón y haga visible en ti la presencia del Dios que es Amor.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
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