I. Virtudes Teologales: El alma del cristiano
Creer con el corazón: la virtud de la Fe
que ilumina la vida.
La fe no es ver, es confiar en quien nunca falla.
Virtud Teologal
La fe es la raíz de toda vida cristiana. Es el don que Dios siembra en el corazón para que podamos reconocer su presencia y confiar en su amor incluso cuando no lo vemos. Creer no significa tener todas las respuestas, sino apoyarse en la fidelidad de Aquel que nunca falla. Por eso decimos que la fe ilumina la vida: nos enseña a mirar más allá de las apariencias, a descubrir el sentido de las cosas con los ojos del alma y a caminar seguros, aun en medio de la oscuridad.
La Sagrada Escritura nos recuerda que “la fe es garantía de lo que se espera y certeza de lo que no se ve” (Heb 11,1). Esta virtud teologal nos une directamente con Dios y nos invita a poner en Él toda nuestra confianza. No nace del esfuerzo humano, sino de la gracia divina: es un regalo que crece cuando lo cultivamos con la oración, la escucha de la Palabra, la participación en los sacramentos y el testimonio cotidiano de nuestra vida.
San Agustín, gran maestro de la fe, escribió: “Crede ut intelligas, intellige ut credas” —“Cree para entender, entiende para creer”—. En estas palabras se revela la dinámica viva de la fe: no se trata de entender primero para creer, sino de creer para poder entender lo que el amor de Dios realiza en nosotros. Cuando abrimos el corazón, el Señor nos ilumina y nos guía paso a paso.
Vivir la fe es vivir confiando. Es saber que, aunque no veamos el final del camino, Dios camina a nuestro lado. Es tener la certeza de que el amor vence al miedo, la esperanza supera el dolor y la verdad triunfa sobre la duda. La fe no elimina los desafíos, pero nos da la fuerza para enfrentarlos con serenidad, porque el creyente no se apoya en sí mismo, sino en Dios.
Pensar:
La virtud de la fe es la fuerza interior que orienta nuestra libertad hacia el
bien y nos enseña a mirar la vida con los ojos de Dios.
Sentir: Dejemos que el Espíritu Santo modele en nosotros un corazón
confiado, valiente y esperanzado, capaz de reconocer la presencia del Señor en
cada acontecimiento.
Actuar: Hoy da un paso concreto hacia la vida virtuosa: confía en Dios,
ofrece tus dificultades, ora con sinceridad y actúa con amor. La fe se
fortalece cuando se vive, se proclama y se comparte.
La fe es la luz del alma y el fundamento de toda esperanza. Quien cree en Dios nunca camina solo, porque su vida está sostenida por la promesa de Aquel que dijo: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).
Vivamos, entonces, con fe viva, con corazón ardiente y con la mirada firme en Cristo, el Señor que nunca falla.
Fuentes consultadas
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared