28
MAY
2026

Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote



Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

Fiesta

Jueves 28 de mayo de 2026

La Iglesia celebra hoy una fiesta profundamente hermosa y llena de esperanza: la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. En medio de un mundo herido por la división, el cansancio espiritual y la pérdida de sentido, hoy contemplamos a Cristo que continúa ofreciendo su vida por amor, permaneciendo para siempre como el único Sacerdote de la Nueva Alianza.

No celebramos simplemente una función religiosa o un título honorífico. Celebramos el corazón sacerdotal de Jesucristo. Él es el Buen Pastor que no abandona a su pueblo, el Mediador entre Dios y la humanidad, el Cordero que se entrega libremente para la salvación del mundo y el Señor Resucitado que sigue intercediendo eternamente por nosotros ante el Padre.

La liturgia de hoy nos conduce directamente al misterio del amor redentor de Cristo, especialmente contemplado en la Eucaristía y en el sacerdocio ministerial que brota de su propio Corazón.

“Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre”

La carta a los Hebreos (Hb 10, 12-23) nos presenta una de las páginas más profundas sobre el sacerdocio de Cristo. El autor sagrado afirma que Jesús “ofreció por los pecados un solo sacrificio para siempre”.

El sacerdocio de Jesucristo no es pasajero ni imperfecto. No necesita repetirse continuamente porque su entrega en la Cruz fue perfecta, plena y definitiva. Cristo no ofreció animales ni cosas materiales; se ofreció a sí mismo.

Aquí encontramos una verdad fundamental para la vida cristiana: nuestra salvación no depende de nuestras fuerzas humanas, sino del amor fiel de Cristo que permanece eternamente.

Jesús continúa vivo. Continúa actuando. Continúa sosteniendo a su Iglesia. Continúa levantando al pecador arrepentido, fortaleciendo al cansado, consolando al enfermo y llamando nuevos sacerdotes para servir a su pueblo.

El texto de Hebreos nos invita además a acercarnos “con corazón sincero y llenos de fe”. Esta es una llamada urgente para nuestro tiempo. Muchas personas viven lejos de Dios porque piensan que no son dignas de acercarse a Él. Pero Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, abrió para nosotros un camino nuevo. Nadie está excluido de su misericordia.

“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”

El Salmo 39 responde hoy con una frase que resume toda la vida de Cristo:
“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

Estas palabras no son solamente una oración. Son el programa de vida de Jesús. Desde la Encarnación hasta la Cruz, Cristo vivió en total obediencia amorosa al Padre.

El verdadero sacerdocio nace siempre de esta actitud interior: disponibilidad para Dios y entrega generosa al prójimo.

Hoy la Iglesia necesita sacerdotes santos, pero también familias santas, jóvenes valientes y comunidades capaces de escuchar la voz de Dios. El sacerdocio no nace del prestigio humano ni de la búsqueda de poder. Nace del amor, de la oración y de la capacidad de decir cada día: “Aquí estoy”.

En medio de tantas incertidumbres, esta fiesta nos recuerda que Dios sigue llamando. El Señor no abandona a su Iglesia. Él continúa suscitando vocaciones sacerdotales y religiosas incluso en tiempos difíciles.

Por eso esta celebración es también una jornada de oración por los sacerdotes y por las vocaciones. La Iglesia necesita ministros llenos del Espíritu Santo, hombres de oración, cercanos al pueblo, enamorados de la Eucaristía y fieles al Evangelio.

“Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes”

El Evangelio según san Lucas (Lc 22, 14-20) nos lleva al Cenáculo, al momento sagrado de la Última Cena. Allí Jesús instituye la Eucaristía y el sacerdocio ministerial.

Cada palabra pronunciada por Cristo está llena de eternidad:

“Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes”.

La Eucaristía no es un simple recuerdo. Es Cristo vivo que permanece entre nosotros. Allí está el Sumo y Eterno Sacerdote ofreciendo continuamente su amor al Padre por la salvación del mundo.

Toda la vida de la Iglesia nace de la Eucaristía. Allí el sacerdote actúa “in persona Christi”, prestando su voz, sus manos y su vida para que Cristo siga alimentando a su pueblo.

Qué grande es el don del sacerdocio. Y qué importante es cuidar, acompañar y sostener espiritualmente a nuestros sacerdotes. Ellos también experimentan cansancio, luchas, incomprensiones y soledades. Necesitan oración, cercanía y afecto sincero del pueblo de Dios.

Hoy es un día providencial para agradecer por aquellos sacerdotes que han sido instrumentos de la gracia en nuestra vida: quienes nos bautizaron, nos confesaron, nos acompañaron en momentos difíciles o nos acercaron nuevamente a Dios.

Cristo sigue caminando con su Iglesia

En un tiempo donde muchos anuncian desesperanza, violencia y confusión, la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote nos recuerda que la última palabra la tiene el amor redentor de Dios.

Cristo sigue guiando a su Iglesia.

Sigue llamando.

Sigue sanando.

Sigue alimentando.

Sigue perdonando.

Sigue levantando hombres y mujeres capaces de vivir con generosidad y entrega.

La esperanza cristiana no es ingenuidad. Está fundada en Cristo Resucitado que permanece vivo y actúa en medio de la historia humana.

Cada vez que se celebra la Eucaristía, el cielo toca la tierra. Cada vez que un sacerdote perdona en el sacramento de la reconciliación, Cristo continúa derramando su misericordia. Cada vez que alguien responde generosamente a la vocación, el mundo recibe una nueva luz.

La enseñanza de los Padres de la Iglesia

Los Padres de la Iglesia contemplaron profundamente el sacerdocio de Cristo. San Juan Crisóstomo afirmaba que el sacerdocio es un misterio celestial vivido en la tierra, porque a través de él Cristo sigue santificando a su pueblo.

San Agustín enseñaba que Cristo es simultáneamente sacerdote, altar y víctima: sacerdote porque ofrece, altar porque reconcilia y víctima porque se entrega por amor.

La Tradición de la Iglesia siempre ha visto en la Eucaristía el centro de la vida cristiana y en el sacerdocio ministerial un servicio indispensable para la comunión y la santificación del Pueblo de Dios.

Tres mensajes de hoy

1. Jesucristo permanece eternamente como nuestro Sacerdote

Él no abandona a su pueblo. Intercede constantemente por nosotros y continúa ofreciéndonos salvación, misericordia y esperanza.

2. La Eucaristía es el corazón vivo de la Iglesia

Cada Santa Misa es encuentro real con Cristo que se entrega por amor. Allí encontramos fuerza para continuar caminando incluso en medio de las pruebas.

3. La Iglesia necesita orar por los sacerdotes y las vocaciones

Dios sigue llamando jóvenes generosos para servir a su pueblo. Debemos crear ambientes de fe, oración y amor donde las vocaciones puedan florecer.

Propósito para hoy

Dedicar unos minutos de oración por los sacerdotes, especialmente por aquellos que atraviesan momentos difíciles, y participar en la Eucaristía con mayor amor, conciencia y gratitud hacia Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

Que la Santísima Virgen María, Madre de los sacerdotes, acompañe a todos los ministros del altar y ayude a toda la Iglesia a permanecer fiel a Cristo, el único y eterno Sacerdote, fuente de nuestra esperanza y salvación.

Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial


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