Humildad:
el camino de los grandes del Evangelio.
La humildad abre las puertas del cielo porque deja espacio a Dios.
Virtud Humana.
La humildad es la virtud de los que conocen la verdad de sí mismos y la aceptan con serenidad. No es debilidad, sino la fuerza interior de quien ha aprendido a mirar la vida desde la verdad de Dios. En un mundo donde muchos buscan sobresalir, el Evangelio nos propone un camino distinto: “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Lc 14,11). Ser humilde no es negarse, sino saberse pequeño ante la grandeza divina y reconocer que todo don proviene de Él. La humildad hace libres, porque quien no vive para aparentar, vive en paz. Es el secreto de los santos, el rasgo de los grandes del Evangelio: María, que se llamó “la esclava del Señor”; José, el silencioso custodio de Jesús; Pedro, que lloró su fragilidad y amó con fidelidad; y el mismo Cristo, que “siendo de condición divina, se humilló a sí mismo” (Flp 2,6-8).
La humildad no consiste en pensar menos de uno mismo, sino en pensar menos en uno mismo. Brota de una conciencia madura de nuestra dependencia de Dios y de la necesidad de los demás. Nos permite aprender, pedir perdón, servir y agradecer. Cuando la humildad habita el alma, desaparece la soberbia y surge la caridad, porque el humilde no compite: coopera; no busca ser servido: sirve. Quien vive con humildad refleja el rostro de Cristo, manso y humilde de corazón, y convierte su vida en una presencia pacificadora en la familia, la comunidad y el mundo.
La humildad es el fundamento de toda virtud, porque nos pone en la verdad ante
Dios y ante los hermanos. Reconoce tus dones con gratitud y tus límites sin
miedo. Aprende a mirar al prójimo sin compararte, y deja que tu grandeza sea
amar. Practica hoy la humildad en lo cotidiano: escucha más, agradece sin
esperar nada a cambio y ofrece con sencillez lo que eres y tienes. Así
descubrirás que la verdadera grandeza se mide en el silencio del corazón que
sabe dejar espacio a Dios.
Libros consultados para la redacción del artículo:
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
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