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MAY
2025

La alegría que visita y transforma: María, profecía viva del Jubileo



La alegría que visita y transforma: María, profecía viva del Jubileo
Fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen María
31 de mayo de 2025 – sábado de la VI Semana de Pascua – Año Santo Jubilar

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador” (Lc 1,46-47)

Hoy celebramos con gozo y esperanza la Fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen María, un encuentro profundamente humano y divinamente inspirador, en el que se entrelazan dos vidas que han sido tocadas por la gracia: María e Isabel. Este episodio evangélico (Lc 1,39-56), aunque breve, está cargado de teología, espiritualidad, y una intensa profecía de esperanza, tan necesaria en el mundo de hoy, especialmente mientras vivimos el Año Santo Jubilar.

La Palabra de Dios: un camino de gozo y misión

Primera Lectura – Sofonías 3,14-18:
El profeta nos exhorta: “¡Regocíjate, hija de Sión!” Dios mismo está en medio del pueblo, renovando el amor y alejando todo temor. Esta lectura es un preludio perfecto para la escena del Evangelio, donde la alegría mesiánica empieza a manifestarse en el seno de una familia humilde. María, portadora del Verbo Encarnado, es figura de la “hija de Sión” que irrumpe en el silencio de la historia con el cántico nuevo de la salvación.

Salmo – Isaías 12:
“El Señor ha hecho maravillas con nosotros. Aleluya”. Este himno entonado en la liturgia responde al canto de María y lo hace nuestro. El salmista canta a un Dios salvador que habita en medio de su pueblo, que es fuente de alegría y de esperanza. Cantarle al Señor es también hacer memoria agradecida, y esa es precisamente la actitud de María en su Magníficat: bendecir al Dios que obra en lo pequeño y transforma la historia desde los humildes.

Evangelio – Lucas 1,39-56:
María, tras recibir el anuncio del ángel, no se queda encerrada en su propio misterio. Corre “con prontitud” hacia su prima Isabel. No va a presumir de su elección, sino a servir. Y en ese encuentro, la vida se manifiesta: el niño en el vientre de Isabel salta de alegría y la profecía estalla en sus labios: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”

Aquí aparece el cántico de los pobres, el canto de los que confían, el himno de los que reconocen en su propia pequeñez la grandeza de Dios: el Magníficat. María canta las maravillas del Señor, que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. Ese canto sigue siendo hoy, en pleno siglo XXI, una revolución de ternura y esperanza.

María: icono de la Iglesia en salida y madre del Jubileo

El Papa Francisco nos recuerda que María es la estrella de la evangelización. En su visita a Isabel se anticipa ya el dinamismo misionero de la Iglesia: ir al encuentro, llevar a Cristo, hacer saltar de alegría la vida que parecía estéril, consolar, servir.

En este Año Santo Jubilar 2025, María nos enseña a vivir en clave de misión, esperanza y alegría. Ella es la madre del Jubileo porque es portadora del gozo mesiánico que libera, sana y renueva. En su visita se manifiesta el Reino que ya ha comenzado: un Reino que llega con el servicio, con la solidaridad, con la presencia concreta del amor.

Un camino jubilar con María, mujer del Magníficat

Hoy, como María, también nosotros estamos llamados a levantarnos y salir con prontitud:

  • Salir al encuentro de los que necesitan alegría: visitar al enfermo, consolar al anciano, escuchar al joven que busca sentido.
  • Cantar el Magníficat desde la vida: agradecer, recordar y proclamar las maravillas de Dios en nuestra historia personal, familiar y comunitaria.
  • Construir una Iglesia sinodal, humilde y servidora: como María, que no esperó que la llamaran, sino que se puso en camino.

El Jubileo nos invita a redescubrir el paso de Dios por nuestra vida. Y ¿quién mejor que María para ayudarnos a contemplarlo? Ella que supo guardar todo en su corazón y meditarlo, nos enseña a mirar con los ojos de la fe, a confiar, a esperar en el Dios que cumple sus promesas.

María no fue una joven pasiva, sino una mujer valiente que supo leer los signos de Dios y actuar con decisión. En su visita a Isabel se entrelazan la fe, la alegría y la profecía. Ella se convierte en bendición para los demás. También nosotros, si llevamos a Cristo en nuestro corazón, seremos bendición para nuestra familia, comunidad y sociedad.

Alegría misionera. No una alegría superficial, sino profunda, como la de María, que brota de saberse amados, elegidos y enviados por Dios.

Compromiso concreto

Durante esta jornada jubilar, haz una “visita mariana”:

  • Acércate a alguien que esté solo, enfermo, triste o alejado.
  • Ofrécele tu tiempo, tu escucha, tu oración.
  • Como María, lleva a Cristo con tu presencia, y deja que en ti “salte de gozo” la vida nueva que brota del Evangelio.

Oración final

Santa María de la Visitación, madre de la esperanza,
ayúdanos a llevar a Cristo con alegría a todos los rincones de nuestro mundo.
Haznos misioneros jubilosos del Reino,
como tú lo fuiste para Isabel.
Enséñanos a cantar el Magníficat con nuestra vida,
a derramar ternura sobre los necesitados
y a reconocer la presencia viva de Dios en lo cotidiano.
Amén.

¡Feliz Fiesta de la Visitación de la Virgen María!
¡Vivamos este Jubileo con alegría mariana, en salida y con esperanza!


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