16
OCT
2025

Justificados por la misericordia: el amor que restaura y renueva el corazón



Jueves 16 de octubre de 2025
Semana XXVIII del Tiempo Ordinario
Santa Eduviges y Santa Margarita María de Alacoque, mujeres de misericordia y reparación
Mes del Santo Rosario y de las Misiones

Justificados por la misericordia: el amor que restaura y renueva el corazón

“Perdónanos, Señor, y viviremos” (Sal 129)

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

La liturgia de hoy nos invita a contemplar el corazón mismo del Evangelio: la misericordia de Dios que nos justifica por la fe en Jesucristo. San Pablo, en su carta a los Romanos (3, 21-30), proclama una de las verdades más liberadoras del cristianismo: “Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, pero son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención realizada en Cristo Jesús.”

Este anuncio no es solo doctrina: es vida. La justicia de Dios no es una venganza ni un castigo, sino un acto de amor que restaura la comunión rota. Dios no se complace en la muerte del pecador, sino que lo busca con ternura, lo perdona y lo transforma. Quien se abre a su gracia deja atrás la autosuficiencia y entra en el dinamismo del amor salvador.

Jesús y la hipocresía religiosa (Lc 11, 47-54)

En el Evangelio de San Lucas, Jesús denuncia con firmeza a los que aparentan religiosidad, pero cierran su corazón a la verdad. Construyen monumentos a los profetas, pero con sus obras contradicen su mensaje. Son los que —como dice Jesús— “se han llevado la llave de la ciencia; no entran ellos y cierran el paso a los que quieren entrar.”

Estas palabras siguen resonando hoy. Hay un tipo de religiosidad que puede parecer devota, pero no cambia la vida; que se encierra en los ritos, pero olvida la compasión. Jesús nos llama a una fe viva, que se traduzca en justicia, servicio y misericordia. El cristiano no es quien sabe más, sino quien ama mejor; no quien señala los errores ajenos, sino quien ofrece esperanza y perdón.

Las santas del día: dos caminos hacia el Corazón de Cristo

Hoy celebramos a Santa Eduviges, duquesa y religiosa, mujer de noble cuna que eligió servir a los pobres, liberar prisioneros y consolar enfermos. Renunció a los lujos para seguir a Cristo pobre. Su vida nos enseña que la verdadera grandeza está en el servicio humilde y silencioso.

Y también recordamos a Santa Margarita María de Alacoque, la vidente del Sagrado Corazón de Jesús, quien recibió de Cristo el llamado a reparar los pecados del mundo con amor, oración y penitencia. En un tiempo de frialdad espiritual, su testimonio nos recuerda que el Corazón de Jesús sigue latiendo por la humanidad entera, invitándonos a volver a Él.

Ambas santas, desde distintas vocaciones, nos conducen a la misma fuente: el amor misericordioso del Corazón de Cristo, que transforma y sana.

La justicia de Dios es misericordia que restaura, no condena. Agradece con humildad el perdón recibido y deja que el amor de Cristo renueve tu corazón, llenándolo de paz y esperanza. Como respuesta a esa gracia, reza hoy una decena del Rosario por los misioneros que anuncian al mundo la misericordia de Dios, para que su testimonio siga encendiendo la fe en los corazones.

En este mes del Santo Rosario y de las Misiones, dejémonos guiar por María, Madre de Misericordia, y por el Corazón de su Hijo. Que nuestra fe no se quede en palabras, sino que se traduzca en obras de amor.

Santa Eduviges y Santa Margarita María de Alacoque, rueguen por nosotros.
“El Corazón de Jesús es fuente de misericordia para quien se deja amar y perdonar.”

 

Pbro. Alfredo Uzcátegui.


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