26
ABR
2026

IV Domingo de Pascua – Domingo del Buen Pastor

IV Domingo de Pascua – Domingo del Buen Pastor


En este Domingo del Buen Pastor, damos gracias a Dios por el don de nuestros pastores, el padre Anel Sánchez, nuestro párroco, y el padre Alfredo, nuestro vicario parroquial.

Queridos padres, hoy la comunidad eleva una oración sincera por ustedes. Gracias por entregar su vida con generosidad, por guiarnos con paciencia, por enseñarnos con la Palabra y alimentarnos con la Eucaristía. En ustedes reconocemos el rostro cercano de Cristo, el Buen Pastor que no abandona a sus ovejas.

Pedimos al Señor que los fortalezca cada día, que renueve su alegría sacerdotal, que los sostenga en las pruebas y que los colme de su paz. Que el Espíritu Santo los ilumine siempre en sus decisiones y que la Santísima Virgen María los cubra con su manto maternal.

Oramos para que no solo sean buenos pastores, sino también santos pastores, según el corazón de Cristo: firmes en la fe, cercanos al pueblo, fieles en el amor.


IV Domingo de Pascua – Domingo del Buen Pastor

26 de abril de 2026

En este tiempo pascual, la Iglesia nos conduce a contemplar el corazón de Cristo resucitado desde una imagen profundamente cercana y llena de esperanza: Jesús, el Buen Pastor. No es una figura lejana ni simbólica únicamente; es una realidad viva que toca nuestra existencia concreta. Él camina delante de nosotros, nos conoce, nos llama por nuestro nombre y da la vida por sus ovejas.

Hoy, además, celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, un momento privilegiado para pedir al Señor que siga suscitando pastores según su corazón, y que todos los bautizados descubran su llamado particular en la Iglesia.

La Palabra de Dios ilumina nuestro camino

La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 2, 14a.36-41), nos presenta a Pedro proclamando con valentía: “Dios ha constituido Señor y Mesías a ese Jesús a quien ustedes han crucificado”. Este anuncio, sencillo pero lleno de poder, toca el corazón de quienes escuchan. La reacción es inmediata: conversión, bautismo y vida nueva.

Aquí descubrimos una verdad esencial: cuando el Buen Pastor habla a través de sus apóstoles, su voz no deja indiferente. Su palabra sana, interpela, transforma y abre caminos nuevos.

El Salmo 22 nos regala una de las expresiones más hermosas de confianza:
“El Señor es mi pastor, nada me falta”.
No es una frase poética sin contenido, es una certeza profunda. En medio de las dificultades, de los valles oscuros, de las incertidumbres del mundo actual, Dios no abandona a su pueblo. Él guía, alimenta y sostiene.

La segunda lectura (cf. 1 Pe 2, 20-25) nos recuerda que Cristo, el Buen Pastor, no solo guía: también sufre con nosotros y por nosotros. Él cargó con nuestros pecados, nos mostró el camino del amor paciente y nos enseñó a responder al mal con el bien. San Pedro lo expresa con claridad: “Por sus heridas han sido curados”. En Cristo encontramos no solo dirección, sino también sanación.

Finalmente, el Evangelio según san Juan (cf. Jn 10, 1-10) nos introduce en el corazón del mensaje de hoy. Jesús afirma:
“Yo soy la puerta de las ovejas… Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

Cristo no es un camino entre muchos: es la puerta, el acceso verdadero a la vida plena. Quien entra por Él encuentra seguridad, alimento y sentido.

Cristo, Buen Pastor: una presencia viva hoy

En un mundo marcado por la confusión, donde tantas voces prometen felicidad sin ofrecer verdad, la figura del Buen Pastor se vuelve más necesaria que nunca. Jesús no manipula, no impone, no engaña. Él llama, propone, espera… y ama hasta el extremo.

El Buen Pastor:

  • Conoce a sus ovejas: no somos un número, somos personas amadas.
  • Nos guía con paciencia: incluso cuando nos desviamos, Él sale a buscarnos.
  • Da la vida por nosotros: su amor no es teórico, es concreto y sacrificial.
  • Nos conduce a la plenitud: no a una vida mediocre, sino abundante.

Esta imagen nos invita también a revisar nuestra relación con Cristo:
¿Reconocemos su voz? ¿Le seguimos con confianza? ¿Permitimos que nos guíe realmente?

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

Este domingo tiene una dimensión muy concreta: orar por las vocaciones. La Iglesia necesita pastores según el corazón de Cristo, sacerdotes santos, religiosos entregados, familias generosas que sean semilleros de vocaciones.

Pero también es importante recordar: todos tenemos una vocación. No se trata solo del sacerdocio o la vida consagrada. Dios llama a cada persona a una misión única: en la familia, en el trabajo, en la sociedad.

Por eso, hoy es un día para pedir con insistencia:

  • Por los jóvenes, para que escuchen la voz de Dios sin miedo.
  • Por las familias, para que sean tierra fértil donde crezcan vocaciones.
  • Por los sacerdotes, para que sean fieles reflejos del Buen Pastor.
  • Por cada uno de nosotros, para que descubramos y vivamos nuestra vocación con alegría.

Tres mensajes de hoy

1. Cristo te conoce y te llama por tu nombre
No eres anónimo para Dios. Tu vida tiene valor, sentido y misión. Él te busca personalmente.

2. Solo en Jesús encontramos la vida verdadera
Las falsas promesas del mundo no llenan el corazón. Cristo es la puerta que conduce a la plenitud.

3. La vocación es respuesta al amor de Dios
Dios sigue llamando. Escuchar, discernir y responder es el camino de la felicidad auténtica.

Propósito para hoy

Hoy me comprometo a escuchar la voz del Buen Pastor en el silencio de la oración, y a rezar con fe por las vocaciones, especialmente por los sacerdotes y los jóvenes que Dios está llamando.

Una palabra final de esperanza

Cristo ha resucitado. No caminamos solos. El Buen Pastor va delante de nosotros, incluso cuando el camino parece incierto. Él abre puertas donde no las vemos, sostiene cuando faltan fuerzas y nos conduce hacia una vida plena y eterna.

Hoy, más que nunca, confiemos:  si el Señor es nuestro Pastor, nada nos faltará.


Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.

 


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